Prohibido discriminar

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Pablo Martini


“Cuando hagas banquete llama a los pobres, los mancos, los cojos y los ciegos, y serás bienaventurado.” Lucas 14:13-14

Años atrás tuve la oportunidad de visitar Medio Oriente. Allí, cerca del Mar Muerto, en terreno israelí, las cuevas de Kumran son uno de los atractivos turísticos del lugar.

No lo es tanto por su paisaje hermoso ‒pues está en medio de un desierto‒, sino por su historia y tradición. Kumram era una comunidad judía del siglo primero que se había aislado de las influencias externas pues creían en la inminente llegada de su Mesías.

Estaba sumamente consagrada a una vida devocional, a los lavados ceremoniales y a un estricto cumplimiento de reglas de conducta. Documentos encontrados demuestran que estos Escenios prohibían la entrada a los cojos, a los ciegos y a los paralíticos.

Este principio se basaba en que todo aquel que tuviera una marca corporal estaba ceremonialmente contaminado. Incluso durante sus comidas comunitarias los discapacitados nunca aparecían en la lista de invitados. Es interesante que en esa misma época el Mesías de Israel llevaba a cabo su ministerio. Proclamando el reino de su Padre, daba enseñanzas, consuelo y hacía milagros.

Fue irónico que la filosofía de su visita a nuestro mundo se basó en palabras como las de consuelo y aceptación a los marginados. Este contraste entre las palabras de Jesús y la lista de invitados de la élite espiritual de Kumram nos deja varias enseñanzas.

¡No discriminemos! En un aspecto, todos, dice el apóstol Pablo, antes de conocer a Jesús éramos discapacitados espirituales, imposibilitados de reflejar la gloria de Dios.

Debemos mirar a los que “consideramos” como diferentes a nosotros o aun inferiores (dije “consideramos”, porque en realidad no lo son) con los mismos ojos de amor y misericordia que Jesús los miró. ¡No nos aislemos del mundo! El pedido del Señor en su oración intercesora fue: Padre: no te ruego que los quites del mundo. Debemos desear lo que Dios desea: Que todos los hombres sean salvos. ¡A predicar el evangelio de la restauración y el amor de Dios en Cristo, entonces! Es la única manera de encontrar felicidad verdadera.

Pensamiento del día:

Si tu vida no ofrece refugio al necesitado, es porque vives encerrado en “tu cueva”.

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