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¡Qué locura has hecho!

El primer rey de Israel, Saúl, se encontraba ante uno de sus primeros desafíos.

Debía organizar a su ejército para pelear contra uno mucho mayor en número, el de los filisteos. Ya acampados en la llanura de Gilgal y con el numeroso ejército enemigo en frente, debía buscar la bendición de Jehová antes de iniciar la batalla.

Esa responsabilidad le correspondía al profeta Samuel, pero Samuel no llegaba y el pueblo, asustado y cansado de esperar, se estaba regresando a sus casas antes que el enemigo atacare. Contagiado por la impaciencia y la falta de fe (que al fin y al cabo es lo mismo) Saúl toma la decisión de ser él quien oficie el acto de bendición y el ofrecimiento del holocausto antes de la batalla.

Todavía estaba crujiendo la carne de la víctima animal ofrecida sobre el altar, cuando Samuel llega: “¿Qué locura has hecho? Si hubieses esperado, Dios hubiese confirmado tu trono para siempre”. Saúl. Hombre influenciable. En otro evento similar conservó parte del botín que Dios había ordenado destruir, luego de la victoria contra los amalecitas, también por presión del pueblo.

Es que las presiones y las urgencias de la vida. Mayormente nos hacen tomar malas decisiones. Decisiones locas, como el mismo Samuel declaró.

Ahora soy yo el que te pregunto: ¿Qué locuras has hecho en tu vida por apresurarte?… Así, la muchacha, cansada de esperar el hombre de sus sueños que le proponga una vida mejor, se marcha del hogar ante la primera propuesta, solo para quedar indefensa., triste y sola al final.

Así, el padre de familia, el hombre del hogar, desempleado, cansado de golpear puertas y dejar carpetas de vida, decide quitarse la vida trayendo más dolor a su familia que queda desamparada.

Así, por la misma presión del grupo, el joven universitario cede ante la invitación de sus ¿amigos? A consumir drogas, solo para enterrarse tarde que se ha contagiado de Sida. Y la lista es interminable con casos de personas que han cometido locuras por no saber esperar y no saber decir que no.

Que no sea ese tu caso. Encomienda a Dios tu camino, y confía en Él, que Él obrará en tu favor.

Pensamiento del día:

Anda despacio. Más saben de caminos las tortugas que las liebres.

Pablo Martini