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Buda bajo el agua

Hace un año atrás el mundo se sorprendía con la siguiente noticia: Trabajos de renovación en un embalse de China sacaron a la luz una estatua de Buda de 600 años de antigüedad que hasta ahora estaba cubierta por el agua. Los arqueólogos creen que la talla, realizada sobre un acantilado, podría datar de la dinastía Ming (1368-1644).

Guam Zhiyong, representante del municipio de Hongmen, ha relatado a la agencia de noticias Xinhua que la estatua de Buda se construyó como un protector espiritual para calmar la corriente en un punto en el que convergen dos ríos y en que los barcos naufragaban con cierta frecuencia. La estatua supuestamente quedó sumergida en 1958, cuando empezó a construirse el embalse de Hongmen, también conocido como Lago Zuixian. (www.lanacion.com.ar)

Una imagen tallada más entre miles, recibe hoy la veneración de aquellos que han depositado su fe en ella. Desde el principio de los tiempos las culturas necesitaron corporizar de alguna manera a Dios. Las estatuas, los planetas, las figuras de animales míticos y la misma naturaleza siguen siendo en el presente, objeto de adoración. Esto responde a una necesidad común de todos los seres humanos: Creer y tener fe.

Acercar lo divino, hacia alguna forma de simbolización, ha sido el modo en el que las distintas sociedades terminaron apartándose de Dios, en vez de acercándose a Él.

Es por eso, que nuestro texto de hoy, identifica con la vergüenza a quienes apuestan su fe en las imágenes. Dios nos invita, depositar nuestra fe en Su Persona. Seguramente hay necesidades en tu espíritu que te llevan a buscar apoyo en alguien más allá de ti. La oferta idolátrica es abundante, variada y seductora. Pero cuida tu corazón y tus pensamientos.

No te confundas. Solo hay un Dios y un Mediador entre nosotros y Él, Jesús. Y no necesita ser desenterrado; porque no habita en ninguna tumba. Tu fe puede encontrar sentido si decides adorarle.

Pensamiento del día:

En la tumba de Mahoma están los restos de Mahoma, en la tumba de Buda están los restos de Buda. Solo Cristo dejó la tumba vacía al tercer día.

Pablo Martini