Otro poderoso gigante es la soledad. Casi a cualquier lugar donde dirijamos nuestra mirada encontramos personas solitarias. Millones de personas sufren de aislamiento, pensando que nadie les ama, o peor aun pensando que no tienen ningún valor. Personas así viven atormentadas porque se encuentran completamente solas en el mundo a pesar de que, probablemente tengan a mucha gente a su alrededor.

Alguien que trabaja con jóvenes ha dicho que probablemente un 95% de ellos se encuentra en un estado de soledad. Quizá esto explique el alto índice de suicidios entre la juventud. La soledad es un gigante terrible, puede hacer que nos sintamos tan miserables, deprimidos y desanimados que pensamos que lo mejor sería morir. Quizá valga la pena pensar en cómo una persona puede quedar atrapada en las temibles garras de ese gigante llamado soledad.

Existen varias puertas que este poderoso gigante utiliza para entrar a nuestra vida y arruinar nuestra existencia. La primera se llama rechazo. Si por algún motivo hemos sufrido algún tipo de rechazo en el pasado, es posible que sintamos que no valemos nada, lo cual nos conducirá al desconsuelo y a la autocompasión. Con una mentalidad así, evitaremos el contacto con la gente para evitar el tan temido rechazo. La soledad, aunque sea dolorosa será una especie de autoprotección para evitar mayores heridas.

La segunda puerta por donde puede entrar el gigante de la soledad se llama burla. Si alguien se burla de nosotros, ya sea de lo que somos, de lo que hacemos o de lo que decimos, nos sentiremos profundamente heridos en nuestro amor propio. Para evitar seguir siendo heridos echaremos mano de la soledad como mecanismo de autodefensa. Los padres somos muy propensos a burlarnos de nuestros hijos. Al hacerlo estamos abriendo una gran brecha en su amor propio, por la cual perfectamente podría entrar el gigante de la soledad.

La tercera puerta por la cual puede entrar el gigante de la soledad es la separación. Un cambio de casa nos puede separar de nuestros mejores amigos y potencialmente nos puede sumir en la soledad. La muerte de un familiar puede separarnos de la persona que tanto hemos amado y arrojarnos a una terrible soledad. Un divorcio puede separar a dos personas que han estado juntas por años y conducir al profundo abismo de la soledad.

La cuarta puerta por la cual puede penetrar el gigante de la soledad a nuestra vida es el pecado no confesado. Un pecado no confesado crea un fuerte sentimiento de culpa.

En el huerto de Edén, la desobediencia no sólo erigió una barrera entre Dios y el hombre, sino entre el hombre y su mujer. Una vez que cayeron en pecado se convirtieron en seres egoístas y corruptos. Su maldad creció a partir de ese acto y continuó separándolos. El pecado separa, aísla, conduce a la soledad. Si la soledad ya ha entrado a tu vida, debes haber atravesado por alguna de estas puertas. Pero en realidad, lo que más te interesa es saber cómo sacar a ese poderoso gigante de tu vida.

Bueno, permíteme sugerir estas ideas. Primero, establece o fortalece tu relación personal con Dios. Si no eres creyente, estás separado de Dios y eso puede ser la fuente de tu soledad. Pero Cristo murió en la cruz del Calvario para que no continúes separado de Dios. Si quieres estar unido a Dios, lo único que debe hacer es recibir a Cristo como tu Salvador.

Si tú ya tienes a Cristo como tu Salvador y aún así sigues sintiéndote solo, necesitas fortalecer tu comunión con el Señor. A lo mejor existe algún pecado no confesado en tu vida. Algo que solamente tú y Dios saben. Si ese es el caso, confiesa ese pecado al Señor y apártate. A lo mejor sientes amargura contra los que te han rechazado o contra los que se han burlado de ti, o aún contra Dios por haber permitido cosas que te han causado tanto dolor. Si es así, decídete a perdonar a los que te han causado daño y si tu amargura es contra Dios, recuerda que él no puede fallar. Si Dios permitió aquello que te ha causado tanto sufrimiento es porque, de alguna manera que tal vez no puedas entender por ahora, eso es para tu propio bien.

Segundo, procura establecer relaciones significativas con otros. ¿Por qué no puedes hacer amistades con facilidad? Quizá estás ahuyentando a otros por tus actitudes y acciones. Nadie desea relacionarse con una persona amargada, enojada, egoísta y centrada en sí misma. Evalúa cuáles son tus motivaciones a la hora de entablar una amistad con alguien. ¿Buscas amistad para obtener algún provecho personal? Si es así, estás mal motivado y eso puede ser la causa de tu soledad. La amistad no es para sacar algo sino para dar algo. Tener amigos significa correr riesgos, como vernos traicionados o desilusionados, pero no hay otra manera de disfrutar de sus recompensas. Debemos estar listos a tender puentes de amistad y caminar sobre ellos confiadamente.

Tercero, identifica si tu soledad está de alguna manera relacionada con la amargura. Si has sido lastimado de alguna manera en el pasado, probablemente no desees arriesgarte buscando otra amistad. Pero si persistes en actuar de esta forma negativa, estarás impidiendo el proceso sanador que necesita llevarse a cabo. Si continúas abrigando tus resentimientos, quedarás incapacitado para actuar con honestidad y llenar tus vacíos sociales. Confiesa este sentimiento a Dios y confía en que él permitirá que tengas buenas relaciones con otros.

Cuarto, no te abandones a la autocompasión. Si te pasas la vida sintiendo lástima de ti mismo, nunca saldrás de tu soledad. Entre más tiempo te pases lamentando tu desdicha, más profundas se harán tus heridas emocionales. La autocompasión es el recurso de los débiles. Deja de mirar hacia el pasado. Cúbrelo con la sangre de Cristo y mira el futuro con esperanza.

Quinto, evita recluirte en la soledad. Si eres una persona con tendencia a la soledad, minimiza el tiempo que pasas solo o sola. Busca la comunión con otras personas. Aunque tus emociones te aconsejen quedarte en cama todo el día, no te dejes dominar de este sentimiento. Fortalécete en el Señor y busca la compañía de otros.

Sexto, busca maneras de ayudar a otros. No hay mejor terapia para salir de la soledad que el ocuparse en el servicio a otros. Cuando estes sirviendo a otros, dejarás de mirarte a ti mismo y estarás forzándote a poner tu mirada sobre otros. Esto te ayudará a vencer tu soledad.

Séptimo, busca promesas en la palabra del Señor que te motiven mirar a Dios como un ser personal, interesado aún en los detalles más insignificantes de tu vida. Si Dios conoce aun el número de cabellos de nuestra cabeza, ciertamente que nuestra soledad no le será desconocida. La palabra infalible de Dios te mostrará que en realidad no estás solo o sola, a pesar que así lo sientas.

Nota por ejemplo lo que dice la palabra del Señor en relación con su pueblo escogido Israel. Isaías 43:1-5 dice: Ahora, así dice Jehová, Creador tuyo, oh Jacob, y Formador tuyo, oh Israel:  No temas, porque yo te redimí; te puse nombre, mío eres tú. Cuando pases por las aguas, yo estaré contigo; y si por los ríos, no te anegarán.  Cuando pases por el fuego, no te quemarás, ni la llama arderá en ti. Porque yo Jehová, Dios tuyo, el Santo de Israel, soy tu Salvador; a Egipto he dado por tu rescate, a Etiopía y a Seba por ti. Porque a mis ojos fuiste de gran estima, fuiste honorable, y yo te amé; daré, pues, hombres por ti, y naciones por tu vida. No temas, porque yo estoy contigo; del oriente traeré tu generación, y del occidente te recogeré.

Si Dios cuida así de su pueblo, ¿Piensa que hará con nosotros que somos sus hijos? Que Dios te bendiga

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