La verdad no puedo entender lo insensibles que podemos llegar a ser. Alguien está pasando por pruebas o dificultades ya sea su culpa o no, pero está en medio de un intenso dolor y nos ponemos en el papel de jueces diciendo: “ahora tú también sufres, ¿a ver qué haces?” solemos ser realmente crueles y no podemos percibir la magnitud de nuestras palabras hasta que estemos en una situación similar. Ninguna tragedia se puede comparar, no hay recetas, no existen planes de contención, sólo hipótesis o una leve idea de lo que podría ayudar al que sufre, porque cada situación es única y cada individuo reacciona de forma diferente. Pero sí hay una constante: “los que critican y sermonean”.

Una de las cosas que tuve que arrepentirme en mi vida cuando pasé por tribulaciones fue de haber sido inflexible e incomprensivo con los que sufrían, yo los juzgué y los abrumé con sermones, pero no los acompañé en medio del dolor. No importa cuánto sepas o cuánto tiempo hayas pasado en los caminos de Dios, cuando estás en tribulación es tu nuevo momento y todo lo que sabes y has aconsejado a otros ahora no sirve, tienes que aprender lo que Dios quiere enseñarte en ese momento. No puedes exigir que se levante y deje de llorar, que ya no sufra porque aún no ha terminado este desierto. Es un camino doloroso pero vas a superarlo, las fuerzas de Dios no se acaban, es más comienzan a actuar cuando las tuyas se acaban. Así que ¡Ánimo! No vas a caer y quedarte solo, Dios y nosotros estamos a tu lado. Busca a un amigo y tomen un café con Dios aun en medio de las pruebas.

¿Te sientes incomprendido?

¿Mides tus palabras para aconsejar a otros?

Si no puedes controlar tu lengua es mejor que estés callado.

 

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