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23. La transfiguración.  (Haz click y descarga el texto)

¡Había ocurrido la transfiguración! Fue como si se hubiera retirado la cortina de humanidad de la persona del Señor Jesús, para poder observar su gloriosa deidad. ¡Qué espectáculo habrá sido ese! Lucas dice que la apariencia de su rostro se hizo otra, su vestido blanco y resplandeciente.

Mientras Jesús estaba físicamente en este mundo, en una ocasión dejó mirar la gloria de su persona a tres de sus discípulos. Note lo que ellos vieron. Mateo 17:2 dice: “y se transfiguró delante de ellos, y resplandeció su rostro como el sol, y sus vestidos se hicieron blancos como la luz.” El Pastor Ron Moore explora esta experiencia transformadora en las vidas de tres discípulos acobardados.

Estamos involucrados en una serie sobre la vida de Jesús y hoy consideraremos la historia de la transfiguración, este es el evento cuando Jesús cambio su aspecto delante de tres de sus discípulos. Esta es una historia asombrosa, pero además esta es la historia que confirma el gran sacrificio de Jesús.

Lucas 9:28-31 dice, “Aconteció como ocho días después de estas palabras, que tomó a Pedro, a Juan y a Jacobo, y subió al monte a orar”. Una vez más se observa lo que era práctica común en la vida del Señor Jesús, «la oración». A pesar de la febril actividad, el Señor Jesús dio suprema importancia a la oración. Gran ejemplo para nosotros sus seguidores, que casi siempre encontramos justificativos para no orar o para orar superficialmente. Cuando se ora con fe, como lo hacía el Señor Jesús, cosas asombrosas suceden. Esto es tan cierto en la vida del Señor Jesús como en la vida de cualquiera de sus seguidores. Pedro, Juan y Jacobo deben haber quedado absortos al ver con sus propios ojos que mientras oraba, la apariencia del Señor Jesús se hizo otra. ¡Había ocurrido la transfiguración!

La transfiguración nos lleva a una verdad profunda sobre el sufrimiento de Jesús. Mira el verso 3 de Mateo 17, “Y he aquí les aparecieron Moisés y Elías, hablando con Él” ¿De qué crees que estaban hablando ellos? Bueno, Lucas nos da la respuesta a esta pregunta cuando escribe su evangelio, “y hablaban de su partida, que iba Jesús a cumplir en Jerusalén”. (Lucas 9:31) Moisés y Elías hablaban con Jesús sobre la cruz, están de pie junto a Él y Jesús los envuelve en su Glorioso esplendor.

Imagina esta imagen, Moisés, Elías y Jesús hablando juntos, rodeados de una luz indescriptible, y ahora, imagina a Jesús golpeado y crucificado en el calvario, ¡qué contraste!, ¿verdad? Los discípulos le habían oído hablar de esto al calor de una fogata, o sentado sobre una roca, o reclinado junto a un árbol. Pero allí, en la montaña, el esplendor de su Gloria hablaba de sus sufrimientos con Moisés y Elías, el sufrimiento no era nada nuevo para Él. El Antiguo Pacto y el Nuevo Pacto no estaban separados, mas bien, se habían conectado. El dador de la ley hablaba con Él que daría cumplimiento a toda la ley. Quien nunca rompió la ley moriría por aquellos que no podían vivir sin romperla.

El profeta Elías estaba hablando con quien daría cumplimiento a todas las profecías, estaba hablando con su Salvador, y no puedo dejar de pensar en lo agradecido que estaría con Jesús por lo que Él iba a hacer, y entonces lo alentaba. Los discípulos miraban todo esto, la Gloria en una mano y la agonía de la cruz en la otra.

La palabra “partida” es la traducción de la palabra griega “éxodos” Así como Moisés fue el instrumento para que el pueblo de Israel tenga su éxodo de la esclavitud, en Egipto, hacia la tierra prometida, y así como Elías fue el instrumento para que el pueblo de Israel tenga su éxodo de la adoración a Baal hacia la adoración al Dios verdadero, el Señor Jesús también es el instrumento para que todo aquel que en Él cree, tenga su éxodo de la condenación eterna que pende sobre todo pecador, hacia el perdón eterno de pecado. ¡Qué maravilla!

La transfiguración también nos brinda la prueba innegable de la vida eterna. ¿Alguna vez te has preguntado si todo esto es cierto? Es una pregunta que de vez en cuando nos hacemos, especialmente cuando el dolor de la pérdida de un ser querido nos agobia. Pues bien, Jesús les dijo a sus discípulos “el que cree en mí, aunque esté [¿que?] muerto, vivirá”. Y los discípulos lo escuchaban y esperaban que esto sea verdad.

En esta montaña también había pruebas de vida eterna, Moisés había muerto hace 1500 años, y 900 años antes, Elías había sido arrebatado en un torbellino sobre un carro de fuego, pero aquí estaban, evidentemente vivos, hablando con Jesús. Estos héroes del pasado estaban en carne y hueso, sobre la montaña, eran reales y eran la prueba viva de la vida eterna. Sé que muchos de ustedes han perdido a seres queridos, los años pasados y otros, han sufrido la perdida de seres amados este año, sólo quiero recordarles que, si sus amados conocían a Jesús, hoy están más vivos que nunca, ellos están con su Salvador, no están flotando en las nubes y tocando música con arpas, esto sería aburrido de todas maneras ¿verdad? Ellos están haciendo lo que Dios quiere que hagan sus hijos, el cielo va a ser un lugar increíble, donde nos reuniremos con nuestros seres amados, pero, aun eso quedará en segundo plano, porque allí nos reuniremos con Jesús, nuestro Salvador.

La transfiguración nos brinda la prueba innegable de la vida eterna y también confirma el gran sacrificio de Jesús, mira el capítulo 17 verso 9, “Cuando descendieron del monte, Jesús les mandó, diciendo: No digáis a nadie la visión, hasta que el Hijo del Hombre resucite de los muertos”. Una vez más te pregunto ¿Por qué Jesús hace esto?

Porque Jesús no quiere que la gente crea en Él por las razones equivocadas. No quiere que la gente diga; “mi confianza está en Él porque se transfiguró” No quiere que la gente diga; “mi confianza está en Él porque convirtió el agua en vino” “mi confianza está en Él porque puede resucitar a los muertos” “Él es quien puede hacer milagros o puede alimentar a miles con sólo un poco de comida” todas estas son señales y milagros impresionantes y son cosas en las que podemos confiar, pero lo realmente importante es su sacrificio en la cruz y Jesús quiere estar seguro de que la gente confié en Él a causa de la cruz.

De modo que ¿por qué deberíamos confiar en Jesús? Mira el versículo 10, “Entonces sus discípulos le preguntaron, diciendo: ¿Por qué, pues, dicen los escribas que es necesario que Elías venga primero? Respondiendo Jesús, les dijo: A la verdad, Elías viene primero, y restaurará todas las cosas. Mas os digo que Elías ya vino, y no le conocieron, sino que hicieron con él todo lo que quisieron; así también el Hijo del Hombre padecerá de ellos”. (Mateo 17:10-12) Aquí Jesús estaba hablando de Juan el Bautista y lo vemos en el siguiente versículo, Jesús había llamado a Juan el nuevo Elías, Juan el Bautista había venido para preparar el camino para Él y lo mataron al igual que lo iban a hacer con Jesús.

La transfiguración confirma el gran sacrificio de Jesús, pero también hay algo más, en este pasaje donde Jesús permite que su Deidad sea conocida, también vemos la tremenda humildad de Jesús, Él se ha transfigurado, Moisés y Elías están hablando con Él, la voz de Dios ha sido escuchada, sus discípulos están asustados, pero su cuerpo vuelve a la normalidad y Él retoma su camino hacia la cruz. Ahora mira el verso 7, “Entonces Jesús se acercó y los tocó, y dijo: Levantaos, y no temáis”. Y cuando ellos abren sus ojos ¿qué vieron? Una cara familiar, a nadie más sino a Jesús, ¡Que imagen esta! El Creador del Universo, inclinándose para hablar con sus discípulos, diciéndoles: “Levantaos, y no temáis”. Y entonces ¿qué hace? Regresa, camino abajo y responde a todas las preguntas que ellos le hacen. Fue una gran experiencia la que Pedro, Juan y Jacobo acababan de tener, pero era necesario bajar del monte para cumplir con lo que el Señor Jesús tenga que decirles.

Moisés hizo lo suyo, Elías hizo lo suyo, el Señor Jesús estaba por hacer lo suyo. La responsabilidad de Pedro, Juan y Jacobo era oír lo que el Señor Jesús estaba por decir y obedecer. El relato termina con lo que tenemos en Lucas 9:36. La Biblia dice: Y cuando cesó la voz, Jesús fue hallado solo; y ellos callaron, y por aquellos días no dijeron nada a nadie de lo que habían visto. La voz del Padre desde la nube cesó y todo volvió a la normalidad. El Señor Jesús estaba solo y como lo conocían siempre. La grandiosa experiencia terminó. Pedro, Juan y Jacobo no dijeron a nadie nada de lo que habían visto, tal vez obedeciendo la palabra del Señor Jesús, cuando antes de subir al monte les dijo que, a nadie dijesen que el Señor Jesús es el Cristo, el Mesías.

Que preciosa imagen de la humildad de Jesús, no sé por lo que tu estas pasando hoy, puedes estar atravesando situaciones muy difíciles en tu vida. De la misma manera que a los discípulos, el miedo puede paralizarnos, entonces llega Jesús y sentimos ese toque familiar que nos dice: “Levantaos, y no temáis”.

Es necesario reconocer que, por estar en Cristo, los que somos salvos, somos amados del Padre y por ser amados del Padre, nuestra responsabilidad es oír, en el sentido de hacer, todo lo que el Señor Jesús nos ordene en su palabra. ¿Lo estamos haciendo?

Este hombre fue sanado, su curación ha cambiado su semblante, él es una persona nueva, él dijo, no puedo responder a sus preguntas, pero esto es lo que sé, yo era ciego, pero ahora puedo ver.

Esperamos que puedas acompañarnos en esta apasionante serie sobre la vida de Jesús y conocer más sobre sus planes de victoria sobre tu vida. Bendiciones

Presentado por
La Biblia Dice...

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