Lamentablemente, como aquel hombre que fue socorrido por el buen samaritano, muchos han caído en manos de ladrones y salteadores. Estos ladrones y salteadores, no necesariamente están interesados en despojar los bienes materiales, aunque eso es posible, sino más bien están interesados en robarle su gozo, su seguridad, su confianza en la palabra de Dios. Ud. nos pregunta qué hacer. Bueno, si Ud. supiera que algunas personas están tratando de despojarle de algo de mucho valor, ¿se prestaría para ello? Dudo que lo hiciera. Estoy seguro que más bien huiría lo más lejos posible de ellos. Esto sería lo sensato. Pues, lo mismo tendría que hacer con aquellos que tratan de robar su firmeza en la sana doctrina. Eso es lo que aconseja la palabra de Dios.

2ª Juan vs. 7-11 dice: «porque muchos engañadores han salido por el mundo, que no confiesan que Jesucristo ha venido en carne. Quien esto hace es el engañador y el anticristo. Mirad por vosotros mismos, para que no perdáis el fruto de vuestro trabajo, sino que recibáis galardón completo. Cualquiera que se extravía, y no persevera en la doctrina de Cristo, no tiene a Dios, el que persevera en la doctrina de Cristo, ése sí tiene al padre y al Hijo. Si alguno viene a vosotros, y no trae esta doctrina, no lo recibáis en casa, ni le digáis ¡Bienvenido! porque el que le dice: ¡Bienvenido! participa en sus malas obras»

El mundo está lleno de engañadores. Cada maestro de las miles de sectas falsas que existen en el mundo es un engañador. Y muchos de estos engañadores usan la Biblia como anzuelo para atrapar a sus víctimas. Estos engañadores no vienen a tocar la puerta de su casa diciendo: Soy un falso maestro que vengo a robar su firmeza en la sana doctrina. No, todo lo contrario. Vienen con su aire de seudo piedad. Le saludan muy amablemente y se hacen invitar a pasar a su casa, allí adentro le hablan de cosas loables, de cómo la moral está por los suelos, de cómo evitar que ello suceda y luego lanzan el anzuelo con la mortal carnada. Con un aire de inocencia, le preguntan si quisiera estudiar la Biblia con ellos.

Como Ud. a lo mejor está realmente interesado en conocer más de la Biblia, Ud. muerde el anzuelo y así es arrastrado hacia su propia destrucción. En el “estudio bíblico”, no se estudiará la Biblia, la Biblia será lo último que se abre, si alguna vez se la abre. Lo que se estudiará es el libro de fulano o la visión de mengano o la enseñanza de perencejo.

En otras palabras, Ud. se verá forzado a asimilar la doctrina de alguna secta falsa. Ud. oirá cosas absurdas. Que la trinidad no existe, que el infierno no existe, que Jesucristo no es Dios que el cielo es para unos cuantos contados y quien sabe qué más.

Lo prudente para evitar caer en manos de los engañadores y preguntar: ¿Qué piensa Ud. de Cristo? Si la respuesta no es: El es Dios, que se hizo carne para morir en lugar del pecador y luego resucitar de los muertos, entonces Ud. a lo mejor está hablando con un engañador.

¿Cómo tratar a un engañador? Lo que hemos leído responde a esta pregunta. No debemos ni saludarle. A esto se refiere el texto cuando dice: “No le digáis bienvenido.” peor aún hacerle pasar a la casa. No lo recibáis en casa, dice el texto. Si lo hacemos estamos participando de las malas obras de los engañadores. Esto es algo muy serio.

Así que, lo que Ud. debería hacer es inmediatamente dejar de asistir a estos famosos estudios bíblicos con los miembros de aquella secta. Mejor busque una iglesia donde pueda conocer más de la Biblia y donde pueda ser motivado a crecer espiritualmente. No permita que le dejen medio muerto a la vera del camino, así como los ladrones y salteadores dejaron al hombre de la parábola del buen samaritano.