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Espejo, lámpara y escoba

Tres figuras bastante gráficas para referirse al ministerio que desempeña la Palabra de Dios en nuestras vidas, veamos. La Biblia es un espejo, lo dice el apóstol Santiago: “El que escucha la palabra pero no la pone en práctica es como el que se mira el rostro en un espejo y, después de mirarse, se va y se olvida enseguida de cómo es.” Santiago 1:23-24. Así, cada vez que nos enfrentamos ante la “perfecta ley”, queda en evidencia nuestras imperfecciones y nos queda la resolución de corregirlas con la asistencia de su Espíritu o salir a la calle para enfrentar el día, igual de desprolijos.

En segundo lugar la Biblia es también una lámpara: “Tu palabra es una lámpara a mis pies; es una luz en mi sendero.” (Salmo 119:105) Alumbra las decisiones cotidianas, como una lámpara a mis pies, y también mis decisiones a largo plazo, aquellas que pueden llegar a cambiar mi vida, pues es como una lumbrera a mi largo camino.

En tercer lugar es una escoba: “¿Con qué limpiará el joven su camino?… Con guardar su Palabra”. (Salmo 119:9) Seguramente podrás encontrar más símiles a lo largo de la Biblia, pero todos apuntan al hecho de hacernos reaccionar ante la utilidad de este libro vivo, legado de Dios a la humanidad como ningún otro.

Se deduce, pues que si no cultivo una disciplina ordenada respecto a la lectura diaria andaré por la vida con el alma despeinada y el corazón sucio. También perderé el rumbo cada vez que me lance a un nuevo proyecto de vida por andar a oscuras y a tientas. En último lugar tropezaré vez tras vez por andar en un camino lleno de obstáculos que no fueron barridos y sólo lograré retrasarme en la carrera.

Tal vez te parecerá que no funciona, que lees y nada sucede. Pero puedes creerme que nunca sales igual después de que la Biblia pasa por tu vida. Una mujer acudió a su pastor con la misma queja. “Junte agua con su canasta” le dijo a la señora. “Imposible, pastor, es de mimbre, no retiene nada.” “Igual junte agua”. Luego de varios infructuosos intentos observó que al final la canasta seguía vacía, pero limpia. Eso es lo que sucede en tu vida cada vez que la Biblia pasa.

Pensamiento del día:

Si desestimas la Biblia en esta vida ella misma te condenará en la eternidad.

Pablo Martini