Bienvenida, bienvenido al estudio bíblico de hoy. Dentro de la serie titulada: “La Vida Auténticamente Cristiana” vamos a tratar el asunto de cómo vencer las tentaciones. En instantes más estará con nosotros David Logacho guiándonos en el estudio de este interesante tema.

Así como las pruebas son parte de la vida cristiana, las tentaciones también son parte de la vida cristiana.

Al hablar de tentaciones nos estamos refiriendo a la incitación al mal, o a la insinuación a pecar, que proviene básicamente de tres fuentes.

La primera, es lo que la Biblia llama el mundo. No se refiere ni al globo terrestre, ni a la gente que lo habita, sino al invisible sistema espiritual de maldad controlado por Satanás y sus demonios y todo lo que ofrece en oposición a la persona de Dios, la palabra de Dios y el pueblo de Dios.

Es el ambiente en el cual no hay cabida para las cosas que tienen que ver con Dios. Puede ser la política, la economía, el arte, el entretenimiento, los deportes, el cine, la televisión, los negocios y tantas otras cosas más. Pero no me mal entienda. No estoy diciendo que todas estas actividades sean intrínsecamente malas. Son malas en la medida que estén al servicio de Satanás y sus demonios.

Cuando eso pasa, son una fuente de tentación para el creyente. La Biblia nos habla de esta fuente de tentación en 1ª Juan 2:15-17 donde dice: “No améis al mundo, ni las cosas que están en el mundo. Si alguno ama al mundo, el amor del Padre no está en él. Porque todo lo que hay en el mundo, los deseos de la carne, los deseos de los ojos, y la vanagloria de la vida, no proviene del Padre, sino del mundo. Y el mundo pasa, y sus deseos; pero el que hace la voluntad de Dios permanece para siempre.”

El mundo se presenta como algo tan atractivo, tan deslumbrante, tan acogedor. Apela a los deseos de la carne, a los deseos de los ojos y a la vanagloria de la vida. Es la táctica de Satanás y sus demonios para atrapar a un creyente y anularlo en cuanto a poder ser utilizado por Dios.

La segunda fuente de tentación para el creyente es la carne. Cuando hablamos de carne, no nos estamos refiriendo a lo que se compra en la carnicería, ni a los músculos que son parte del cuerpo humano. Nos estamos refiriendo a la tendencia natural del ser humano hacia el pecado.

Los incrédulos no tienen poder para dominar esta tendencia y por eso se entregan con facilidad a todo tipo de pecado. Pero los creyentes tenemos poder para dominar esta tendencia. Sin embargo, esta tendencia todavía está presente en los creyentes, es la vieja naturaleza, o el viejo hombre, y lo estará mientras estemos en este mundo. Esa tendencia de la vieja naturaleza hacia el pecado, se lo conoce también como la concupiscencia.

De esto nos habla Santiago 1:13-15 dice: “Cuando alguno es tentado, no diga que es tentado de parte de Dios; porque Dios no puede ser tentado por el mal, ni él tienta a nadie; sino que cada uno es tentado, cuando de su propia concupiscencia es atraído y seducido. Entonces la concupiscencia, después que ha concebido, da a luz el pecado; y el pecado, siendo consumado, da a luz la muerte.”

Así que, la carne o nuestra vieja naturaleza, o la concupiscencia, son otra fuente poderosa de tentación para el creyente.

La tercera fuente de tentación para el creyente es Satanás. Este siniestro personaje estuvo muy activo tratando de descalificar a nuestro amado Salvador en el desierto.

Marcos 1:13 dice: “Y estuvo allí en el desierto cuarenta días, y era tentado por Satanás, y estaba con las fieras; y los ángeles le servían.”

La tentación entonces es la incitación al mal, puede provenir del mundo, o de la carne, o del diablo. Ningún creyente está libre de ser tentado. Por tanto, ser tentado no es pecado. Mientras estemos en este mundo, seremos blanco de la tentación, no importa cuán espirituales seamos, no importa cuánto sepamos de la Biblia, no importa cuan involucrados estemos en la obra del Señor. La tentación es inevitable.

Se atribuye a Martín Lutero la comparación entre las tentaciones y las aves de los cielos. No podemos evitar que las aves de los cielos vuelen por sobre nuestras cabezas, pero sí podemos evitar que hagan sus nidos en nuestras cabezas.

De igual manera, no podemos evitar que las tentaciones vuelen por sobre nuestras cabezas, pero sí podemos evitar que hagan sus nidos en nuestras cabezas.

Como creyentes debemos evitar caer en las tentaciones. Es otra característica de la vida auténticamente cristiana.

¿Cómo evitar caer en tentación? Permítame compartir con Usted cinco pasos que nos garantizan victoria sobre las tentaciones.

Primero, una comunión fuerte con Dios a través de su palabra y la oración. Salmo 119: 9 y 11 dice: “¿Con qué limpiará el joven su camino? Con guardar tu palabra. En mi corazón he guardado tus dichos, para no pecar contra ti.”

La palabra de Dios guardada en el corazón es un gran aliado para vencer la tentación. Jesús lo probó durante las tres veces que fue tentado por el diablo en el desierto. Cada tentación fue derrotada citando la palabra de Dios que previamente había sido guardada en su corazón. Además de la palabra de Dios, se necesita de la oración.

Cuando Jesús encontró dormidos a algunos discípulos, poco antes de ser arrestado para ser crucificado, les dijo algo muy ilustrativo acerca de la oración. Lo tenemos en Marcos 14:37-38 donde dice: “Vino luego y los halló durmiendo; y dijo a Pedro: Simón, ¿duermes? ¿No has podido velar una hora? Velad y orad, para que no entréis en tentación; el espíritu a la verdad está dispuesto, pero la carne es débil.”

De modo que si queremos vencer la tentación, tenemos que comenzar por mejorar nuestra comunión con Dios a través de su palabra y la oración.

El segundo paso, es apropiarnos de las promesas de Dios. La Biblia habla de que jamás vamos a ser tentados más allá de lo que podemos resistir.

1ª Corintios 10:13 dice: “No os ha sobrevenido ninguna tentación que no sea humana; pero fiel es Dios, que no os dejará ser tentados más de lo que podéis resistir, sino que dará también juntamente con la tentación la salida, para que podáis soportar.”

Muchos creyentes justifican su error de caer en la tentación afirmando que la tentación fue tan fuerte que simplemente no pudieron resistir. Pero esto es falso. La palabra de Dios garantiza que ningún creyente va a ser tentado más allá de lo que puede resistir. Si Usted enfrenta cualquier tentación, debe saber que esa tentación está dentro de lo que puede resistir y por tanto puede salir victorioso de ella. No existe justificación válida para que un creyente caiga en tentación.

El tercer paso es huir de las tentaciones de tipo sexual. Eso es lo que aconseja la palabra de Dios.

Mire lo que dice 2ª Timoteo 2:22 “Huye también de las pasiones juveniles, y sigue la justicia, la fe, el amor y la paz, con los que de corazón limpio invocan al Señor.”

La misma idea aparece en 1ª Corintios 6:18 donde dice: “Huid de la fornicación. Cualquier otro pecado que el hombre cometa, está fuera del cuerpo; mas el que fornica, contra su propio cuerpo peca.”

Las tentaciones de índole sexual merecen un trato diferente al del resto de tentaciones. Cuando se presentan, no podemos quedarnos allí para hacerlas frente. Lo prudente es huir, correr lo más lejos posible de ellas. No olvide este consejo. Es bíblico. Mejor que se diga: Aquí huyó, que: aquí cayó. David enfrentó una tentación en el área sexual y en lugar de huir se quedó allí. No pasó mucho tiempo hasta que cayó en adulterio con Betsabé. En cambio, José enfrentó una tentación en el área sexual y huyó, inclusive dejando su ropa en manos de la mujer que le sedujo. Perdió la ropa pero venció la tentación.

El cuarto paso es resistir a Satanás.

Santiago 4:7 dice: “Someteos, pues, a Dios; resistid al diablo, y huirá de vosotros.”

No olvide que una de las posibles fuentes de tentación es el diablo. La responsabilidad del creyente es resistir al diablo. Para ello es necesario primeramente someterse a Dios. Esto significa tener una comunión estrecha con él, en el estudio de su palabra y en la oración. Se ha dicho que Satanás tiembla ante el más insignificante creyente que está de rodillas orando.

Significa también obedecer todo lo que Dios dice en su palabra. Solo así podremos resistir al diablo. De otra manera, el diablo se reirá de nuestro intento de resistirle.

Lo mismo aparece en 1ª Pedro 5:8-9 donde dice: “Sed sobrios, y velad; porque vuestro adversario el diablo, como león rugiente, anda alrededor buscando a quien devorar; al cual resistid firmes en la fe, sabiendo que los mismos padecimientos se van cumpliendo en vuestros hermanos en todo el mundo.”

El quinto paso es ponerse la armadura de Dios.

Efesios 6:13-18 dice: “Por tanto, tomad toda la armadura de Dios, para que podáis resistir en el día malo, y habiendo acabado todo, estar firmes. Estad, pues, firmes, ceñidos vuestros lomos con la verdad, y vestidos con la coraza de justicia, y calzados los pies con el apresto del evangelio de la paz. Sobre todo, tomad el escudo de la fe, con que podáis apagar todos los dardos de fuego del maligno. Y tomad el yelmo de la salvación, y la espada del Espíritu, que es la palabra de Dios; orando en todo tiempo con toda oración y súplica en el Espíritu, y velando en ello con toda perseverancia y súplica por todos los santos”.

La armadura garantiza firmeza contra los ataques del diablo. Es un antídoto efectivo en la lucha contra las tentaciones. Que por la gracia de Dios, su vida esté caracterizada por una constante victoria sobre las tentaciones. Es otra de las características de la vida auténticamente cristiana.

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