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Mensajeros de Dios

Todos lidiamos a diario con la dura realidad del envejecimiento de nuestro cuerpo.

Este hecho nos involucra a todos, pobres y ricos. Que unos puedan disimularlo más que otros no significa que no luchen con sus consecuencias. Pero hay dos clases de actitudes respecto a esta misma realidad.

Están aquellos y aquellas que se deprimen y estresan, gastando fortunas de dinero por intentar, vanamente, detener el lógico deterioro del estuche externo que los contiene, y están los otros, los que han aprendido que, de alguna manera, el envejecimiento del cuerpo es un mensajero de parte de Dios que nos recuerda constantemente que esta morada nuestra es pasajera, y que nos espera una mejor, celestial, eterna e inmarchitable.

De lo contrario, si viviéramos siempre sanos, fuertes y vigorosos nos olvidaríamos que nuestro paso por la vida es transitorio, temporal y efímero.

Nos ocuparíamos solo en nosotros y perderíamos de vista la vida real, que no es de esta tierra, ni sujeta al factor tiempo y espacio.

Nacimos para lo eterno. Somos seres eternos, Dios puso eternidad en nuestros corazones, y dentro de cada ser, bien adentro, esa voz inconfundible nos grita que debemos estar preparados para aquel día.

Que no queramos oírlo, que intentemos maquillar cuerpo alma y espíritu es problema nuestro, pero que el tiempo pasa, pasa, y que la eternidad llega, llega. “Pues está establecido para los hombres que mueran una sola vez y después el juicio”.

La recomendación de Dios en Su Palabra es a no amar demasiado esta condición de existencia a la que estamos sujetos por un poco de tiempo. Más bien se nos aconseja a amar Su Venida, aquella expresión de Su Gloria que será nuestra también allá en el cielo.

De ahora en más, cada vez que te duela algo, que te dirijas al médico, que compres otro frasco de pastillas, agradece a Dios por sus “mensajes” que te recuerdan que vivimos dentro de un estuche descartable, y que pronto seremos revestidos de nuestro cuerpo eterno, celestial y glorioso.

Pensamiento del día:

Lo que envejece es el documento de identidad. Nosotros solo adquirimos más experiencia.

Pablo Martini