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Carga pesada

¿Duele más soltar o sostener lo insostenible? Bien conocido es el ejemplo de aquel que sostiene un ladrillo en su mano. Por unos minutos, puede que su peso no signifique ninguna complicación y hasta se sienta relajado en sostenerlo. Pero a medida que pasa el tiempo, si bien el peso del ladrillo sigue siendo el mismo, la sensación del que lo tiene es que el peso se duplica, se triplica y hasta se hace ¡Insostenible!

Nuestras cargas en la vida son tal cual el ejemplo. Cuando aparecen las preocupaciones, las inseguridades, los problemas no resueltos y la amenaza de aquello a lo que no le encontramos solución, el peso de todo eso se convierte en una carga difícil de soportar. Es inevitable que aparezcan, pero podemos evitar que nos parta en dos a lo largo de la vida. Estar atentos a los problemas e intentar solucionarlos no es una carga en sí, sino parte de un proceso necesario para resolverlos. Cuando quedamos entrampados en la ansiedad, y la tensión constante, el peso se acrecienta de manera gigante. Nos levantamos pensando en esa preocupación, transitamos el día con ella a cuestas y al dormir no podemos dejarla fuera de la almohada. De manera cíclica la carga está ahí y cada día que pasa nos pesa un poquito más y más. Al principio no deja rastros, pero después, comienza a dar señales en nuestra salud física emocional y relacional. Hay  posibles respuestas del ser humano ante un Dios que ofrece ayuda para el alma atribulada, cargada e invadida por la preocupación. La primera persona es aquella que, si Dios le ofrece ayuda, ni siquiera lo tiene en cuenta y se va igual a como estaba, cargadísimo. La segunda clase de personas describe a la soberbia y orgullosa que dice: _” Yo puedo solo con esto_” y no aceptan la intervención del Señor en sus vidas. La tercera es la que entrega a Dios sus pesares, pero solo por un tiempo para volver a tomar la carga otra vez por su propia cuenta. Por último, es aquella que suelta en la presencia de Dios su preocupación completamente. ¿Quién eres tú?

La preocupación no quita los problemas de mañana, quita la fuerza de hoy.

 

Pablo Martini