+593 2-247-5563 contacto@labibliadice.org
Arriba

Dame, dame

Si hay dos palabras que caracterizan la etapa infantil (y todo padre y madre bien lo sabe) esas son, entre otras: “Dame, dame”.

Es normal, a los padres no les preocupa esta actitud aunque les cansa en más de una oportunidad.

Lo preocupante es cuando ese niño pasa a la siguiente etapa en su desarrollo y continúa con la misma actitud de pedir y pedir, y crece y llega a la mayoría de edad y sigue y sigue en actitud dependiente, pretendiendo que sólo se satisfagan sus necesidades y deseos enojándose cuando no consigue lo que quiere. Esta patología se da también en nuestras vidas de relación con Dios.

Nos lleva mucho tiempo aprender que Dios está mucho más interesado en el proceso de cambiar lo que deseamos que en el proceso de darnos lo que deseamos.

Uno de los resultados de la comunión íntima lo encontramos en San Juan 15. Jesús les dijo a sus discípulos que si permanentemente se esforzaban en atesorar en sus corazones Su Palabra podían pedir todo lo que quieran que les sería hecho.

Esto no es un amuleto de la suerte para conseguir cualquier cosa que nuestro caprichoso corazón desee. Más bien es una actitud dependiente donde el hijo conoce el corazón del Padre y sabe lo que a Él le gusta que le pidan y eso pide, entonces lo recibe.

Nos comportamos como niños caprichosos cuando nuestras oraciones giran solamente alrededor de estas dos palabras: Dame, dame.

Peor aún cuando regulamos nuestro gozo y nuestro ánimo basándonos en las cosas que obtenemos de Dios y en el cumplimiento de nuestros derechos.

Cuando tenemos lo que queremos somos los mejores cristianos de la iglesia, cuando no… ¡Ni te acerques! Quizás a ti te parece que lo necesitas, pero tu Padre celestial sabe qué cosas son necesidades reales y que cosas son sólo caprichos, o qué cosas son necesarias para esta etapa de tu vida y qué cosas deben esperar. Deja que Dios cambie tu corazón egoísta por un corazón piadoso.

Cuando cambie tu corazón cambiará también tu oración.

Pensamiento del día:

Dios está mucho más interesado en el proceso de cambiar lo que deseamos que en el proceso de darnos lo que deseamos.

Pablo Martini