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LA ESENCIA DE LA GRATITUD

Poseer todos los dones, placeres y beneficios terrenales, sin conocer también al Dador celestial, es una tragedia de eternas proporciones.

La Palabra de Dios enseña claramente que si no respondemos a los dones que, misericordiosamente, Dios nos otorga, si no reconocemos al Benefactor celestial, nuestra ingratitud nos asegura la condenación y el padecimiento final. Romanos 2:4 dice: “¿O menosprecias las riquezas de su benignidad, paciencia y longanimidad, ignorando que su benignidad te guía al arrepentimiento?”

Para poder apreciar los dones de Dios, debemos poseer el mayor de sus dones: Jesucristo mismo. Conocerle, es el corazón y la esencia de toda verdadera bendición. Toda alabanza de gratitud debe surgir de corazones que puedan exclamar ¡Gracias a Dios por su Don inefable! (2° Corintios 9:15)

Hace algunos años, en Alemania, un hombre joven yacía en una mesa de operaciones. Junto a él, de pie, se hallaba un experto cirujano, y un grupo de estudiantes.

El cirujano le dijo al paciente: “Si deseas decir algo antes de que te anestesie, esta es tu oportunidad.

Debes saber que al despertar, ya no podrás nunca más pronunciar palabra alguna.” Aquel hombre sabía que esto era cierto.

Padecía de un cáncer en su lengua y debía ser extirpada. ¿Qué palabras debía escoger para una ocasión como esta? Pensó unos segundos y dijo: “¡Gracias a Dios por darnos a Jesucristo!”

¿Puedes tú decir lo mismo? Toda persona que no valora en su vida a la persona de Jesucristo como el mayor regalo de Dios al hombre, jamás podrá apreciar ninguna otra gracia de esta vida. Está condenado a la tristeza y el resentimiento crónico, es desagradecido y no disfruta verdaderamente de la vida.

Conocer a Dios y a su Don inexplicable, es conocer el secreto de la verdadera felicidad. Nada se compara con la riqueza y bienestar físico, moral y espiritual que encuentras en Él. Con razón dijo el salmista: “No existe bien para mí que esté fuera de ti”.

PENSAMIENTO DEL DÍA:

Conocer a Dios y a su Don inexplicable, es conocer el secreto de la verdadera felicidad.

Pablo Martini