Hola, te invito a que vengas conmigo a Mateo capítulo 4. Es bueno poder tenerte de vuelta. Hoy quiero iniciar una nueva serie de estudios bíblicos para ver lo que significa ser un discípulo de Cristo y lo que significa hacer discípulos. Hacer discípulos es el centro de todo lo que hacemos, pero ¿sabemos cómo hacerlo? Hazte la pregunta y a continuación tendremos una respuesta bíblica. Entonces quiero que nos concentremos para ver esto, vamos a ver una imagen de lo que significa ser un discípulo de Cristo. 

Ahora, hay algunos conceptos que necesitamos saber, tenemos que saber qué es un discípulo. Cuando miras el Nuevo Testamento, ves que la palabra “discípulo” se menciona unas 269 veces. A modo de contraste, la palabra “cristiano” es mencionada tres veces. Discípulo se menciona una y otra vez. Entonces, cuando el Nuevo Testamento habla sobre los discípulos, habla acerca de los discípulos de diferentes maneras. Quiero que veas tres categorías principales: 

En primer lugar, cuando ves el Nuevo Testamento y habla sobre los discípulos, a veces se está refiriendo a un oyente casual; personas que estaban en el terreno siguiendo a Jesús, escuchando lo que Él estaba diciendo. 

Luego das un paso más profundo y ves a algunas personas a las que hace referencia como discípulos más como si fueran oyentes convencidos, y con eso quiero decir que no solo están escuchando casualmente. Hay algo más ahí. Este es el tipo que dice: “de acuerdo, creo lo que dice este tipo. Estoy entendiendo lo que Él está diciendo. Estoy convencido. Él es quien dice que es”  

Y luego tienes un nivel más profundo más allá que sólo oyentes casuales o convencidos. Tienes un aprendiz de por vida y un seguidor comprometido que se describe como un discípulo en el Nuevo Testamento.  

Ahora, hay algo muy interesante en el Nuevo Testamento, y es que cuando vemos todas estas referencias a los discípulos, el mayor número de personas que se llaman discípulos cae dentro de una de esas dos primeras categorías: oyentes casuales u oyentes convencidos. Miles de personas que seguían a Cristo. Pero cuando das ese tercer paso y consigues aprendices y seguidores de por vida, el grupo se vuelve muy, muy pequeño. Por ejemplo, en Hechos capítulo 1 versículo 15, dice que después de que Él dejó la vida en la tierra y ascendió al cielo, solo quedaron 120 personas. 

Miles de personas lo siguieron durante su vida aquí, pero solo 120 personas en realidad estaban haciendo lo que les dijo que hicieran; aprendices y seguidores de por vida. Esa es la imagen en el Nuevo Testamento. Retrocedamos un paso y permíteme hacerte una pregunta, ¿dónde crees que cae la mayor cantidad de personas de la iglesia, particularmente en el mundo occidental, cuando se trata de estas categorías? Supongo que, en las dos primeras, puedo decir con bastante confianza que la mayoría, incluso las multitudes que se llaman a sí mismo cristianos, probablemente serían clasificados como oyentes casuales que están de acuerdo con Jesús y dicen “Puedo aceptar esto.” oyentes convencidos. Mucha gente en la cultura de nuestra iglesia ha aceptado que Jesús es quien dice que es y piensa cosas como: “Creo que esto es verdad y estoy contento de seguir viviendo la vida cristiana como un oyente convencido.” Pero cuando llegas a esta idea de un aprendiz y seguidor comprometido de por vida y das un paso más profundo, entonces el número se hace mucho más pequeño.  

Lamentablemente, en la iglesia del siglo XXI hemos creado al discipulado como algo opcional, hemos relegado el verdadero significado de lo que implica seguir a Jesús, hemos olvidado la esencia misma del cristianismo. Eso está relegado para el súper cristiano. Hay muy pocos hombres y mujeres que realmente están siendo discípulos, hemos creado una atmósfera donde está bien convertirse en cristiano, pero no en discípulo. Hemos relegado el seguir a Cristo en una devoción radical y nos hemos convertido en cristianos sin bases. Y la verdad es que la iglesia de hoy en día, está estancada y débil espiritualmente. Las iglesias no necesitan más dinero, más poder, más prestigio, ni siquiera necesitan más personas, lo que las iglesias necesitan es que haya más hombres, mujeres y estudiantes que crean en Jesucristo y lo abracen para que se levanten y sean los discípulos que las Escrituras nos enseña a ser. Estoy convencido de que esa no solo es la mayor necesidad en la iglesia, creo que es la mayor necesidad en el mundo.  

Dallas Willard dijo: “El mayor problema que enfrenta el mundo de hoy, con todas sus necesidades desgarradoras, es si aquellos que, por profesión o por cultura, se identifican como “cristianos”, se convertirán en discípulos, estudiantes, aprendices, practicantes de Jesucristo aprendiendo constantemente de Él, cómo vivir la vida del reino de los Cielos en cada rincón de la existencia humana”.  entonces, hoy yo les pregunto, ¿Saldrán de la comodidad para ser su iglesia, para ser su fuerza poderosa para el bien en la tierra y atraer a las iglesias hacia los propósitos eternos de Dios?  

Personalmente quiero ser parte de la iglesia que está impactando al mundo con la bondad de Cristo para Su gloria. Quiero ser parte de un cuerpo de creyentes que no es casual, sino que está convencido de su enfoque hacia Jesús, y realmente espero que ese sea también tu anhelo.  

Ahora, debemos analizar y considerar lo que cuesta ser un discípulo de Jesús. así que ven conmigo al capítulo 4 de Mateo, mira el versículo 18. Este es un pasaje que supongo que es familiar para muchos de ustedes. Oro para que Dios nos dé nuevos ojos para ver y entender las verdades gigantes que se encuentran en este pasaje. Mira el versículo 18, esto dice: “Andando Jesús junto al mar de Galilea, vio a dos hermanos, Simón, llamado Pedro, y Andrés su hermano, que echaban la red en el mar; porque eran pescadores. Y les dijo: Venid en pos de mí, y os haré pescadores de hombres. Ellos entonces, dejando al instante las redes, le siguieron. Pasando de allí, vio a otros dos hermanos, Jacobo hijo de Zebedeo, y Juan su hermano, en la barca con Zebedeo su padre, que remendaban sus redes; y los llamó. Y ellos, dejando al instante la barca y a su padre, le siguieron.”(Mateo 4: 18-22). 

Ahora Jesús entra en escena aquí, probablemente esta no sea la primera vez que estos muchachos conocen a Jesús. Mucha gente piensa que Juan 1 nos da la imagen inicial de estos muchachos siendo presentados a Jesús, pero la verdad es que, esta pudo haber sido la segunda o tercera ocasión en la que interactuaron con Él, pero Jesús acude a ellos y les dice “síganme”. Literalmente, vengan conmigo. Y en esa palabra, comenzamos a desentrañar lo que significa ser un discípulo de Cristo.  

¿Qué significa seguir a Jesús antes que nada? Significa un abandono radical para la gloria de Cristo. Ahora, para verlo tenemos que mirar el contexto. Así que ven conmigo al versículo 12. Mateo capítulo 4 versículo 12 dice: “Cuando Jesús oyó que Juan estaba preso, volvió a Galilea; y dejando a Nazaret, vino y habitó en Capernaum, ciudad marítima, en la región de Zabulón y de Neftalí, para que se cumpliese lo dicho por el profeta Isaías, cuando dijo: Tierra de Zabulón y tierra de Neftalí, Camino del mar, al otro lado del Jordán, Galilea de los gentiles; El pueblo asentado en tinieblas vio gran luz; Y a los asentados en región de sombra de muerte, Luz les resplandeció.” (Mateo 4:12-16) Ahora, presta atención al versículo 17: “Desde entonces comenzó Jesús a predicar, y a decir: Arrepentíos, porque el reino de los cielos se ha acercado.” 

Lo que tenemos que darnos cuenta es que este es el comienzo mismo del ministerio de Jesús. Al comienzo de este capítulo, es tentado, resiste la tentación y luego comienza su ministerio público. Y desde el principio resuena un mensaje de su boca: “ Arrepentíos, porque el reino de los cielos se ha acercado” Esa frase se usa para describir el reino de Dios o el reino de los cielos, a través del Libro de Mateo. Y no es un reino que pertenece a un lugar. Representa el reinado, el dominio y la autoridad de Dios. Dondequiera que se reconozca y se someta a su gobierno y reinado, vemos una imagen del reino y es allí donde estudiamos el libro de Mateo.  

Ahora, lo que quiero que veas es que, una y otra vez, a medida que se menciona el reino, siempre va acompañado de un gran costo, de un gran abandono y sacrificio para el Rey. Déjame llevarte a un pequeño recorrido. Vamos al capítulo 5 de Mateo ahí ves la palabra reino, y quiero que veas el abandono, el sacrificio al que está asociado. Mira Mateo capítulo 5 versículo 3: “Bienaventurados los pobres en espíritu, porque de ellos es ¿Qué? el reino de los cielos.” Así que para tener el reino de los cielos o, heredar el reino de los cielos, tienes que ser pobre de espíritu. Mira el versículo 10: “Bienaventurados los que padecen persecución por causa de la justicia, porque de ellos es ¿Qué? el reino de los cielos.” ¿Quieres ser perseguido a causa de la justicia? Eso es un sacrificio, hay un costo allí. Ahora, escucha el versículo 44. Estas Son un par de parábolas que Jesús usa para hablar acerca de cómo podemos heredar el reino, ¿qué haríamos?, ¿qué daríamos, por ser parte de este reino y experimentar su gloria? Escucha el capítulo 13 versículo 44, esto dice: “Además, el reino de los cielos es semejante a un tesoro escondido en un campo, el cual un hombre halla, y lo esconde de nuevo; y gozoso por ello va y vende todo lo que tiene, y compra aquel campo. 

¿Ves la imagen en esa parábola? Por el reino vale la pena vender todo lo que tienes para poder dejarlo todo atrás. Déjame mostrarte una imagen práctica de eso. Ve al capítulo 19 de Mateo, versículo 21. Esta es una historia conocida como el joven rico, un hombre que tenía grandes riquezas y un día se acercó a Jesús y le dijo: “¿Cómo puedo heredar el reino? ¿Cómo puedo tener la vida eterna? “. ¿Qué dice Jesús en el versículo 21?” “Jesús le dijo: Si quieres ser perfecto, anda, vende lo que tienes, y dalo a los pobres, y tendrás tesoro en el cielo; y ven y sígueme.”  

Este es un gran paso para nosotros. Todos nosotros somos increíblemente ricos en comparación con el resto del mundo. “Y Jesús les dijo: De cierto os digo que en la regeneración, cuando el Hijo del Hombre se siente en el trono de su gloria, vosotros que me habéis seguido también os sentaréis sobre doce tronos, para juzgar a las doce tribus de Israel. Y cualquiera que haya dejado casas, o hermanos, o hermanas, o padre, o madre, o mujer, o hijos, o tierras, por mi nombre, recibirá cien veces más, y heredará la vida eterna. Pero muchos primeros serán postreros, y postreros, primeros. “(Mateo 19: 28-30). ¿Ves el costo del reino aquí?  

Déjame mostrarte otro Evangelio. Escucha el capítulo 9 de Lucas. Quiero que veas en el versículo 23 para desempacar lo que significaría abandonar todo por el reino, la gloria de Cristo. Escucha esto, capítulo 9 versículo 23. Jesús tiene personas que lo siguen y, entonces, ¿qué dice el versículo 23? Jesús dice: “Y decía a todos: Si alguno quiere venir en pos de mí, niéguese a sí mismo, tome su cruz cada día, y sígame. Porque todo el que quiera salvar su vida, la perderá; y todo el que pierda su vida por causa de mí, éste la salvará. Pues ¿qué aprovecha al hombre, si gana todo el mundo, y se destruye o se pierde a sí mismo? Porque el que se avergonzare de mí y de mis palabras, de éste se avergonzará el Hijo del Hombre cuando venga en su gloria, y en la del Padre, y de los santos ángeles.” Escucha el versículo 27 “Pero os digo en verdad, que hay algunos de los que están aquí, que no gustarán la muerte hasta que vean ¿Qué? el reino de Dios.”. Ven a buscarme, niégate a ti mismo. Toma tu cruz y sígueme. Pierde tu vida por el reino.