Qué alegría amable oyente, es compartir este tiempo con Usted. Sea bienvenida o bienvenido al estudio bíblico de hoy. En nuestro estudio bíblico último, un ángel poderoso estaba dando a Juan un tour por la nueva Jerusalén. En el estudio bíblico de hoy, proseguiremos viendo más detalles importantes de esta magnífica ciudad.

Lo último que tratamos en nuestro estudio de Apocalipsis fue el tour que un ángel poderoso estaba dando a Juan en esa majestuosa ciudad llamada la gran ciudad santa de Jerusalén, o la desposada, o la esposa del Cordero. El ángel mostró a Juan la gloria de aquella ciudad. Era tan deslumbrante como un diamante. Estaba rodeada de un muro grande y alto establecido en cuadro, con tres puertas en cada uno de los lados. En total doce puertas. Cada puerta estaba custodiada por un ángel y cada puerta tenía un nombre según las doce tribus de los hijos de Israel. El muro tenía doce cimientos y sobre cada cimiento estaba el nombre de uno de los doce apóstoles del Cordero. La ciudad en sí mismo tiene forma de cubo perfecto. Utilizando una caña de medir, de oro, el ángel midió la longitud, la altura y la anchura de la ciudad. La medida resultó ser 12 mil estadios o lo que es lo mismo, 2160 kilómetros. ¿Puede imaginar un objeto deslumbrante como diamante de forma cúbica, de 2160 kilómetros por lado? Es asombroso. Pues eso es la nueva Jerusalén. El ángel también midió el muro de la ciudad. La medida resultó ser 144 codos o más o menos 65 metros. Puede ser de alto o de ancho. Hasta aquí llegamos en el tour. El ángel sigue describiendo los exteriores de la nueva Jerusalén. Va a tratar el tema del material del muro y del material de la ciudad. Apocalipsis 21:18 dice: “El material de su muro era de jaspe; pero la ciudad era de oro puro, semejante al vidrio limpio” Comencemos por el muro. Estaba construido de jaspe. Esta palabra es la transliteración de una palabra griega que significa una piedra preciosa semejante al diamante. Imagine amigo oyente. Un muro de 65 metros de puro diamante, rodeando ese asombroso cubo como diamante, por más de 8640 kilómetros que es el perímetro de la nueva Jerusalén. Asombroso. Pero más asombroso es el material de la ciudad. Dice que era de oro puro, semejante al vidrio limpio. El oro que conocemos en la tierra, es precioso, pero no es transparente, sin embargo, el oro con el cual se ha construido la nueva Jerusalén es transparente, semejante al vidrio limpio. Con razón que irradia la luz brillante de la magnífica gloria de Dios, quien mora en su interior. Muy bien. Ahora el ángel pone su atención en detalles asombrosos del muro de la nueva Jerusalén. Apocalipsis 21:19 hasta la primera parte del versículo 21 dice: “Y los cimientos del muro de la ciudad estaban adornados con toda piedra preciosa. El primer cimiento era jaspe; el segundo, zafiro; el tercero, ágata; el cuarto, esmeralda; el quinto, ónice; el sexto, cornalina; el séptimo, crisolito; el octavo, berilo; el noveno, topacio; el décimo, crisopraso; el undécimo, jacinto; el duodécimo, amatista. Las doce puertas eran doce perlas; cada una de las puertas era una perla” En razón de que algunos de los nombres de estas gemas han cambiado a lo largo de los siglos, se hace difícil la identificación plena de cada una de ellas. Nueve de las doce gemas que aquí aparecen eran parte del pectoral del sumo sacerdote, y las tres restantes pueden también haber sido, pero aquí aparecen con diferente nombre. Estas gemas irradiarán de una forma maravillosa la gloria refulgente del Señor. El jaspe es una piedra silícea de grano fino, textura homogénea, opaca y de colores variados. Se lo conoce también como mármol veteado. El zafiro es una piedra preciosa, la más dura después del diamante, de color azul. El ágata es un cuarzo duro, translúcido y con franjas o capas de uno u otro color. La esmeralda es una piedra preciosa, más dura que el cuarzo y teñida de verde por el óxido de cromo. El ónice, es un tipo de ágata listada de colores alternativamente claros y muy obscuros. La cornalina es un tipo de ágata de color de sangre o rojiza. Se la conoce como rubí. El crisolito es una piedra preciosa de color amarillo verdoso. El berilo es una variedad de esmeralda de color verdemar y a veces amarillo, blanco o azul. El topacio es una piedra fina, amarilla, muy dura. El crisopraso, es un tipo de ágata de color verde manzana. El jacinto, es un cuarzo cristalizado de color rojo oscuro. La amatista, es un cuarzo transparente, de color violeta más o menos subido. Sobre cada uno de estos cimientos estaban los nombres de cada uno de los doce apóstoles del Cordero. El muro tenía doce puertas, junto a cada puerta había un ángel y nombres inscritos, que son los de las doce tribus de Israel. Pero no eran puertas comunes y corrientes. Cada puerta era una perla. La perla se forma en una ostra. Nos habla de la belleza que nace del dolor. Todo comienza cuando un granito de arena entra en la ostra. Este granito de arena causa gran malestar e irritación a la ostra. En respuesta, la ostra segrega compuestos químicos para aislar a ese granito de arena de modo que no siga causando más irritación. Con el paso del tiempo, alrededor del granito de arena se forma una hermosa perla. Del sufrimiento nace una joya. Las perlas por las cuales se atraviesa el muro para entrar a la nueva Jerusalén, nos llevan a pensar en la hermosura de lo que resultó del sufrimiento de nuestro amado Salvador en la cruz del Calvario. Sin ese sufrimiento atroz del Salvador, el cual llegó hasta la misma muerte, no habría sido posible que exista la nueva Jerusalén ni su muro ni sus puertas aperladas. Si Usted está pasando por pruebas difíciles, por sufrimiento indecible, no se desanime, aprenda la lección de la ostra y la perla. Si Usted soporta la prueba en el poder del Espíritu Santo, de la prueba brotará algo hermoso. Muy bien, prosigamos con lo que el ángel nos está mostrando. Después de hablar del muro y sus puestas, es lógico que nos hable de la ciudad en sí mismo. El ángel nos lleva a una calle de entre las muchas de la ciudad. Note lo que dice Juan. Apocalipsis 21:21 en su segunda parte dice: “Y la calle de la ciudad era de oro puro, transparente como vidrio.” El oro es tan valioso en el mundo de hoy, que se nos dificulta pensar en calles de ese precioso metal. Pero eso es lo que dice la Biblia acerca de las calles en la nueva Jerusalén y debemos aceptarlo por fe. Más aun, el oro de las calles de la nueva Jerusalén es un oro tan fino que Juan dice que es transparente como vidrio. No existe nada comparable a esto en la actualidad, pero existirá en la nueva Jerusalén. Juan está interesado en conocer el templo de la nueva Jerusalén. A lo mejor preguntó sobre esto al ángel que estaba con él. Observe lo que Juan reporta al respecto. Apocalipsis 21:22 dice: “Y no vi en ella templo; porque el Señor Dios Todopoderoso es el templo de ella, y el Cordero.” El templo era el lugar donde Dios se manifestaba a su pueblo. Se reducía a un recinto exclusivo. Dentro de él se estaba en la presencia de Dios. Fuera de él no se estaba en la presencia de Dios. Pero en la nueva Jerusalén no hace falta templo. Dios se manifestará a su pueblo en cada rincón de la nueva Jerusalén. Por eso dice el texto que el Señor Dios Todopoderoso es el templo de ella y el Cordero. Después el ángel conduce a Juan a examinar las fuentes de iluminación de la nueva Jerusalén. Observe lo que dice Apocalipsis 21:23 “La ciudad no tiene necesidad de sol ni de luna que brillen en ella; porque la gloria de Dios la ilumina, y el Cordero es su lumbrera” Qué fantástico. La nueva Jerusalén no necesita de sol para que alumbre de día, ni de luna para que alumbre de noche, ni de electricidad para iluminación artificial. No habrá lugar oscuro. No habrá noche. La gloria de Dios, la shekina arrojará su maravillosa luz en cada rincón de la nueva Jerusalén. Los científicos aseguran que algún día el sol dejará de existir. En esto tienen razón, porque en la nueva Jerusalén no habrá sol y tampoco luna. Pero observe que en la nueva Jerusalén, el Cordero será su lumbrera. Esto significa que Jesucristo en su gloria brillará eternamente y nosotros andaremos a la luz de su gloriosa presencia. Después el ángel informa a Juan algo sobre los habitantes de la nueva Jerusalén. Apocalipsis 21:24-26 dice: “Y las naciones que hubieren sido salvas andarán a la luz de ella; y los reyes de la tierra traerán su gloria y honor a ella. Sus puertas nunca serán cerradas de día, pues allí no habrá noche. Y llevarán la gloria y la honra de las naciones a ella.” Este pasaje bíblico pude referirse a lo que será la nueva Jerusalén en relación con los habitantes de la tierra durante el milenio. Recuerde que la nueva Jerusalén estará como suspendida sobre la tierra durante el milenio. Pero también este pasaje indica que los redimidos de todas las naciones y pueblos habitarán a la luz de la gloria celestial. En la nueva Jerusalén no habrá divisiones territoriales o políticas o de raza. Todos serán uno solo en la nueva Jerusalén. Finalmente, el ángel informa a Juan acerca de la gente que no tiene parte en la nueva Jerusalén. Apocalipsis 21:27 dice: “No entrará en ella ninguna cosa inmunda, o que hace abominación y mentira, sino solamente los que están inscritos en el libro de la vida del Cordero.” La nueva Jerusalén no es para todos los seres humanos en general. Allí no estará nadie que no se haya lavado de su pecado. No habrá nadie que juegue sucio. No habrá nadie que use la mentira para lograr sus fines. En la nueva Jerusalén habrá solo un tipo de gente. Aquellos cuyos nombres están inscritos en el libro de la vida del Cordero. Son pecadores redimidos, quienes algún día mientras vivieron en este presente mundo, recibieron a Cristo como su Salvador. ¿Es Usted uno de ellos? Si no lo es, reciba a Cristo como su Salvador este mismo instante. Entre los muchos beneficios, está el de ser uno de los habitantes de esa ciudad extraordinaria llamada nueva Jerusalén.

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