La palabra de Dios dice que sin santidad nadie verá al Señor. Si un creyente que ha sido bautizado peca, ¿pierde la salvación de Dios que es por gracia?

La clave para aclarar su inquietud a este respecto radica en preguntarnos: ¿Qué es lo que hace salvo a cualquier pecador, sin importar cuán bajo haya caído en el pecado? Las respuestas a esta pregunta normalmente pueden clasificarse bajo dos grandes líneas de pensamiento.

La primera, que la salvación es el resultado del esfuerzo propio, es decir de las buenas obras. Dentro de esta categoría están los que dicen que para ser salvo es necesario ser miembro de determinada religión, o que para ser salvo es necesario cumplir con determinados ritos religiosos como bautismo, primera comunión, confirmación, etc. o que para ser salvo es necesario cumplir con algunos hábitos piadosos, tales como orar, leer la Biblia, ofrendar, ayunar, etc., o que para ser salvo es necesario no pecar. Es decir que dentro de esta categoría están todos aquellos que piensan que la salvación se gana por mérito propio.

Pero veamos lo que dice la Biblia a este respecto con un solo pasaje bíblico, se hace añicos esta tan común manera de pensar.

Efesios 2:8-9 dice: “porque por gracia sois salvos por medio de la fe; y esto no de vosotros, pues es don de Dios; no por obras, para que nadie se gloríe”

Aquí lo tiene. La salvación es por gracia. La palabra gracia significa un favor no merecido. Este favor no merecido se recibe simplemente por fe. Es un regalo de Dios. No es algo que el hombre pueda merecer. Para enfatizar este hecho, la Biblia dice que la salvación del pecador no es por obras que haga el pecador, no importa qué tipo de obras pueda ser.

De esta manera, Dios se asegura que toda la gloria por salvar al pecador sea exclusiva de Dios. Dicho esto, indirectamente hemos señalado cuál es la otra línea de pensamiento en cuanto a la salvación del pecador. Es aquella donde el pecador dice: Reconozco mi pecado, reconozco que es imposible que yo pueda hacer cualquier cosa para salvarme a mí mismo. Reconozco que por más bueno que sea, eso no me alcanza para obtener la salvación. Reconozco que Cristo pagó la deuda que yo tengo con Dios a causa de mi pecado y recibo a Cristo como mi Salvador personal, porque solo por medio de Él puedo ser salvo.

Eso es en esencia lo que dice Hechos 4:12 “Y en ningún otro hay salvación; porque no hay otro nombre bajo el cielo, dado a los hombres, en que podamos ser salvos”

Así es la salvación del pecador no está en la religión, cualquiera que sea, tampoco está en las obras, cualesquiera que sean, tampoco está en la moralidad o integridad de la persona. La salvación está en la persona de Cristo. Él es el único que puede salvar al pecador. Los que así lo entendemos, sabemos también que el momento que recibimos a Cristo como Salvador fuimos hecho uno con Cristo Jesús. Cuando Dios nos mira, nos mira como Jesucristo su Hijo. Nos mira puros y santos y sin mancha de pecado. Por eso nuestra salvación está totalmente asegurada.

Dicho esto, apliquémoslo a su inquietud. ¿Puede perder la salvación un genuino creyente, bautizado y todo, quien cede a una tentación y peca?

Bueno, si la salvación fuera por obras, en este caso las obras sería el no pecar jamás, entonces, claro, ese creyente perdería su salvación el instante mismo que peca. Pero gracias a Dios que la salvación no es por obras. Si fuera por obras nadie podría ser salvo y si alguien fuera salvo por obras, el instante que hiciera una mala obra, como esto de pecar, ya perdería la salvación. Pero por cuanto la salvación no es por lo que haga o deje de hacer el creyente sino por lo que Cristo Jesús ya hizo en la Cruz del Calvario, entonces la salvación no se puede perder.

Con esto no estamos diciendo que no importa seguir pecando si ya somos salvos. No, porque la Biblia también enseña que los que somos salvos estamos muertos al pecado. Esto significa que el pecado no es una norma para nuestra vida. Un verdadero creyente, puede que cometa pecado, pero lo reconocerá, lo confesará, y se apartará del mismo. Un verdadero creyente jamás vive en pecado. Si alguien vive en pecado y con su boca declara que es salvo, lo único que está afirmando es que es un engañador, uno que jamás ha sido salvo, un falso creyente.