El pasaje bíblico para hoy es el salmo 140. En la sobre escritura leemos lo siguiente: Al músico principal. Salmo de David. Esta es una instrucción para el director del coro en el templo. Debía saber que el autor de este salmo es David.

Como antecedente, es necesario reconocer que David estaba atravesando por una situación muy crítica con respecto a sus enemigos. De una forma abusiva, maligna y violenta, los enemigos de David se dedicaron a tender trampas con el fin de destruir a David. ¿Qué harías si estuvieras en la situación de David? ¿Huir? ¿Luchar contra los enemigos? Pues David hizo algo mucho mejor. David oró a Dios sobre la situación. Esta es la medida más apropiada en casos así amigo oyente. ¿Has caído en la boca y en las manos de gente maligna que con mentiras y rumores atenta contra tú integridad moral, emocional, espiritual y aún física? No pierdas tu tiempo, y a veces hasta tu santidad, enfrentando a tus enemigos por ti mismo. Ponlos en la mano de Dios en oración y notarás que Dios es experto en inutilizar las trampas de tus enemigos y en poner un bozal en sus bocas.

Veamos entonces cómo fue la oración que David elevó a Dios con relación a sus enemigos. En su oración vemos en primer lugar el clamor del salmista. Salmo 140:1 dice: “Líbrame, oh Jehová, del hombre malo; guárdame de hombres violentos” Nota que David no está poniendo su mirada sobre sus enemigos, sino sobre Dios, quien tiene control sobre sus enemigos.

Un popular dicho afirma lo siguiente: “Para qué hablar con los payasos, si puedes hablar con el dueño del circo.” Bueno, sin querer ser profano o irreverente, eso es lo que está haciendo el salmista. Mirando a Dios dice: “Señor, ponme a buen recaudo de los hombres malos que me acosan.” Señor, no permitas que mis enemigos me causen daño, porque son hombres violentos. La misma idea encontramos en Salmo 140:4 dice: “Guárdame, oh Jehová, de manos del impío; líbrame de hombres injuriosos, que han pensado trastornar mis pasos.”

 Nuevamente aquí, vemos que el salmista está ocupado con Dios, no con sus enemigos. Pide que Dios le guarde de los hombres impíos. Ruega que Dios le libre de hombres injuriosos. Interesante notar que los enemigos de David eran personas con lengua de fuete. Expertos en el insulto y la ofensa salvaje. Cuando a una persona se le agotan los recursos de la lógica y la razón, normalmente echa mano de la violencia verbal para atacar a su oponente. Es el recurso de los cobardes. Con su afilada lengua, los enemigos de David intentaban desestabilizarlo.

En segundo lugar, David en su oración conversa con Dios acerca de la conducta de los enemigos. Salmo 140:2-3 dice: “Los cuales maquinan males en el corazón, cada día urden contiendas. Aguzaron su lengua como la serpiente; veneno de áspid hay debajo de sus labios. Selah.” Los enemigos son astutos, maquinan maldad en su corazón. Los enemigos eran persistentes. Cada día buscaban alguna cosa para hacer problema. Los enemigos tenían una lengua peligrosa. David los compara con serpientes venenosas. La conducta de los enemigos continúa en el versículo 5 donde dice: “Me han escondido lazo y cuerdas los soberbios; han tendido red junto a la senda; me han puesto lazos Selah” Los enemigos de David eran como astutos cazadores persiguiendo a su presa. Con minuciosidad indagaban los lugares por donde andaba David, y tendían sus trampas en el camino, esperando atrapar a David para destruirle.

Qué descripción tan precisa de la conducta de personas que a veces nos toca enfrentar. Pero el consuelo que tenemos es que Dios es más astuto y poderoso que ellos. No importa entonces cuán astutos y poderosos nos parezcan nuestros enemigos.

En tercer lugar, en su oración, el salmista habla con Dios acerca de su confianza en él. Salmo 140:6-8 dice: “He dicho a Jehová: Dios mío eres tú; escucha, oh Jehová, la voz de mis ruegos. Jehová Señor, potente Salvador mío, tú pusiste a cubierto mi cabeza en el día de la batalla. No concedas, oh Jehová, al impío sus deseos; no saques adelante su pensamiento, para que no se ensoberbezca. Selah” David expresa su confianza en Dios, mostrando que entre él y Dios existía una relación en extremo estrecha. Dios mío eres tú, dice a Dios el salmista. Este tipo de relación es requisito fundamental para que Dios nos libre de nuestros poderosos enemigos.

Si no tenemos una relación personal y significativa con Dios no esperemos que Dios nos guarde de los enemigos como lo hizo con el salmista. En esta relación de íntima confianza entre Dios y el salmista, David se siente en libertad de hacer su pedido a Dios. Por cuanto Dios ya había mostrado su poder a David, protegiendo su vida en el día de la batalla, ahora está pidiendo que Dios no conceda al malvado sus deseos y que no permita que el malvado lleve a cabo sus macabros planes.

En cuarto lugar, el salmista pide a Dios castigo para el enemigo. Salmo 140:9-11 dice: “En cuanto a los que por todas partes me rodean, la maldad de sus propios labios cubrirá su cabeza. Caerán sobre ellos brasas; serán echados en el fuego, en abismos profundos de donde no salgan. El hombre deslenguado no será firme en la tierra; el mal cazará al hombre injusto para derribarle.” En esta parte, el salmo 140 se torna imprecatorio. Esto significa que el salmista está pidiendo a Dios castigo para sus enemigos. David está pidiendo a Dios que la maldad que sus enemigos intentaban traer sobre él caiga sobre ellos. Esto me trae a la memoria la historia de Mardoqueo y Amán en el libro de Ester.

¿Recuerdas? Amán quería que Mardoqueo muera ahorcado, e hizo construir una enorme horca con ese fin. Pero Dios hizo las cosas de tal manera que en lugar de que Mardoqueo sea ahorcado en la horca que construyó Amán, fue el mismo Amán quien murió ahorcado en la horca que él mismo construyó.

Pedir castigo para el enemigo, suena extraño a nuestros oídos. Pero siendo que David era rey y viviendo en la época en que vivió, este pedido es justificado. Para nosotros, viviendo en la época en que vivimos no es apropiado pedir a Dios castigo para el enemigo, no importa cuan malvado sea. Lo que la Biblia nos pide hacer en cuanto a nuestros enemigos está en Mateo 5:44 donde dice: “Pero yo os digo: Amad a vuestros enemigos, bendecid a los que os maldicen, haced bien a los que os aborrecen, y orad por los que os ultrajan y os persiguen.”

Finalmente, en quinto lugar, en su oración el salmista reitera el cuidado de Dios hacia los suyos. Salmo 140:12-13 dice: “Yo sé que Jehová tomará a su cargo la causa del afligido, y el derecho de los necesitados. Ciertamente los justos alabarán tu nombre; los rectos morarán en tu presencia.” Esta es una promesa grandiosa amigo oyente. Vale la pena confiar en Jehová. Así como un abogado se encarga de la causa de su cliente. Jehová se encarga de la causa de los afligidos y el derecho de los necesitados. Jehová es un abogado tan efectivo que nunca jamás ha perdido un juicio y nunca jamás lo perderá. Es sabio tenerle como abogado. Es por eso que los que han tomado a Jehová como su abogado, permanentemente alaban su nombre y confían que eternamente morarán en su presencia.

Amigo oyente, que estás padeciendo el ataque a mansalva de sus enemigos, necesitas un buen abogado. No existe nadie mejor que Jehová. Clama a él en oración. No pierdas tu tiempo y tu santidad haciéndote cargo tú mismo de tus enemigos.

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