El pasaje bíblico para hoy se encuentra en el salmo 139. El autor de este salmo es David. El tema de este salmo tiene que ver con la persona de Dios. En la primera parte del salmo, David nos muestra que Dios es omnisciente, Él conoce todo. Es absurdo pretender engañarle. En la segunda parte del salmo, David nos muestra que Dios es omnipresente. Dios está en todo lugar a la vez. Es absurdo pretender escapar de él. En la tercera parte del salmo, David nos muestra que Dios es omnipotente. Dios puede hacer todo lo que sea conforme a su carácter. Uno de los nombres de Dios es El Shaddai, que significa Dios Todopoderoso. Es absurdo pretender enemistarnos con él. Más vale tenerle de amigo que de enemigo.

Es así como llegamos a la cuarta parte del salmo. En esta parte, David nos muestra que Dios es santo. La santidad, amigo oyente, es un atributo de Dios que expresado negativamente significa que Dios está totalmente apartado de todo lo que es malo, y de todo lo que contamina, tanto en relación consigo mismo como en relación con todas sus criaturas. Expresado positivamente, la santidad de Dios significa la perfección consumada, la pureza y la absoluta integridad de su naturaleza y carácter. Es por su santidad que Dios no puede tolerar el pecado en su presencia. El pecado atenta contra la santidad de Dios.

En primer lugar, David nos presenta la reacción de Dios ante el pecado. La primera parte de salmo 139:19 dice: “De cierto, oh Dios, harás morir al impío” Dios ama al pecador, le ama tanto, que dio a su Hijo el Señor Jesucristo para que muera en lugar del pecador. Pero aún así, muchos pecadores aman más su pecado que a Dios y rehúsan el perdón de pecados que Dios les ofrece en Cristo. Cuando eso pasa, Dios no tiene otra opción sino entregar al pecador a una eterna condenación en el infierno. Por eso dice el salmista: De cierto, oh Dios, harás morir al impío. Es la reacción de un Dios santo ante el pecado.

Si tú jamás ha recibido a Cristo como tu Salvador, amigo oyente, estás en peligro de ser entregado a condenación eterna por un Dios santo que odia el pecado. No persistas en esta situación. Hoy mismo habla con Dios y recibe a Cristo como tu personal Salvador y Dios perdonará tu pecado y te brindará la oportunidad de pasar la eternidad junto a él. En segundo lugar, David nos presenta la razón por la cual Dios castiga el pecado.

Salmo 139:20 dice: “Porque blasfemias dicen ellos contra ti; tus enemigos toman en vano tu nombre.” Mientras un pecador rechace la oferta de perdón de Dios, se constituye automáticamente en un enemigo de Dios. En ese estado de enemistad contra Dios, el pecador blasfemia contra Dios. Blasfemar significa pronunciar palabras injuriosas contra la Deidad.

Recuerda que Dios es El Shaddai, el Dios Todopoderoso. Es extremadamente peligroso pronunciar palabras injuriosas contra el Dios Todopoderoso. Además, el pecador toma en vano el nombre de Dios. Esto no solo significa que el pecador pronuncia el nombre de Dios sin motivo alguno, sino que voluntaria y conscientemente introduce el nombre de Dios en su hablar corrupto.

Esto me hace recordar los años que trabajé en un complejo de rastreo de naves espaciales de la NASA. Una de las primeras cosas que me impactaron al llegar allí fue el lenguaje corrupto de algunas de las personas que trabajaban en ese lugar. Muchas de las frases soeces, incluían el nombre de Dios. Enceguecido en su pecado, el hombre pecador llega a este extremo. Dios entonces tiene sobradas razones para condenar eternamente a todo pecador que rechaza la oferta de salvación.

En tercer lugar, David nos presenta la respuesta del salmista ante el pecado. Los que somos hijos de Dios no podemos y no debemos cruzarnos de brazos ante el pecado del mundo. David no lo hizo. Veamos qué respuesta dio.

Número uno, se apartó de los pecadores. La segunda parte de salmo 139:19 dice: “Apartaos, pues, de mí, hombres sanguinarios.” David no andaba con rodeos. Dice que estos pecadores eran hombres sanguinarios, o asesinos. No quería tener ningún contacto con ellos. De esta manera estaba haciendo evidente de qué lado estaba. Es el principio de la separación. Para David, no era suficiente no hacer lo mismo que los pecadores hacen, David quería ir más allá. David quería estar lejos de los pecadores. Quizá para muchos, esta medida de David puede considerarse extremista. Pero cuando un pecador se resiste a tomar lo que Dios le ofrece, el perdón de pecados, y prefiere vivir en el fango del pecado, es hora de alejarse de él.

Número dos, odió a los que odian a Dios. Salmo 139:21-22 dice: “¿No odio, oh Jehová, a los que te aborrecen, y me enardezco contra tus enemigos? Los aborrezco por completo; los tengo por enemigos.” David está totalmente comprometido con la causa de Dios. Había tal unión entre Dios y David, que David llegó a amar lo que Dios ama y odiar lo que Dios odia. Los amigos de Dios eran amigos de David. Los enemigos de Dios eran enemigos de David.

Vemos en David a un hombre de convicción. David no bailaba al ritmo que le toquen como a veces vemos en muchos creyentes. Si están entre creyentes, actúan como creyentes, pero si están entre no creyentes, actúan como no creyentes. Esta es la respuesta de David ante el pecado. ¿Cuál es tu respuesta ante el pecado, amigo oyente? Si ya has arreglado tu problema de pecado con Dios, ¿Te has alejado de los pecadores que no quieren saber nada de Dios, aunque sean tus amigos íntimos, o aun familiares?

Cuando se trata de tomar una posición respecto a la persona de Dios o a la palabra de Dios o al pueblo de Dios, ¿adoptas una posición neutral? ¿Sientes vergüenza de afirmar que estás del lado de Dios? Dios no necesita gente neutral en cuanto a él, sino gente comprometida con él. David era uno de ellos. Yo también quiero ser uno de ellos. ¿Y tú?

Finalmente, en cuarto lugar, David nos presenta el ruego del salmista con relación al pecado. Salmo 139:23-24 dice: “Examíname, oh Dios, y conoce mi corazón; pruébame y conoce mis pensamientos; y ve si hay en mí camino de perversidad, y guíame en el camino eterno”

David ha manifestado un profundo conocimiento de Dios en este salmo. Es el producto de su comunión íntima con Dios. David también ha puesto muy en alto la santidad de Dios y ha tomado partido a favor de Dios en su odio al pecado. Pero aún así, David, como humano que es, está consciente de la presencia de la naturaleza pecaminosa en su ser. Por eso ruega a Dios por ayuda. Su ruego es porque Dios le examine constantemente y profundamente para detectar cualquier indicio de pecado en su corazón, de modo que David pueda reconocerlo, confesarlo y apartarse del mismo. Su ruego es también porque Dios le pruebe, así como un joyero prueba el oro para determinar su pureza, de modo que su pensamiento esté libre de cualquier contaminación con el pecado.

Lo que David está buscando es que Dios identifique y muestre cualquier indicio de maldad en su vida. David entonces estaría en capacidad de tomar las medidas correctivas que fueran necesarias. David tenía tal pasión por vivir en santidad que voluntariamente se somete a la supervisión constante de Dios. Por eso al final del salmo clama a Dios desde lo profundo de su alma y dice: “Guíame en el camino eterno.”

Cuanta falta nos hace amigo oyente, tener este fervor por vivir en santidad. No importa cuán santos creamos que somos en la práctica. Siempre hay lugar para crecer en santidad y por tanto, nuestro ruego permanente a Dios también debe ser como el David: “Oh Dios, examíname, reconoce mi corazón; ponme a prueba, reconoce mis pensamientos, mira si voy por el camino del mal, y guíame por el camino eterno.”

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