Qué grato es estar con usted, amiga, amigo oyente. La Biblia Dice… le da la bienvenida al estudio bíblico de hoy. Nuestro tema de estudio es el libro de Hebreos, en la serie que lleva por título: La preeminencia de Jesucristo. En esta ocasión, David Logacho nos mostrará como el autor de Hebreos insta a sus lectores a recibir a Jesucristo como Salvador.

En nuestro estudio de Hebreos, hemos llegado al tercer pasaje de advertencia a los judíos convencidos pero no convertidos. Hemos visto el gran problema que tenían estas personas. Por haber oído por tanto tiempo el evangelio, se habían vuelto tardos para oír o literalmente torpes para entender la superioridad del cristianismo sobre el judaísmo. Hemos visto también que para un gran problema se precisa de una gran solución. Esa solución es dejar el judaísmo, cortar de raíz con los ritos y tradiciones del judaísmo y seguir adelante hacia abrazar el cristianismo.

El conocer la verdad, y voluntariamente dar la espalda a la verdad es equivalente a imponerse una auto sentencia de condenación eterna, porque a través del autor de Hebreos, Dios dice que es imposible que los que reciben una total revelación de la verdad y recaen, o dan la espalda a esa verdad, sean renovados para arrepentimiento. Al finalizar su tercera advertencia, el autor de Hebreos va a mostrar que hay algunos judíos que son genuinamente convertidos, no solamente convencidos y basándose en este hecho va a desafiar a los judíos convencidos pero no convertidos, a recibir a Jesucristo como Salvador.

Vamos a abrir nuestras Biblias en el libro de Hebreos 6:9-12. En los versículos 9 y 10 tenemos la realidad de los judíos convertidos y en los versículos 11 y 12 tenemos el ruego a los judíos convencidos. Consideremos pues la realidad de los judíos convertidos. Hebreos 6:9-10 dice: “Pero en cuanto a vosotros, oh amados, estamos persuadidos de cosas mejores, y que pertenecen a la salvación, aunque hablamos así. Porque Dios no es injusto para olvidar vuestra obra y el trabajo de amor que habéis mostrado hacia su nombre, habiendo servido a los santos y sirviéndoles aún.”

Antes de nada, notemos el contraste con el que se introduce este pasaje. Pero en cuanto a vosotros, dice el texto. Este contraste es lo que nos permite afirmar que el autor de Hebreos está dirigiéndose ahora a judíos creyentes. Les dice también “oh amados”; este calificativo confirma que lo que está en la mente del autor ya no son los judíos convencidos y no convertidos, sino los judíos creyentes, sobre quienes, según Romanos 5:5 Dios derramó su amor y por tanto son amados para Dios y también amados por el autor del libro. ¿Cuál es el motivo para incluir a judíos creyentes? El texto dice: Estamos persuadidos de cosas mejores y que pertenecen a la salvación.

El autor de Hebreos se dirige a estos judíos creyentes para comunicarles la seguridad que él tenía en cuanto a ellos. Había negros nubarrones de duda en cuanto a los judíos convencidos pero no convertidos, pero en cuanto a los judíos creyentes había plena certeza. ¿Certeza de qué? De que ellos escogieron lo mejor, las cosas que pertenecen a la salvación. Los judíos creyentes, llegaron a conocer la verdad, fueron sensibles a esa verdad y se entregaron a esa verdad. Por eso eligieron lo mejor.

No importa lo que usted tenga, pero si no tiene a Cristo, ha desechado lo mejor, y su destino eterno es el infierno. Tal vez usted me dirá: Pero yo tengo mi religión. Pues, la salvación no resulta de tener tal o cual religión, sino de tener a Jesucristo como Salvador en el corazón. Al final del versículo 9 el autor de Hebreos dice: Aunque hablamos así. De esta manera, estaba diciendo a los judíos creyentes: Lo que dije a los judíos convencidos pero no convertidos, no es para ustedes.

No tienen razón para asustarse por lo que dije. En el versículo 10 podemos ver la razón para la certeza del autor de Hebreos en cuanto a la salvación de los judíos creyentes. Primero recurre al testimonio de Dios. Dice que Dios no es injusto para olvidar la obra y el trabajo de amor que mostraron estos creyentes judíos, hacia el nombre de Dios. Segundo, recurre al testimonio de la práctica de estos creyentes: Habiendo servido a los santos y sirviéndoles aun.

Qué interesante que los creyentes mostraron su amor a Dios por medio de su servicio a los santos. El servicio a otros debe provenir de un sincero amor a Dios. Notemos además que el servicio a los santos era continuo, no solamente cuando estaban con el deseo de hacerlo, sino continuamente.¿Cómo sabía el autor de Hebreos que esos judíos eran en verdad creyentes? Por el trabajo de amor a Dios y por la manifestación de este amor en el servicio a otros. ¿Cómo es su amor a Dios, amable oyente? Ojalá que su amor se esté manifestando en un servicio continuo a los creyentes.

Después de señalar la realidad de los judíos convertidos, en los versículos 11 a 12 el autor de Hebreos va a rogar a los judíos convencidos pero no convertidos a que imiten a los judíos creyentes. El texto dice así: “Pero deseamos que cada uno de vosotros muestre la misma solicitud hasta el fin, para plena certeza de la esperanza, a fin de que no os hagáis perezosos, sino imitadores de aquellos que por la fe y la paciencia heredan las promesas.” Hay varias cosas que debemos destacar en estos versículos. El “pero” del comienzo del versículo 11 nos lleva a pensar que el autor cambia de enfoque en cuanto a quienes se dirige.

Ya no va a hablar a los judíos creyentes, sino a los judíos convencidos pero no convertidos. Vemos que hay un ruego para ellos, un ruego personal. Deseamos que cada uno de vosotros muestre la misma solicitud hasta el fin. El ruego tenía que ver con que cada uno de los judíos convencidos pero no convertidos, muestre la misma solicitud que los judíos creyentes. La palabra solicitud, significa presteza, ligereza, diligencia. ¿Solicitud para qué? Para llegar al fin.

Los judíos convencidos estaban al borde mismo de su salvación, pero inexplicablemente se habían detenido allí, les faltaba la decisión de recibir a Jesucristo. No sean negligentes, es el ruego. Prosigan hasta el fin. Miren la diligencia con la que actuaron los judíos creyentes e imítenlos. El llegar hasta el fin, les garantizaría la plena certeza de la esperanza. En su estado de convencidos intelectualmente pero faltos de depositarse totalmente en esa verdad, no podían disfrutar de ninguna certeza de la esperanza que tenemos los creyentes.

El ser solamente convencidos les garantizaba más bien a la plena certeza de condenación eterna. En la palabra solicitud, notamos que hay un sentido de urgencia. La razón para esta urgencia la encontramos en el versículo 12 cuando dice: “a fin de que no os hagáis perezosos” La palabra “perezosos” en el idioma en que se escribió el Nuevo Testamento, es exactamente la misma palabra que en Hebreos 5:11 se ha traducido como “tardos para oír”, lo cual también significa “torpes para entender” Con este antecedente se hace claro el ruego a actuar rápidamente, con solicitud.

El mantenerse por largo tiempo en el borde mismo de la salvación y no recibir a Jesucristo como Salvador, puede llegar a producir torpeza para entender la necesidad de salvación, y cuando esto ocurre, se hará imposible volver a experimentar un arrepentimiento que conduzca a la salvación.

Así es amable oyente. Quizá usted es alguien que por mucho tiempo ha escuchado la palabra de Dios, sabe que es un pecador y que Jesucristo murió por usted para salvarle, pero hasta ahora n se ha decidido a hacerlo. Habrá muchas excusas para que no lo haya hecho, pero solamente serán eso, excusas. Quizá teme perder amigos o sufrir el rechazo de sus familiares, o pero aún, hay algún pecado que sinceramente no quiere abandonarlo. ¡Cuidado! Usted está en camino de ser uno de aquellos que se vuelven torpes para entender o tardos para oír o perezosos para recibir la salvación.

Quiera Dios que no haya llegado a ese punto, sino que todavía esté a tiempo para ser salvo por medio de recibir a Jesucristo como Salvador. En lugar de volverse perezosos para recibir a Jesucristo, los judíos convencidos pero no convertidos debían ser imitadores de los judíos creyentes, quienes por la fe y la paciencia heredan las promesas. Es interesante notar que la herencia de la promesa, o la salvación, viene por la fe, pero esa fe tiene que ser viva. La fe viva, a diferencia de la fe muerta, produce buenas obras. Esas buenas obras son la paciencia, por ejemplo.

Los judíos creyentes tenían una fe viva para ser salvos, esa fe viva se demostró en paciencia. Paciencia significa: capacidad de soportar. Ciertamente que necesitaban paciencia porque tan pronto un judío abandonaba el judaísmo y recibía a Jesucristo como Salvador, era objeto de burla, persecución, excomunión de la sinagoga y tantas otras cosas más. Pero su fe, siendo viva, les permitía soportar estas pruebas, sabiendo que son pasajeras y que bien valen la pena soportarlas a la luz de a gloriosa esperanza que aguarda a todo creyente en la eternidad.

Hemos visto entonces la realidad de los judíos creyentes y el ruego a los judíos convencidos pero no convertidos. Terminando ya, permítame hacer un llamado en el nombre de Jesucristo. Si usted es una persona que conoce el evangelio, pero hasta ahora no ha recibido a Jesucristo como Salvador, sea diligente, solícito en recibir a Jesucristo. No postergue más su decisión.

En un acto supremo de fe, reciba hoy a Jesucristo como su Salvador. Quizá hay muchas cosas que usted no sabe como van a funcionar, pero no se preocupe por eso, póngalo en la mano del Señor. Por ahora solamente reciba a Jesucristo, deje que él se encargue de lo demás. ¿Por qué preocuparse de algo que todavía no ha sucedido? Nuestra oración es que haya muchos que en este momento estén pasando de muerte a vida por medio de recibir a Jesucristo como Salvador.

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