¿Tiene algún significado el hecho que a Jesús le hayan puesto una corona de espinas antes de ser crucificado?

Ciertamente sí, y para apreciarlo en toda su dimensión es necesario remontarnos al primer libro de la Biblia, el libro de Génesis.

En este libro, en el capítulo 3 se nos relata ese episodio fatídico cuando el hombre y la mujer caen en pecado y hunden a sus descendientes y a la naturaleza en general en las terribles consecuencias del pecado.

Parte de la consecuencia del pecado del hombre lo tenemos en Génesis 3:17-19 donde dice: “Y al hombre dijo: Por cuanto obedeciste a la voz de tu mujer, y comiste del árbol de que te mandé diciendo: No comerás de él; maldita será la tierra por tu causa; con dolor comerás de ella todos los días de tu vida. Espinos y cardos te producirá, y comerás plantas del campo. Con el sudor del rostro comerás el pan hasta que vuelvas a la tierra, porque de ella fuiste tomado; pues polvo eres, y al polvo volverás.”

Como consecuencia del pecado del hombre, Dios maldijo la tierra y en lugar de producir de suyo toda planta y todo árbol, la tierra comenzó a producir de suyo espinos y cardos. Para que el hombre pueda extraer de la tierra su alimento necesitaría luchar contra la tendencia natural de la tierra de producir espinos y cardos. Los espinos y cardos que produce la tierra son el símbolo de una tierra maldita por el pecado.

Pero qué interesante. Los soldados romanos tomaron lo que la tierra produce de sí, como resultado de la maldición, las espinas y con ello fabricaron una corona para colocar sobre la cabeza de Jesús. Sin ellos advertirlo, estaban simbolizando que el sacrificio de Cristo, servía no solo para la salvación eterna del pecador sino también para quitar de en medio la maldición que, como consecuencia del pecado, pesa sobre la tierra.

El sacrificio de un Cristo llevando una corona tejida de espinas, es señal de que algún día, la tierra entera será liberada de la maldición del pecado. Eso se cumplirá en la consumación de los tiempos, cuando la maldición por el pecado sea totalmente eliminada en los cielos nuevos y la tierra nueva.

Note lo que dice Apocalipsis 22:3 “Y no habrá más maldición; y el trono de Dios y del Cordero estarán en ella, y sus siervos le servirán.”

Como Usted podrá notar, en estos nuevos cielos y nueva tierra, no habrá más maldición. La obra perfecta de Cristo en la cruz, logró que se elimine la maldición que pesa sobre la tierra actual a causa del pecado. La corona tejida de espinas que fue puesta sobre la cabeza de Jesús antes de ser crucificado nos debe llevar a meditar en este hecho.

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