Saludos cordiales amigo oyente. Bienvenido al estudio bíblico de hoy. Muchos creyentes piensan que lo único que ganaron al ser salvos es liberación de la condenación que pesa sobre el pecador. Ciertamente que la liberación de la condenación es una gran bendición de todos los creyentes, pero la salvación nos trajo mucho más que eso. En el estudio bíblico de hoy, el hermano David Logacho compartirá con nosotros algunos otros propósitos de la salvación.

La salvación es más que liberación de la condenación. Por supuesto que los salvos no vamos a ser condenados en el infierno, pero eso es solo una parte de la salvación.

Como antecedente, recuerde que Pablo consideró todo su brillante pasado en el judaísmo como una pérdida, porque todo fue obra de la carne y las obras de la carne para nada aprovechan, en otras palabras, eso no sirvió de nada para ganar su salvación. Pablo perdió todo para ganar todo. Pablo abandonó su propio esfuerzo para llegar a Dios y se refugió en la obra perfecta de Cristo en la cruz del Calvario. Lo que ganó fue la salvación en Cristo. Eso significó la liberación de la condenación, pero mucho más.

Veamos cuatro propósitos más de la salvación.

El primero. Filipenses 3:10 en su primera parte dice: “a fin de conocerle”

Pablo ha estado hablando de Cristo y dice que uno de los propósitos de la salvación es conocer a Cristo.

Cuando Pablo habla de conocer está refiriéndose a una intima experiencia con Cristo. El conocimiento de una persona viene con la comunión, con el trato con una persona y eso demanda tiempo y esfuerzo.

Cuando yo me case conocía a la que iba a ser mi esposa pero no de una manera intima, aunque habíamos sido novios por cuatro años, pero ahora varios años de casado con ella, han sido años maravillosos porque mientras más tengo comunión con ella, mientras más le trato, más le conozco y mientras más le conozco más me gusta. La comunión y el tiempo han resultado en conocimiento y eso ha traído gozo y satisfacción a mi vida.

Algo parecido sucede con Cristo Jesús. Cuando le recibimos por la fe como nuestro Salvador, no le conocíamos tanto. Claro que sabíamos que era el Dios hombre, quien nos amó tanto que se dio a sí mismo para poder salvarnos, pero nada más.

Es a medida que transcurre el tiempo y mientras tenemos comunión, compañerismo, trato con él que le vamos conociendo más y más y mientras más le conocemos más admirados estaremos de su belleza, de su grandeza, de su poder. Pablo quería conocer lo más que podía a su Salvador y ni toda la vida era suficiente para lograrlo.

¿Tiene Ud. también este anhelo amigo oyente? ¿Desea al igual que Pablo conocer íntimamente a su Salvador? Si ese es su deseo, ¿está pasando tiempo con él en oración, en la lectura, estudio y meditación de su palabra? No se puede conocer a una persona teniendo un contacto esporádico únicamente.

Para muchos creyentes es suficiente con ir cada domingo al templo para oír la palabra de Dios y orar, pero solo con eso jamás podrán conocer íntimamente a Cristo Jesús. Ud. necesita pasar tiempo con él diariamente, orando y alimentándose de la palabra de Dios. La salvación no es solo para escapar del fuego del infierno, es también para conocer íntimamente a Aquel que siendo rico se hizo pobre por amor de nosotros.

Además de esto, en segundo lugar, la salvación es para “experimentar el poder de su resurrección”. Eso dice la segunda parte de Filipenses 3:10. El poder que resucitó a Cristo de entre los muertos es un poder jamás imaginado siquiera por cualquier ser humano. Alguien ha dicho que en la resurrección de Cristo se manifestó un poder infinitamente mayor que el poder de todas las bombas atómicas de todas las potencias mundiales juntas.

Note lo que dice Pablo acerca de este poder en Efesios 1:18-21: “alumbrando los ojos de vuestro entendimiento, para que sepáis cuál es la esperanza a que él os ha llamado, y cuáles las riquezas de la gloria de su herencia en los santos, y cuál la supereminente grandeza de su poder para con nosotros los que creemos, según la operación del poder de su fuerza, la cual operó en Cristo, resucitándole de los muertos, y sentándole a su diestra en los lugares celestiales, sobre todo principado y autoridad y poder y señorío, y sobre todo nombre que se nombra, no sólo en este siglo sino también en el venidero”

La supereminente grandeza de su poder. Esto es para decir el mayor poder que se pueda imaginar. Este fue el poder que resucitó a Cristo de entre los muertos. Es el mismo poder que está a disposición de todos los creyentes. Si lo recibimos por fe nada ni nadie podrá hacernos frente. Nuestra vida cristiana será un continuo progreso hacia la madurez espiritual. La salvación nos trajo el escape de ir al infierno pero mucho más.

Ya hemos visto que nos trajo el poder conocer íntimamente a Cristo y el poder experimentar el poder de su resurrección para vivir la vida cristiana.

En tercer lugar, la salvación en Cristo nos trajo el poder participar en los padecimientos de Cristo. Filipenses 3:10 en su última parte dice: “y la participación de sus padecimientos, llegando a ser semejante a él en su muerte”

Recuerde que estamos hablando de propósitos de la salvación. Uno de esos propósitos es el sufrimiento. Somos salvos para sufrir. Esto parece extraño, pero recuerde mi amigo que estamos hablando de sufrir por la causa de Cristo. Sufrir por la causa de Cristo en un privilegio. 1 Pedro 4:14 dice: “Si sois vituperados por el nombre de Cristo, sois bienaventurados, porque el glorioso Espíritu de Dios reposa sobre vosotros. Ciertamente de parte de ellos, él es blasfemado, pero por vosotros es glorificado”

Cristo fue vituperado, y crucificado, que nos hace pensar que sus seguidores no seremos también vituperados si él mismo dijo: El siervo no es mayor que su señor. Si a mí me han perseguido, también a vosotros os perseguirán. Pablo estaba dispuesto aún a ser sacrificado por Cristo, por eso dijo: llegando a ser semejante a él en su muerte.

¿Está Ud. dispuesto a morir por Cristo? Si lo está, entonces cuanto más dispuesto debería estar a vivir por Cristo. A veces decimos que estamos listos a morir por Cristo, pero nuestro pertinaz deseo de hacer nuestra propia voluntad en todo momento nos dice que ni siquiera estamos dispuestos a vivir por Cristo, peor morir por él.

Con Pablo fue distinto, el vivió por Cristo y estaba dispuesto a morir por Cristo. Parece que efectivamente llegó a ser un mártir de la fe en las manos del sanguinario emperador romano Nerón. La salvación no es solo escapar del infierno. Es poder conocer íntimamente a Cristo, es poder experimentar el poder de la resurrección de Cristo, y es el poder participar de los padecimientos de Cristo.

En cuarto y último lugar, la salvación es para poder participar de la resurrección de Cristo. Filipenses 3:11 dice: “si en alguna manera llegase a la resurrección de entre los muertos”

Parece como que Pablo estaría expresando duda sobre si los muertos resucitan, pero no hay tal, lo que Pablo está diciendo es que si llega a morir por la causa de Cristo, está seguro de participar de la misma resurrección que experimentó Cristo.

¿Sabia Ud. que existía la posibilidad de que Pablo no llegara a morir? ¿Cómo? Pues suponga que el arrebatamiento de la iglesia hubiera llegado en los días que Pablo vivía, si así hubiera sido, Pablo no habría muerto y tampoco habría experimentado la resurrección de entre los muertos, a esto es a lo que Pablo se refiere cuando dice: si en alguna manera llegase a la resurrección de entre los muertos.

Si tenía que morir Pablo estaba seguro que experimentaría la resurrección de entre los muertos, de la misma manera que Cristo experimentó.

¿Tiene Ud. esta esperanza amigo oyente? Para tenerla, lo único que debe hacer es recibir por fe a Cristo como su Salvador. El dijo: Yo soy la resurrección y la vida; el que cree en mí, aunque esté muerto, vivirá.

Así que, la salvación nos trajo mucho más que la escapatoria de ser condenados en el infierno, nos trajo el poder conocer a Cristo íntimamente, nos trajo el poder experimentar todo el poder que se manifestó en la resurrección de Cristo, nos trajo el poder participar en los padecimientos de Cristo, lo cual es un gran privilegio y nos trajo el poder experimentar la misma resurrección que Cristo experimentó.

Todo esto debe traer gozo a nuestros corazones así como trajo un gozo inefable al corazón de Pablo.