El gnosticismo es una filosofía que resulta de la mezcla de la filosofía oriental y el legalismo judío. Los seguidores de esta filosofía se llaman los gnósticos. La palabra gnosticismo viene de la palabra griega «gnosis» que significa conocimiento. Los gnósticos se creen los súper sabios de las cosas profundas de Dios. El gnosticismo es considerado como una herejía en la Biblia. Existe todo un libro en el Nuevo Testamento que se escribió para refutar esta herejía. Se trata de la carta del Apóstol Pablo a los Colosenses. Esta herejía prometía a la gente tal unidad con Dios, que prácticamente llegaban a la perfección espiritual. Por supuesto que para llegar a esta perfección, tenían que iniciarse en las obscuras ceremonias y enseñanzas prescritas por el gnosticismo. Los supuestos beneficios del gnosticismo no estaban a disposición del común de los mortales sino solamente de los iniciados. El conocimiento profundo de todo era tal, que la gente podía liberarse de lo material y ponerse en contacto exclusivamente con lo espiritual. El apóstol Pablo refutó ardientemente esta filosofía diciendo que era una hueca sutileza según las tradiciones de los hombres y no según Dios.

El gnosticismo nació de una pregunta filosófica. ¿Por qué existe el mal en el mundo si el mundo fue creado por un Dios santo? Los filósofos se rompían la cabeza tratando de hallar una respuesta a esta pregunta y la conclusión a la que llegaron es que la materia debía ser esencialmente mala. Esta conclusión errada condujo a otra conclusión errada. La idea que un Dios santo no podía tener contacto con la materia porque la materia era esencialmente mala. De modo que para que Dios tenga algún contacto con el mundo, debía hacerlo por medio de una serie de emanaciones divinas. Los gnósticos creían en un mundo espiritual poderoso, que usaba las cosas materiales para atacar a la humanidad. También apoyaban una especie de astrología, pensando que los seres angélicos gobernaban los cuerpos celestes y así ejercían una influencia sobre los asuntos de la tierra. Junto con esta especulación filosófica oriental apareció una forma de legalismo judío. Los maestros de esta filosofía creían que el rito judío de la circuncisión ayudaba en el desarrollo espiritual. Pensaban también que la ley del Antiguo Testamento, especialmente lo que tenía que ver con los alimentos, era útil para alcanzar la perfección espiritual. Tenían reglas muy elaboradas para determinar lo que era bueno y lo que era malo.

Por el hecho que para los gnósticos, la materia es esencialmente mala, tenían que hallar algún modo de controlar su propia naturaleza humana, en su afanosa búsqueda de la perfección espiritual. Fue así como resultaron dos líneas de pensamiento dentro de los gnósticos. Una línea de pensamiento sostenía que la única manera de conquistar la materia malévola era por medio de una disciplina rígida y esto condujo al ascetismo. La otra línea de pensamiento enseñaba que el ser humano podía cometer todo tipo de pecado porque después de todo, como el cuerpo es materia y por tanto malo, no importa que haga cualquier cosa mala que desee. Los gnósticos también atacaban a la persona de Cristo. Para los gnósticos, Cristo era simplemente una de las muchas emanaciones de Dios, pero de ninguna manera el Hijo de Dios en carne. La encarnación, bíblicamente hablando significa que Dios está con nosotros según lo que dice Mateo 1:23, pero estos falsos maestros insistían que Dios no puede estar ni siquiera cerca de nosotros.

 

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