Que grato saludarle, amiga, amigo oyente. Reciba una cordial bienvenida al estudio bíblico de hoy. Estamos estudiando el libro de Efesios en la serie titulada: Las Maravillas de la Gracia de Dios. En nuestro último estudio bíblico, el apóstol Pablo nos hizo una exhortación importante. Hablando de creyentes que sin embargo viven en pecado de inmoralidad, Pablo dijo: No seáis pues partícipes con los incrédulos. La pregunta que probablemente estará surgiendo en nuestra mente es: ¿Por qué? ¿Por qué no puede un creyente participar con los incrédulos en sus obras impías? Qué tal si dejamos que la palabra de Dios responda esta pregunta.

Qué bendición es tener la palabra de Dios a nuestra disposición. En ella encontramos la guía para vivir con significado en este mundo, mientras esperamos el tiempo cuando el Señor nos lleve para estar para siempre con Él. Si tiene una Biblia a la mano, ábrala en el libro de Efesios, capítulo 5 versículos 8 a 14. En este pasaje bíblico tenemos tres razones por las cuales un creyente no puede participar con los incrédulos en sus actos inmorales. La primera razón es porque es contrario a la esencia del creyente. Efesios 5:8 dice: Porque en otro tiempo erais tinieblas,  mas ahora sois luz en el Señor;  andad como hijos de luz
En este versículo Pablo nos presenta la esencia del incrédulo y la esencia del creyente. El incrédulo es tinieblas en esencia, el creyente es luz en esencia. Note que el incrédulo es tinieblas, no solamente está en tinieblas sino que él mismo es tinieblas, no puede amar a Dios, porque su corazón es tinieblas. No puede obedecer a Dios, porque su voluntad es tinieblas. No puede conocer a Dios porque su mente es tinieblas. El incrédulo viene al mundo en tinieblas. Es tinieblas por herencia al ser descendiente de Adán y es tinieblas por voluntad propia al amar más las tinieblas que la luz. Juan 3:19 dice: Y esta es la condenación:  que la luz vino al mundo,  y los hombres amaron más las tinieblas que la luz,  porque sus obras eran malas.
Así es amable oyente, el ser humano que no tiene a Cristo en su corazón es tinieblas y está en tinieblas. Las tinieblas son símbolo del estado de separación de Dios. Por el contrario, el creyente es luz. 1 Juan 1:5 dice: Este es el mensaje que hemos oído de él,  y os anunciamos:  Dios es luz,  y no hay ningunas tinieblas en él.
Siendo que el creyente es hijo de Dios y siendo que Dios es luz, el creyente también es luz. Andar como hijos de luz, significa vivir ante los ojos de Dios sin tener nada que esconder. Es relativamente fácil esconder cosas de otras personas porque estas personas no pueden ver nuestra mente y corazón, pero Hebreos 4:13 dice lo siguiente: Y no hay cosa creada que no sea manifiesta en su presencia;  antes bien todas las cosas están desnudas y abiertas a los ojos de aquel a quien tenemos que dar cuenta.
Andar como hijos de luz también implica reflejar la luz de Dios en nuestras vidas. Mediante nuestra conducta diaria debemos manifestar la luz de Dios en lo que hacemos, en lo que pensamos, en lo que decimos. Es interesante notar que todo creyente, antes de recibir a Cristo como Salvador era tinieblas y por tanto estaba acostumbrado a hacer las obras de las tinieblas, pero esto es el pasado del creyente, ahora el creyente es luz y como tal, pecar abiertamente o encubiertamente va en contra de la esencia del creyente porque él es luz y la luz jamás se manifiesta en una vida que practica el pecado. La segunda razón porque un creyente no debe participar en los actos inmorales con los incrédulos, es porque es contrario a la expresión del Espíritu. Efesios 5:9-10 dice: (porque el fruto del Espíritu es en toda bondad,  justicia y verdad),
Eph 5:10  comprobando lo que es agradable al Señor.
Esta es la expresión del Espíritu en la vida del creyente. El Espíritu no se expresa en los pecados que Pablo ha descrito en Efesios 5:3, es decir, fornicación, inmundicia y avaricia, sino en toda bondad, esto es en toda forma activa de amor. Se manifiesta en justicia o rectitud de carácter ante Dios y rectitud de acciones ante los hombres. Se manifiesta también en verdad, todo lo contrario a la falsedad e hipocresía. Esta es la expresión del Espíritu, y todo creyente verdadero tiene el Espíritu de Dios, por tanto la vida de ese creyente debe estar manifestando estas virtudes. Tanto la bondad como la justicia y la verdad se ponen en acción para comprobar lo que es agradable al Señor. El fruto del Espíritu se manifiesta en un deseo ardiente de experimentar todo aquello que traiga satisfacción al corazón de Dios. Vemos entonces, cuan contraria es la expresión del Espíritu que habita en todo creyente a la expresión de carne, o la vieja naturaleza que también mora en todo creyente. Gálatas 5:19-21 describe en términos bastante descriptivos la obra de la carne, mientras que Gálata 5:22-23 describe el fruto del Espíritu. Ponga atención a lo que voy a leer. Y manifiestas son las obras de la carne,  que son:  adulterio,  fornicación,  inmundicia,  lascivia,
Gal 5:20  idolatría,  hechicerías,  enemistades,  pleitos,  celos,  iras,  contiendas,  disensiones,  herejías,
Gal 5:21  envidias,  homicidios,  borracheras,  orgías,  y cosas semejantes a estas;  acerca de las cuales os amonesto,  como ya os lo he dicho antes,  que los que practican tales cosas no heredarán el reino de Dios.
Gal 5:22  Mas el fruto del Espíritu es amor,  gozo,  paz,  paciencia,  benignidad,  bondad,  fe,
Gal 5:23  mansedumbre,  templanza;  contra tales cosas no hay ley.
La tercera razón por qué el creyente no debe participar con el incrédulo en actos inmorales es porque es contrario al efecto de la luz sobre las tinieblas. Efesios 5:11-14 dice: Y no participéis en las obras infructuosas de las tinieblas,  sino más bien reprendedlas;
Eph 5:12  porque vergonzoso es aun hablar de lo que ellos hacen en secreto.
Eph 5:13  Mas todas las cosas,  cuando son puestas en evidencia por la luz,  son hechas manifiestas;  porque la luz es lo que manifiesta todo.
Eph 5:14  Por lo cual dice:
Despiértate,  tú que duermes, 
 Y levántate de los muertos, 
 Y te alumbrará Cristo.
La luz disipa las tinieblas. Las dos cosas no pueden estar juntas jamás. Donde está la una no puede estar la otra. Si usted entra a un cuarto obscuro y se da modos para ubicar el interruptor de la luz y lo acciona, inmediatamente se presenta la luz y automáticamente desaparecen las tinieblas. Siendo que el creyente es luz no puede participar en las obras infructuosas de las tinieblas, sino más bien reprenderlas. Una hermana en Cristo asistió una vez a una cena de aniversario de bodas de un amigo suyo, sin saber que después de la cena se iba a presentar un cómico para entretener a los invitados. El cómico comenzó su repertorio con una andanada de chistes de grueso calibre que la mayoría los celebraba con sonoras carcajadas. En eso, parece que al cómico se le secó la garganta y solicitó un vaso de agua. La hermana en Cristo aprovechó la ocasión inesperada y se levantó como un resorte de su silla y en voz alta, asegurándose que no sólo el cómico sino todos le oigan dijo: Sí… y además de agua tráiganle un cepillo de dientes y jabón. Para todos fue obvio que la hermana en Cristo estaba muy incómoda con el hablar de aquel cómico. Es un ejemplo de alguien que se resiste a participar con los incrédulos en sus obras impías. La luz está para poner en evidencia la basura del mundo, las cosas que los incrédulos hacen en secreto, vanamente pensando que nunca van a ser reveladas. Lejos de participar de las obras malas de los incrédulos, el creyente debe ponerlos en evidencia para que las obras malas sean reconocidas por quienes las cometen y eventualmente busquen perdón de Dios y una nueva vida en Cristo. Hemos visto entonces tres razones por qué un creyente no debe participar con los incrédulos en sus obras malas. Porque es contrario a la esencia del creyente, porque es contrario a la expresión del Espíritu Santo y porque es contrario al efecto que la luz sobre las tinieblas. ¿Está usted participando con los incrédulos en las obras impías que ellos hacen a pesar que usted es creyente? Recuerde la exhortación del Señor: No participéis en las obras infructuosas de las tinieblas, sino más bien reprendedlas. Nuestra oración es que usted como creyente pueda aplicar esta enseñanza a su vida. Amén.

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