Es un gozo saludarle amigo oyente. Sea Usted bienvenido al estudio bíblico de hoy. La guerra ha sido el común denominador de la humanidad desde que Caín derramó la sangre de su hermano Abel. Millones y millones han perdido la vida en los miles de conflictos bélicos que han surgido en el mundo. Dos de ellos de alcance mundial. Solo pensando en la segunda guerra mundial, por ejemplo, nada más y nada menos que 93 millones de hombres y mujeres tuvieron parte activa en las fuerzas armadas de las naciones beligerantes. Las naciones aliadas movilizaron a más de 62 millones en contra de alrededor de 30 millones de los países del Eje. De los aliados, la movilización Rusa fue la más numerosa con 22 millones. Luego los Estados Unidos con 14 millones. El imperio Británico movilizó a 12 millones, la mitad de ellos del Reino Unido. Por el lado el Eje, Alemania movilizó a 17 millones y Japón entre 7 y 8 millones. El total de bajas en la segunda guerra mundial fue más o menos la décima parte de los movilizados. Es decir casi 10 millones de personas. Los aliados perdieron al 7.5 % de su personal y el Eje perdió al 17% de su personal. Esta es la fría y escalofriante realidad de la guerra amable oyente. Y estamos hablando de una sola guerra. La mayor ciertamente. ¿Y las miles de otras guerras, en el pasado y en el presente? Es algo que no se puede esconder. Pero ¿Por qué estamos hablando de guerras, y muertes sangrientas? Pues porque esto es el preludio de lo que sucederá durante la tribulación, ese sera el tema del estudio bíblico de hoy.

El pasaje bíblico para hoy, se encuentra en Apocalipsis 6:3-4. Esta porción bíblica trata el tema del juicio de Dios sobre la tierra según lo determinado por el segundo sello. Encontramos aquí la apertura del segundo sello y el contenido del segundo sello. Vayamos a lo primero. La apertura del segundo sello. Apocalipsis 6:3 dice: “Cuando abrió el segundo sello, oí al segundo ser viviente, que decía: Ven y mira.” El apóstol Juan está contemplando los eventos portentosos que tendrán lugar en la tierra una vez que la iglesia sea arrebatada al cielo. Había visto a Jesucristo, el Cordero abriendo el primer sello. Esto originó que un jinete en caballo blanco irrumpa a todo galope en la escena del mundo. El jinete tenía un arco pero no tenía flechas y le fue dada una corona, y salió venciendo, y para vencer. Esto es una especie de entrada triunfal del Anticristo en la tierra. Su personalidad será tal que conquistará el mundo sin derramamiento de sangre. Inmediatamente será coronado como el líder del mundo, el héroe de la humanidad toda. Inicialmente tendrá mucho éxito. Logrará que la gente del mundo olvide el revuelo que causó la súbita desaparición de millones de creyentes en el Arrebatamiento. El mundo tendrá paz y prosperidad, pero no para siempre. Solo por breve tiempo. Solo hasta que Jesucristo, el Cordero, abra el segundo sello. Tan pronto Jesucristo abrió el segundo sello, el segundo ser viviente, el cual era semejante a un becerro, clamó con voz de trueno diciendo: Ven y mira. Juan se dispuso entonces a mirar lo que traía el segundo sello. Consideremos el contenido del segundo sello. Apocalipsis 6: 4 dice: “Y salió otro caballo, bermejo; y al que lo montaba le fue dado poder de quitar de la tierra la paz, y que se matasen unos a otros; y se le dio una gran espada.” Absorto, Juan contempla que en la escena de la tierra entra a todo galope un corcel bermejo, o rojo sangre. El que lo montaba recibió el poder de arrebatar la paz de la tierra y que se matasen unos a otros. Interesante amigo oyente. El jinete sobre el caballo blanco, el del primer sello, logró que la tierra tenga algo de paz, pero esa paz no duró mucho. Así es la paz que el mundo ofrece. Es pasajera y normalmente presagia terribles males. Por algo afirma el dicho que la calma precede a la tormenta. La paz se hizo humo cuando apareció el segundo jinete del Apocalipsis. El color del caballo, rojo sangre, es símbolo de la sangre que se derramará a raudales durante la tribulación. Este derramamiento de sangre es el resultado de la acción del jinete que cabalga en el caballo rojo sangre. Lo vemos recibiendo el poder de quitar la paz de la tierra. La forma de quitar la paz de la tierra será a través de una variedad de métodos. El texto dice simplemente que se matarán unos a otros. Será por guerra entre naciones, será por terrorismo. Será por guerrilla. Será por delincuencia. Será inclusive por guerra religiosa. La gran espada que se le dio es símbolo de la guerra generalizada que se abatirá sobre el mundo. Cuando el mundo se vio sumido en la crisis del Golfo Pérsico, Sadam Husein dijo que la guerra en el Golfo va a ser la madre de las batallas de la tierra. Bueno, fue una batalla muy recia, en la cual Sadam Husein llevó la peor parte, pero eso es nada en comparación de las guerras numerosas y sangrientas que tendrán lugar durante la tribulación. Será el tiempo cuando el jinete del caballo rojo sangre haga uso sin misericordia de la gran espada que le fue dada. Todo este cuadro dantesco fue profetizado por el Señor Jesucristo en Mateo 24:6 y 7 cuando dijo: “Y oiréis de guerras y rumores de guerras; mirad que no os turbéis, porque es necesario que todo esto acontezca; pero aún no es el fin. Porque se levantará nación contra nación, y reino contra reino” Allí lo tiene amable oyente. En la tribulación se cumplirá al pie de la letra lo que profetizó el Señor Jesucristo. Mientras Usted escucha todo esto, es probable que Usted esté pensando que estamos exagerando la nota. Solo hace falta mirar al pasado reciente y aun al presente para saber que el mundo va marchando hacia una conflagración a gran escala. En cierta época no muy lejana, hubo 60.000 bombas de hidrógeno listas para ser usadas. Con este material bélico se podía eliminar a 17 planetas como la tierra, sumiéndolos a temperaturas que alcanzan 130 millones de grados Fahrenheit. En esa época había 15 naciones que poseían armamento nuclear y 25 naciones estaban trabajando febrilmente para conseguirlo. Hoy en día la situación será mucho peor. Es el eco del galopar del caballo bermejo. La industria bélica es una de las más florecientes industrias de todas las épocas. Existen países que están dispuestos a sacar hasta la última gota de sangre de sus ciudadanos en impuestos elevados, para tener el suficiente dinero para comprar sofisticado armamento. La revista Moody Monthly reveló que el costo para producir la primera bomba atómica fue 2 mil millones de dólares, cantidad más que suficiente para mantener a 10.000 misioneros en el campo misionero por un periodo de 100 años a un promedio de 2000 dólares por año para cada uno. La cantidad de dinero que Estados Unidos gastó en la segunda guerra mundial hubiera servido para mantener a 1,500,000 misioneros en el campo misionero por 100 años a un promedio de 2000 dólares por año para cada uno. Esta es la triste situación del mundo, amigo oyente. Todos quieren estar armados para vivir en paz. Paradoja incomprensible, pero real. Por eso es que hasta los niños o adolescentes tienen acceso a las armas de fuego y de vez en cuando las usan contra sus mismos compañeros o profesores. Todo esto debe ser interpretado como el eco del galopar del caballo bermejo. Está cercano el día cuando hará su entrada triunfal a la tierra. Así que, amigo oyente, no nos engañemos pensando que el hombre por su propio ingenio va a convertir las espadas en rejas de arado y las lanzas en hoces. Todo lo contrario, el hombre es el lobo del hombre y se encamina a una matanza de todos contra todos. El caballo bermejo y su jinete blandiendo la gran espada es prueba de ello. Mucho hemos hablado de guerra y sangre derramada. Déjeme terminar con algo diametralmente opuesto. Hablemos de paz, pero no de esa paz pasajera como la que traerá el Anticristo al inicio de la tribulación. Hablemos de esa paz permanente que solamente Cristo sabe dar. Juan 14:27 dice: “La paz os dejo, mi paz os doy; yo no os la doy como el mundo la da. No se turbe vuestro corazón, ni tenga miedo” Qué hermosas palabras amable oyente. ¿Tiene Usted esta paz? Si no la tiene, eso significa que Usted está en guerra con Dios. Usted es un enemigo de Dios. No será extraño que también esté en guerra con otras personas. Para hacer la paz con Dios, Usted necesita recibir a Cristo como su Salvador personal. Hágalo hoy mismo si no lo ha hecho todavía. Entonces tendrá la paz de Dios en su vida y eso se manifestará en paz con otros hombres y adicionalmente, Usted será librado por Jesucristo de la horrorosa tribulación que está por venir sobre este mundo, en la cual la guerra abierta será justamente una de las características más sobresalientes.