Saludos cordiales amiga, amigo oyente. Bienvenida, bienvenido al estudio bíblico del día de hoy. A manera de introducción para el presente estudio, hagamos un breve repaso de lo que hasta ahora hemos estudiado en el libro de Hageo. Recordemos que Ciro el rey Medo Persa, autorizó a algunos judíos a salir de Babilonia y retornar a Palestina, la tierra de la cual fueron transportados a causa de su alejamiento de Dios. Fue así como Zorobabel gobernador y Josué sumo sacerdote lideraron un grupo de cómo 50.000 judíos que retornaron a la amada patria. Tan pronto llegaron a Palestina encontraron que el otro hora fastuoso templo de Jerusalén, construido por Salomón, no era sino un montón de ruinas. Las huestes salvajes de Nabucodonosor no habían dejado piedra sobre piedra. Natural era por tanto que la primera actividad a realizarse en la amada tierra natal fuera la reconstrucción del templo. Acorde con esto, emprendieron la ardua tarea de reedificar el templo. En medio de los sollozos de los más viejos y la alegría de los más jóvenes se echaron los cimientos de lo que iba a ser el templo de Jerusalén. Pero muy pronto se hizo presente la oposición de los enemigos de la obra del Señor. Con amenazas, calumnias y violencia lograron que se paralizara la reconstrucción del templo. Habían pasado ya como unos 16 años y el templo de Jerusalén seguía en ruinas, la gente pensaba que todavía no era el tiempo de re-emprender los trabajos de reedificación y mientras tanto se dedicaron cada uno a su propio negocio, a edificar sus propias moradas. Pero lo curioso es que todo lo que trataban de hacer les salía mal. Dejó de llover y la tierra no producía su fruto. Por tanto había hambre entre el pueblo. Algunos abandonaron la agricultura y se dedicaron a trabajar a jornal, pero aún ellos recibían su jornal en saco roto, una manera pintoresca para decir que lo que ganaban no les alcanzaba para nada. Quien estaba detrás de esta debacle económica era Dios, quien por medio de las circunstancias adversas estaba comunicando a la gente: Ya es tiempo de reconstruir mi templo, siempre ha sido tiempo, dejen ya de ser egoístas ocupándose en ustedes mismos y dediquen tiempo a levantar mi templo, para que yo ponga en él mi voluntad y sea glorificado. Los judíos o no entendieron el mensaje o si lo entendieron no lo hicieron caso. Por eso Dios levantó un profeta, su nombre es Hageo, quien con el poder del Espíritu Santo comunicó a los judíos que ya es tiempo para edificar la casa de Dios y que la desgracia económica que estaban soportando era la disciplina de Dios por su negligencia hacia la obra de Dios. El mensaje del profeta fue tan efectivo que antes que termine el mes el pueblo decidió reiniciar los trabajos de reconstrucción. Fue así como el día 24 del mes sexto en el segundo año del rey Darío, el pueblo empezó nuevamente a trabajar. Pero nuevamente aquí, muy pronto apreció un enemigo de la obra de Dios. Su nombre era desánimo. El desánimo entró en parte por lo mucho que había que hacer y en parte por la tendencia de mucha gente a comparar entre lo que era le templo antes de ser destruido y lo que ellos estaban edificando. Muchos quizá pensaban que no valía la pena seguir trabajando porque lo que estaban haciendo era como nada en comparación de lo que fue antes. Ud. Sabe, el típico todo tiempo pasado fue mejor. Fue en estas circunstancias que Dios envía un nuevo mensaje a los líderes del pueblo y al pueblo en general cuyo propósito era animarles a continuar con la obra. La manera de animarles fue por medio de ayudarles a tener una perspectiva correcta del presente y una perspectiva correcta del futuro. En el estudio bíblico de hoy, David Logacho nos mostrará cuál es esa perspectiva correcta del presente y dejaremos para nuestro próximo estudio bíblico la perspectiva correcta del futuro.

Si tiene una Biblia a la mano, ábrala por favor en el libro de Hageo, capítulo 2 versículo 4 y 5.
En este pasaje encontramos la perspectiva correcta del presente que va ayudar a los judíos a recuperar el ánimo para trabajar. Dice así: “Pues ahora, Zorobabel esfuérzate, dice Jehová; esfuérzate también, Josué hijo de Josadac, sumo sacerdote; y cobrad ánimo, pueblo todo de la tierra, y trabajad; porque yo estoy con vosotros, dice Jehová de los ejércitos. Según el pacto que hice con vosotros cuando salisteis de Egipto, así mi Espíritu estará en medio de vosotros, no temáis”
Note que Jehová por medio de Hageo da el mismo mandato a tres grupos diferentes. El mandato es esfuérzate o cobrad ánimo que es lo mismo. Esforzarse o cobrar ánimo era lo que tenían que hacer, Zorobabel, el gobernador, Josué el sumo sacerdote y el pueblo en general. Cada grupo tenía funciones específicas, pero el desánimo estaba afectando a todos por igual, por eso, todos tenían que esforzarse o cobrar ánimo.
Cuando el desánimo entra en la obra del Señor, todos tenemos que esforzarnos, no solamente los pastores, no solamente los diáconos, no solamente los maestros de escuela dominical, sino todos los miembros de la congregación.
A veces pensamos que son los demás quienes tiene que esforzarse o cobrar ánimo, no nosotros, pensamos que nosotros estamos bien, y que los demás tienen que cambiar, pero no es así, si vamos a derrotar el desánimo, todos y cada uno tenemos que cambiar para bien. Una vez que cobremos fuerza podremos trabajar en la obra del Señor. La falta de actividad es un gran aliado del desánimo.
Por eso, Dios por medio de Hageo dice: no se quede estático, esfuércese y trabaje. Pero para esforzarse o cobrar ánimo para poder trabajar se necesita una fuente de energía o fortaleza. ¿Cuál era la fuente de fortaleza para el pueblo judío? No era ni su riqueza, ni su talento, ni sus antepasados. Su fuente de fortaleza era el Señor.
Al final el versículo 4 dice: “porque yo estoy con vosotros, dice Jehová de los ejércitos” Qué hermosa promesa. No era que iban a tener en el futuro o algo que iban a tener si no pecaban, no. Jehová de los ejércitos dice simple y llanamente: Yo estoy ahora y siempre con Uds. Esfuércense en mí, yo soy la fuente de toda la fortaleza que ustedes necesitan. Interesante es el nombre de Dios que aparece en esta frase. Jehová de los ejércitos. Esto significa aquel que tiene a su mando a todas las huestes tanto humanas como espirituales, tanto en este mundo como en el universo entero y que con una sola orden suya puede hacer lo que él desea.
Qué seguridad tenían los judíos al saber que Jehová de los ejércitos estaba con ellos. Ahora ¿sabe una cosa? Si Ud. es un hijo de Dios como yo, nosotros tenemos exactamente la misma promesa. Al final de Mateo 28:20 leemos estas palabras: “Y he aquí yo estoy con vosotros todos lo días, hasta el fin mundo Amén”
¿Existe razón para estar desanimados? No porque Jehová de los ejércitos está con nosotros, Y si Dios es por nosotros, ¿quién contra nosotros?
Volviendo al libro de Hageo, Jehová de los ejércitos insiste en su promesa para Zorobabel, Josué y pueblo diciendo: “Según el pacto que hice con vosotros cuando salisteis de Egipto, así mi Espíritu estará en medio de vosotros, no temáis”
Cuando el pueblo salió de la esclavitud en Egipto, recibieron muchas promesas de Dios, una de ellas aparece en Éxodo 29:45 donde dice: “Y habitaré entre los hijos de Israel, y seré su Dios” a promesas como ésta es a lo que se refiere Jehová de los ejércitos cuando dijo: según el pacto que hice con vosotros cuando salisteis de Egipto, así mi Espíritu estará en medio de vosotros.
¿Qué hacer con todo esto? No temáis dice el texto. Para qué temer si Jehová de los ejércitos está con ellos y su Espíritu está en medio de ellos. No quedaba el mínimo resquicio para que entrara el enemigo. Ud. y yo, si hemos confiado en Cristo como nuestro Salvador, tenemos el Espíritu Santo no sólo en medio nuestro sino en o dentro de nosotros.
La palabra de Dios es clara al decir que el Padre, el Hijo y el Espíritu Santo mora en cada uno de los somos sus hijos. No existe motivo alguno para temer ante la presencia del enemigo, por más fuerte que parezca. En nosotros mora la deidad que es más fuerte que el más fuerte enemigo.
¿Cuál es la perspectiva correcta del presente para con ella ganar la batalla al desánimo? Pues que Dios está con nosotros. No importa si lo que estamos haciendo para Dios sea considerado por los hombres como algo despreciable. Lo importante es que Dios está con nosotros, y en consecuencia debemos esforzarnos en él y trabajar sin temor alguno. Que el día de hoy, Ud. experimente victoria sobre cualquier enemigo, sobre cualquier tentación, sabiendo que Dios está con Ud. y su Espíritu está en Ud.

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