Es un gozo para La Biblia Dice… darle la bienvenida al estudio Bíblico de hoy. El tema central del libro de Hebreos es la preeminencia de Jesucristo. En esta ocasión, David Logacho nos hablará acerca del peligro de volverse sordo a la verdad del evangelio.

En nuestro estudio del libro de Hebreos, hemos llegado a su clímax, cuando el autor del libro declara, en el capítulo 5, versículo 10, que Jesucristo es sumo sacerdote según el orden de Melquisedec. Recordemos que el libro de Hebreos fue escrito a una comunidad judía, compuesta de judíos creyentes, judíos convencidos intelectualmente pero no convertidos y judíos incrédulos, todavía aferrados a su judaísmo. El esfuerzo del autor de Hebreos está dirigido a mostrar la superioridad del cristianismo sobre el judaísmo. Por esta razón, insta a los creyentes judíos a aferrarse a lo que tienen, la salvación en Jesucristo.

Insta a los judíos convencidos intelectualmente pero no convertidos a decidirse de una vez por todas y abrazar el cristianismo por medio de recibir a Jesucristo como su Salvador. Insta también a los judíos incrédulos a mirar a Jesucristo como su Mesías y su única alternativa de salvación. Siendo que el libro de Hebreos fue dirigido a judíos, su autor toma varios elementos del judaísmo y los compara con Jesucristo. Entre estos elementos está el sumo sacerdote, un personaje venerado dentro judaísmo y tanto más si se trata de Aarón el primer sumo sacerdote.

Jesucristo es superior a Aarón porque su sacerdocio es de un orden superior al de Aarón. El sacerdocio de Jesucristo es según el orden de Melquisedec. Aquí se detienen el autor y pronuncia su tercera exhortación o advertencia. En los dos pasajes de advertencia anteriores, estos fueron dirigidos a los judíos convencidos pero no convertidos, en Hebreos 2:3 les dijo: ¿cómo escaparemos si descuidamos una salvación tan grande? En Hebreos 3:8 les dijo: No endurezcáis vuestros corazones. Mirad que no haya en ninguno de vosotros corazón malo de incredulidad para apartarse del Dios vivo.

El tercer pasaje de advertencia también está dirigido al mismo grupo de judíos convencidos pero no convertidos. Veamos pues de qué manera son exhortados.

Abramos nuestras Biblias para el estudio de hoy en Hebreos 5. Consideraremos los versículos dl 10 al 14. En el versículo 10 el escritor de Hebreos dice lo siguiente: “y fue declarado por Dios sumo sacerdote según el orden de Melquisedec.”

En este texto se habla de Jesucristo y el autor del libro afirma que Jesucristo fue declarado por Dios sumo sacerdote. En el estudio bíblico anterior habíamos señalado que uno de los requisitos para ser sumo sacerdote era el ser escogido por Dios. Nadie podía establecerse a sí mismo como sumo sacerdote. Tenía que ser designado por Dios. Así lo fue Aarón y en el caso de Jesucristo vemos que él tiene el derecho pleno de ser sumo sacerdote porque fue Dios quien lo declara así. Además de ser declarado sumo sacerdote, notemos que el texto dice que el orden de su sacerdocio no es según Aarón sino según Melquisedec.

Para saber cuán superior es Melquisedec con relación a Aarón, note lo que dice Hebreos 7:4 “Considerad, pues, cuán grande era este, a quien aun Abraham el patriarca dio diezmos del botín.” En el relato de Génesis 14 se muestra que además de recibir los diezmos del botín, Melquisedec bendijo a Abraham. Por esto Hebreos 7:7 dice: “Y sin discusión alguna, el menor es bendecido por el mayor” La conclusión es obvia. Melquisedec es superior a Abraham y siendo que Aarón desciende de Abraham, Melquisedec es superior a Aarón.

¿A qué apunta todo esto? A que el sacerdocio de Jesucristo es superior al sacerdocio del tan venerado Aarón. Es en este punto donde el autor de Hebreos se detiene súbitamente reconociendo una realidad innegable. ¿Cómo es posible que yo esté hablando del sacerdocio de Melquisedec si mis lectores ni siquiera saben lo que deben saber del sacerdocio de Aarón? Esta inquietud le motiva a incluir una exhortación, la cual comienza en el versículo 11 del capítulo 5 y concluye en el versículo 12 del capítulo 6.

Por hoy, solamente analizaremos los versículos 11 a 14 en los cuales el autor de Hebreos habla del problema que tenían los judíos convencidos intelectualmente pero renuentes a depositar totalmente en la fe de Jesucristo. En el versículo 11 tenemos el problema enunciado y en los versículos 12-14 tenemos el problema explicado.

Pasemos pues a considerar el problema enunciado. Hebreos 5:11 dice: “Acerca de esto tenemos mucho que decir, y difícil de explicar, por cuanto os habéis hecho tardos para oír.” ¿A qué está haciendo referencia el escritor del libro cuando dice: “acerca de esto? Pues se refiere a su declaración acerca del sacerdocio de Jesucristo según el orden de Melquisedec. Dice que hay mucho que decir sobre esto pero se le hace difícil de explicar, no porque no podía o no sabía o no entendía, sino porque sus lectores se habían hecho tardos para oír.

La expresión “tardos para oír” es una sola palabra en griego y significa: lento, indolente, torpe. En Hebreos 6:12 donde aparece la misma palabra se la ha traducido como “perezoso” Diríamos entonces que el problema de los judíos convencidos intelectualmente, pero renuentes a recibir a Jesucristo, era que habían escuchado tanto acerca de la verdad de la salvación en Jesucristo, que se habían vuelto indolentes a esa verdad, torpes para entender lo que Jesucristo hizo por ellos, lentos para admitir y aceptar que Jesucristo es superior a todo lo que ellos estimaban de valor en el judaísmo.

Esta torpeza para entender limitaba al autor de Hebreos a decir mucho más sobre el sacerdocio de Jesucristo según el orden de Melquisedec. Ahora bien, ¿No le parece amable oyente que hoy en día hay muchos como estos judíos? Personas que por años han oído el evangelio pero por su continuo rechazo se han vuelto torpes para entender su significado. Tiempo atrás, un pastor, tuvo la oportunidad de conversar con una joven de 18 años en un campamento juvenil. La joven dijo: A mí me parece que no hay nada de malo con el sexo prematrimonial.

El pastor con amor le mostró el punto de vista bíblico sobre este asunto. Después de una conversación franca y extensa, la joven admitió que la raíz de su problema era que ella no era creyente. El pastor preguntó si la joven estaba asistiendo a una iglesia. La joven respondió: Sí, claro, desde que tengo uso de razón, porque mi padre es el pastor de la iglesia. Entre sorpresa e indignación el pastor replicó: ¿Y su padre nunca ha predicado el evangelio en su iglesia? La joven contestó: Sí, pero yo no entendía nada. Lo único que recuerdo de sus mensajes es que eran aburridos.

Este es un ejemplo de alguien que se ha vuelto “tardo para oír” o torpe para entender. Si usted, amable oyente, por años ha estado escuchando el evangelio y hasta ahora no ha hecho un compromiso sincero de recibir a Jesucristo, no dude que va por el mismo camino de la joven del ejemplo. El momento menos pensado se hará tardo para oír o lento para entender el evangelio. Luego del problema enunciado, tenemos el problema explicado.

Hebreos 5:12 dice: “Porque debiendo ser ya maestros, después de tanto tiempo, tenéis necesidad de que se os vuelva a enseñar cuáles son los primeros rudimentos de las palabras de Dios; y habéis llegado a ser tales que tenéis necesidad de leche, y no de alimento sólido.” Al explicar la razón por la cual los judíos convencidos llegaron a ser tardos para oír, el autor de Hebreos indica que con el tiempo que han escuchado la verdad, ya deberían ser maestros de esa verdad, pero todo lo contrario, necesitan volver a aprender los primeros rudimentos de las palabras de Dios.

La frase “primeros rudimentos” se refiere a lo más elemental de algo. Cuando el texto habla de las palabras de Dios se refiere al contenido del Antiguo Testamento. En el Antiguo Testamento se enseñó sobre el advenimiento de Jesucristo a través de ceremonias, fiestas, tipos, etc. El Antiguo Testamento es entonces como el ABC del cristianismo. Pero los judíos convencidos pero no convertidos no habían entendido ni siquiera eso. Su ignorancia hacía que sea necesario volver a alimentarse de la leche, lo más básico del Antiguo Testamento y era harto difícil para ellos el recibir el alimento sólido, o la doctrina del cristianismo del Nuevo Testamento.

Cabe aquí señalar lo absurdo que es para todo creyente volver a atarse a la enseñanza del Antiguo Testamento; es como si un estudiante universitario pretendiera volver al primer grado de la escuela primaria. Hebreos 5:13 continúa diciendo: “Y todo aquel que participa de la leche es inexperto en la palabra de justicia, porque es niño” La persona que está aprendiendo el ABC de algo es inexperto en lo que está tratando de aprender. Su inexperiencia le hace actuar como un niño. La característica más notable en los niños es su inmadurez.

El judío convencido pero no convertido era inmaduro, incapaz de juzgar el verdadero valor del cristianismo y por su inmadurez todavía se aferraba al judaísmo. El versículo 14 de Hebreos 5 contrasta la madurez de un adulto con la inmadurez de un niño. Dice así: “pero el alimento sólido es para los que han alcanzado madurez, para los que por el uso tienen los sentidos ejercitados en el discernimiento del bien y del mal” La leche o el ABC del cristianismo era el judaísmo. El alimento sólido es el cristianismo y es asimilado solamente por los que son maduros. Aquel que es maduro puede diferenciar el bien del mal.

El que es maduro puede diferenciar que el Antiguo Testamento es la preparación y el Nuevo Testamento es el cumplimiento. Vivir en el judaísmo es como haberse estancado en la niñez. El autor de Hebreos desafía a estas personas a salir de la niñez del judaísmo y venir a la madurez del cristianismo, por medio de recibir a Jesucristo como Salvador.

Hoy en día también existen muchas personas que por años han escuchado el evangelio, pero todavía no han recibido a Jesucristo como Salvador, porque prefieren seguir atados a los ritos de su religión, cualquiera que sea. A personas así, el autor de Hebreos les diría: Dejen de ser niños inmaduros, salgan de sus ritos, tradiciones y vengan a Jesucristo para encontrar en él la verdadera madurez que tanto necesitan.

Si usted, amable oyente, es una persona que por años ha estado oyendo el evangelio, lo entiende, pero hasta ahora no ha recibido a Jesucristo como Salvador, yo le desafío a que salga de su estado de inmadurez y venga a la madurez de una relación personal con Dios a través de Jesucristo.