Saludos cordiales amiga, amigo oyente. Bienvenida, bienvenido al estudio bíblico de hoy. Estamos estudiando el libro de Hebreos en la serie que lleva por título: La preeminencia de Jesucristo. En esta ocasión, David Logacho nos hablará acerca del peligro de voluntariamente ignorar el llamado de Dios para ser salvos.

¿Sabe lo que se necesita hacer para ir al infierno? Nada. El infierno está lleno de persona que conocieron la verdad para ser salvos, pero no hicieron nada en relación con esa verdad. Con razón se ha dicho que la indecisión es la peor de la decisiones. Pilato se lavó las manos diciendo: Inocente soy yo de la sangre de este justo.

Supo que Jesús era inocente, conoció la verdad, pero no hizo nada al respecto. Su indecisión fue la peor de sus decisiones y hoy está lamentándolo en el infierno y seguirá lamentándolo por la eternidad. Yo no sé cual será su situación espiritual, pero a lo mejor usted también es alguien que conoce la verdad, alguien que por mucho tiempo ha escuchado esa verdad, pero hasta ahora no ha hecho nada al respecto. Entonces, para usted tiene un mensaje el libro de Hebreos. Dejemos pues que Dios nos hable a través de su palabra.

Abramos nuestra Biblia en el capítulo 2 de Hebreos. Con la guía del Señor estudiaremos los versículos del 1 al 4. Hebreos es un libro donde se presenta la superioridad del Nuevo Testamento sobre el Antiguo Testamento.

Testamento es sinónimo de Pacto en este caso. Para que el nuevo Pacto sea superior al antiguo Pacto, todos los elementos del nuevo Pacto deben ser mejores que los elementos correspondientes del antiguo Pacto, y por eso, el autor del libro de Hebreos compara varios elementos de los dos pactos y concluye que el nuevo Pacto o Testamento es infinitamente superior al antiguo Pacto o Testamento.

En el capítulo 1 de Hebreos, vimos que Jesucristo, como mediador del nuevo Pacto, es superior a los profetas del antiguo Pacto y superior a los ángeles, a través de los cuales fue dado el antiguo Pacto. Con este antecedente llegamos al capítulo 2:1-4, el cual es una especie de paréntesis que hace el autor de Hebreos, para desafiar a los lectores a tomar alguna acción en respuesta a la verdad que acaba de plantear.

Este comportamiento del autor de Hebreos es digno de encomio, porque la palabra de Dios es para hacernos cambiar nuestra conducta, actitud, emociones, etc. Santiago 1:22 nos exhorta en estos términos: “Pero sed hacedores de la palabra, y no tan solamente oidores, engañándoos a vosotros mismos” ¿Qué es lo que el autor de Hebreos pide a sus lectores? Pues, que acepten la salvación en Jesucristo, la cual es el tema central del Nuevo Pacto.

Este pedido quizá parezca algo sencillo, pero tratemos de ponernos en los zapatos de los judíos a quienes se dirigía el autor de Hebreos. Ellos venían arrastrando una tradición de siglos, por tanto no cabía en sus mentes la idea que podía existir algo mejor a su tradición. Es por eso que había mucha resistencia a aceptar que Jesucristo es el cumplimiento del antiguo Pacto y que sólo a través de él se puede llegar a tener una relación personal con Dios.

La situación de los judíos con respecto a su tradición es bastante parecida a la situación de la mayoría de los latinoamericanos. La mayoría de latinoamericanos tienen sobre ellos un peso de siglos de tradición religiosa, y al igual que el judío en su tiempo, no cabe en sus mentes que haya algo superior a su tan arraigada tradición religiosa.

Pues bien, Hebreos tienen un mensaje para ustedes. Ese mensaje es que necesitan la salvación en Jesucristo para tener una relación personal con Dios y una vez que la tengan se darán cuenta de lo absurdo que fue vivir por años atados a una tradición vacía. ¿Por qué es necesario recibir a Jesucristo? En el pasaje que vamos a estudiar encontramos tres razones. Por el carácter de Jesucristo, por la certeza de un juicio y por la confirmación que Dios ha hecho.

Veamos en detalle cada una de estas razones. En primer lugar, por el carácter de Cristo. Cristo es superior a los profetas y a los ángeles. ¿Y eso qué tiene que ver conmigo? En respuesta a esta pregunta, Hebreos 2:1 dice: “Por tanto, es necesario que con más diligencia atendamos a las cosas que hemos oído, no sea que nos deslicemos.” Aquí encontramos una exhortación y una advertencia. La exhortación dice: Por cuanto Jesucristo es superior a los profetas y a los ángeles, es necesario que con más diligencia atendamos a lo que él dice.

El judío promedio daba mucho valor a lo que decía el pacto antiguo, pero sabiendo que Jesucristo es mejor que los profetas y los ángeles y que él es el mediador del nuevo Pacto, entonces era necesario, obligatorio y lógico atender a las cosas que habían oído de él. Notemos que los judíos no eran ignorantes de la verdad, ya la habían oído, ya sabían que Jesucristo es el Salvador, conocían intelectualmente la verdad, pero se resistían a aceptarla.

El autor de Hebreos les dice: Pongan atención, reciban a Jesucristo como Salvador. ¿Qué pasa si no lo hacían? Para eso está la advertencia: No sea que nos deslicemos. Esta es una frase muy descriptiva en el idioma en el cual se escribió el Nuevo Testamento. Da la idea de un barco que está haciendo la aproximación a un puerto, pero por negligencia de quien lo guía, pasa de largo el puerto y queda a la deriva.

¡Qué manera tan gráfica de ilustrar la realidad de muchas almas! Conocen la verdad, saben que Jesucristo murió por ellos, pero por su negligencia, pasan de largo, no entran al puerto seguro de la salvación en Jesucristo y se pierden en la más densa obscuridad rumbo al infierno. Quiera Dios que este no sea su caso. Si usted sabe la verdad sobre Jesucristo, deje a un lado sus tradiciones religiosa, y refúgiese en Jesucristo, él es el único que puede conducir el barco de su alma al puerto seguro que se llama el cielo.

La segunda razón para recibir a Jesucristo como Salvador es la certeza de un juicio. Hebreos 2:2 hasta la primera parte del versículo 3 dice: “Porque si la palabra dicha por medio de los ángeles fue firme, y toda transgresión y desobediencia recibió justa retribución, ¿cómo escaparemos nosotros, si descuidamos una salvación tan grande?” La ley de Moisés era inflexible en el castigo a los que la quebrantaban.
El razonamiento del autor de Hebreos es: Miren, si la ley dada por medio de ángeles era inflexible castigando el pecado, ¿cómo piensan ustedes que van a salir bien librados si descuidan o son negligentes con la salvación tan grande anunciada por un mediador mucho mejor que los ángeles? La ley de Moisés castigaba severamente las transgresiones, esto es el pecado de comisión, o por hacer lo que se sabe que es malo.

La ley de Moisés también castigaba severamente la desobediencia, esto es el pecado de omisión, o por no hacer lo que se debía hacer, por eso el texto dice que la ley era firme o inflexible. Por tanto, cuánto más serio será el juicio de Dios sobre los que descuidan o no aceptan la salvación. ¡Oh, amigo oyente! Usted debe saber que hay un juicio terrible para los que descuidan o son negligentes en cuanto a la salvación.

El mismo autor de Hebreos ha descrito lo horroroso de este juicio con estas palabras: Sino una horrenda expectación de juicio y de hervor de fuego que ha de devorar a los adversarios. ¿Por qué entonces se debe recibir a Jesucristo como Salvador? Por el carácter de Jesucristo y por la certeza de un juicio, pero no sólo eso, sino también por la confirmación que Dios ha hecho.

Hebreos 2:desde la segunda parte del 3 hasta el 4 dice: “La cual, habiendo sido anunciada primeramente por el Señor, nos fue confirmada por los que oyeron, testificando Dios juntamente con ellos, con señales y prodigios y diversos milagros y repartimientos del Espíritu Santo según su voluntad.” Aquí se nos muestra la manera como nos llegaron las buenas nuevas de Salvación. Jesucristo fue el primero en anunciar la salvación. Él mismo afirma en Juan 14:6 “Yo soy el camino, y la verdad, y la vida; nadie viene al Padre sino por mí” Este mensaje fue recibido por los apóstoles, quienes a su vez lo anunciaron al resto de personas.

¿Cómo estar seguros que este mensaje proviene realmente de Dios? Pues a través de las señales y prodigios y diversos milagros. Aquí vemos el propósito de las señales, prodigios y milagros. Fueron poderes dados por Dios a los apóstoles para confirmar el mensaje que estaban anunciando. El libro de los Hechos nos relata como los apóstoles manifestaron este poder para hacer señales y así autenticar el mensaje que predicaban. Vemos también que estas señales estaban acompañadas de repartimientos del Espíritu Santo, según su voluntad.

Era el Espíritu Santo quien repartía los dones, no de acuerdo a la voluntad del creyente sino de acuerdo a la voluntad del Espíritu Santo. Detrás de todas las señales y los repartimientos del Espíritu Santo había alguien. El texto dice que era Dios testificando. Así es amigo oyente, Dios ha testificado. Su testimonio ha quedado registrado en las páginas de la Biblia. Su testimonio tiene que ver con Jesucristo. Dios ha dicho de él. “Este es mi hijo amado, a él oíd” Hemos considerado tres razones para recibir a Cristo como Salvador.

Primero, por el carácter de Cristo, él es superior a los profetas y a los ángeles. Segundo, por la certeza de un juicio ¿Cómo escaparemos nosotros, si descuidamos una salvación tan grande? Y tercero, por la confirmación de Dios. Las señales, prodigios y milagros, que Dios manifestó para autenticar el mensaje del evangelio. ¿Qué va a hacer ante toda esta evidencia? ¿Recibirá a Jesucristo hoy mismo? O será negligente con la salvación con el consiguiente peligro de deslizarse y no llegar jamás al puerto seguro para su alma. Mi oración es que hoy mismo reciba a Jesucristo como su Salvador.