Reciba cordiales saludos amiga, amigo oyente. Es motivo de mucho gozo, para este su servidor, David Araya, darle la bienvenida al estudio bíblico de hoy. Estamos estudiando el Evangelio según Mateo, en la serie que lleva por título: Jesucristo, Rey de reyes y Señor de señores. En esta oportunidad, David Logacho nos hablará acerca de una hermosa parábola relatada por Jesús, conocida como la parábola de la fiesta de bodas.

Que grato es estar nuevamente con usted amable oyente. En nuestro último estudio bíblico, vimos que al rechazar a Jesús, la nación de Israel rechazó al Padre celestial. Esto se hace evidente en la parábola del hombre que tenía dos hijos. Pero no sólo eso, sino que al rechazar a Jesús, la nación de Israel rechazó al Hijo del Padre celestial. Eso se hace evidente en la parábola del padre de familia y los labradores malvados. En el pasaje bíblico que tenemos para nuestro estudio de hoy, se va a hacer evidente que cuando Israel rechazó a Jesús, rechazó también al Espíritu Santo. Si tiene una Biblia a la mano, ábrala en Mateo 22:1-14. Permítame leer todo este pasaje bíblico. La Biblia dice: Respondiendo Jesús, les volvió a hablar en parábolas, diciendo: El reino de los cielos es semejante a un rey que hizo fiesta de bodas a su hijo; y envió a sus siervos a llamar a los convidados a las bodas; mas éstos no quisieron venir. Volvió a enviar otros siervos, diciendo: Decid a los convidados: He aquí, he preparado mi comida; mis toros y animales engordados han sido muertos, y todo está dispuesto; venid a las bodas. Mas ellos, sin hacer caso, se fueron, uno a su labranza, y otro a sus negocios; y otros, tomando a los siervos, los afrentaron y los mataron. Al oírlo el rey, se enojó; y enviando sus ejércitos, destruyó a aquellos homicidas, y quemó su ciudad. Entonces dijo a sus siervos: Las bodas a la verdad están preparadas; mas los que fueron convidados no eran dignos. Id, pues, a las salidas de los caminos, y llamad a las bodas a cuantos halléis. Y saliendo los siervos por los caminos, juntaron a todos los que hallaron, juntamente malos y buenos; y las bodas fueron llenas de convidados. Y entró el rey para ver a los convidados, y vio allí a un hombre que no estaba vestido de boda. Y le dijo: Amigo, ¿cómo entraste aquí, sin estar vestido de boda? Mas él enmudeció. Entonces el rey dijo a los que servían: Atadle de pies y manos, y echadle en las tinieblas de afuera; allí será el lloro y el crujir de dientes. Porque muchos son llamados, y pocos escogidos.
Antes de comenzar a analizar la parábola, es necesario reconocer que Jesús pronunció una parábola similar a esta, conocida como la parábola de la gran cena, y que aparece en Lucas 14:16-24, pero la parábola que estamos estudiando es diferente, porque aquí se trata de una fiesta de bodas del propio hijo del rey. Hecha esta aclaración, prosigamos. Jesús está enfrente de un auditorio extremadamente hostil hacia él. Eran los principales sacerdotes y los ancianos del pueblo de Israel, quienes de antemano ya habían decidido rechazar a Jesús como el Cristo o el Mesías de Israel. Es a ellos, a quienes Jesús dice que el reino de los cielos es semejante a un rey que hizo fiesta de bodas a su hijo. El rey representa al Padre celestial, el hijo representa a Jesús en su estado de glorificación. Conforme a la costumbre de la época, el rey ordenó a sus siervos que llamen a los convidados a las bodas, pero lo único que lograron los siervos fue un rechazo total de los convidados. Esto representa el ministerio de Juan el Bautista, llamando a Israel al arrepentimiento, porque el reino de los cielos se había acercado. Con algunas excepciones, es reconocido el hecho que Israel como nación rechazó frontalmente el llamado de Juan el Bautista y persistió en su pecado. Ciega en su incredulidad, la nación de Israel rechazó a Jesús y lo crucificó, pero Jesús resucitó de entre los muertos y fue ascendido a la gloria de su Padre. Volviendo a la parábola, el rey no dio su brazo a torcer, y envió a otros siervos a llamar a los convidados. Esta vez los siervos debían comunicar cierto grado de urgencia en su llamado a los convidados. Es como cuando la mesa está servida y la madre de familia llama con urgencia a los miembros de la familia, porque de otra manera la comida se enfría. Algo parecido tenían que hacer los siervos del rey. Poniendo un tono de urgencia tenían que decir a los convidados: Todo está preparado. El menú es delicioso. Todo está dispuesto. Vengan ya mismo a la fiesta de bodas. Pero mostrando absoluta indiferencia, los convidados ignoraron el llamado. Unos se fueron a su labranza, digamos a su trabajo, otros se fueron a sus negocios. Pero, tristemente, otros tomaron a los siervos del rey y los mataron. Esto describe simbólicamente la paciencia y misericordia de Dios para con Israel. A pesar del rechazo a Jesús como el Cristo, o el Mesías de Israel, Dios dio otra oportunidad a Israel. ¿Cuándo lo hizo? Pues después que Jesús murió y resucitó y ascendió a la gloria de su Padre. Una semana después de este evento, descendió el Espíritu Santo, en cumplimiento de lo que Jesús profetizó y nació la iglesia de Cristo. En el poder del Espíritu Santo, los apóstoles y discípulos de Jesús, salieron a llamar a Israel al arrepentimiento, a reconocer que aunque lo habían rechazado antes y hasta lo habían entregado a la muerte, sin embargo, Jesús es el Cristo, el Mesías de Israel. Pero lejos de arrepentirse de su pecado, Israel persistió en su negativa de reconocer a Jesús como el Mesías de Israel. Al hacerlo estaban rechazando el testimonio a favor de Jesús que estaba proclamando el Espíritu Santo por medio de los apóstoles y los discípulos de Jesús. El clímax de rechazo ocurrió cuando Esteban, uno de los discípulos de Jesús, fue condenado a morir apedreado. Poco antes de ser apedreado, Esteban dijo a los líderes de Israel, lo que en esencia estaba pasando. Se encuentra en Hechos 7:51. La Biblia dice: ¡Duros de cerviz, e incircuncisos de corazón y de oídos! Vosotros resistís siempre al Espíritu Santo; como vuestros padres, así también vosotros. Volviendo a la parábola, notamos que el rechazo violento al segundo llamado colmó la paciencia del rey. Por tanto, se enojó mucho y enviando sus ejércitos, destruyó a aquellos homicidas y quemó su ciudad. Esto muestra simbólicamente lo que sucedió a Israel como nación, años después de la muerte de Esteban. Es conocido que en el año 70 DC, las huestes romanas tomaron Jerusalén, la destruyeron juntamente con su templo, mataron a cientos de miles y esparcieron a los pocos sobrevivientes. Pero eso no fue todo lo que sucedió. El rey de la parábola habló a sus siervos y les dijo: La fiesta de bodas está lista, lamentablemente los que fueron convidados no eran dignos y por eso rehusaron venir. Así que: Vayan a los lugares de mayor aglomeración, como las salidas de los caminos y llamen a la fiesta de bodas a todos cuantos hallen. Los siervos del rey obedecieron las órdenes y juntaron a una gran multitud. Entre la multitud había todo tipo de gente, tanto malos como buenos. El lugar donde se llevaba a cabo la fiesta de bodas estaba repleto. Esto describe simbólicamente el hecho que a raíz del rechazo final de Jesús como el Cristo, o el Mesías de Israel, por parte de la nación de Israel, el reino de los cielos fue ofrecido a todo ser humano en general, no sólo a los judíos, sino a todos, sin importar su nacionalidad. Son muchos los que manifiestan su aceptación a formar parte del reino de los cielos. Pero algunos de ellos no desean someterse a las condiciones para formar parte del reino de los cielos. Por eso en la parábola dice que en la fiesta de bodas había juntamente malos y buenos. Pero veamos lo que sucedió a continuación en la parábola. Dice que cuando entró el rey a la fiesta de bodas para ver a los convidados, notó que había allí un hombre que no estaba vestido de boda. Parece que era costumbre en aquella época, que los convidados a festejos importantes recibían del anfitrión el vestido que debían lucir en la celebración. Esta era una manera de borrar las distinciones sociales entre los invitados. Los ricos no tenían razón para menospreciar a los pobres, ni los pobres tenían razón para envidiar a los ricos. Todos estaban vestidos con lo que el anfitrión les había dado. Así que, el rey se dirige a este hombre que no estaba vestido de la manera que se esperaba y le dice: Amigo, ¿cómo entraste aquí, sin estar vestido de boda? El hombre no atinó a responder. Había tenido la oportunidad de vestirse con el vestido que deben haberle entregado al llegar a la fiesta de boda, pero no lo hizo. Por alguna razón, prefirió usar su propio vestido. La parábola dice que el hombre enmudeció. Esto significa que no tenía ninguna justificación para no estar vestido de boda. Ante esto, el rey ordenó a sus siervos que tomen a este hombre, lo aten de pies y manos y lo echen en las tinieblas de afuera, donde no hay sino lloro y crujir de dientes. Se cumplió el proverbio de que muchos son llamados, y pocos escogidos. El vestido de boda en la parábola simboliza el vestido de justicia que llegamos a tener todos los que hemos confiado en Cristo como nuestro Salvador. Sin este vestido, es imposible ser parte del reino de los cielos. El hombre que no estaba vestido de boda en la parábola, simboliza a todos aquellos que pretenden entrar al reino de los cielos sobre la base de su propio esfuerzo, de sus propias obras. Este hombre estaba dentro de la fiesta de bodas y después que se encontró que no estaba vestido de la forma esperada, fue sacado. Esto simboliza que en la etapa transitoria del reino de los cielos, mientras el Señor Jesucristo tarda en venir por segunda vez, algunos externamente parecen ser creyentes, pero en el fondo, internamente no lo son. Llegará un momento cuando todos los que parecen ser pero no son serán identificados y excluidos del reino de los cielos en su forma final. A ellos les espera el castigo en el infierno, un lugar de tinieblas donde habrá lloro y crujir de dientes. ¿Se ha vestido de las ropas de justicia que Dios otorga a todos los que hemos recibido a Cristo como Salvador, amable oyente? Si no es así, recuerde que sin este vestido es imposible entrar al reino de los cielos.

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