Cordiales saludos amable oyente. Bienvenida, bienvenido al estudio bíblico de hoy. Este es el último estudio bíblico en la segunda epístola de Pablo a los Tesalonicenses, dentro de la serie titulada: Ánimo para una Iglesia en Apuros. Pablo termina su carta con tres exhortaciones y una despedida. Veamos los detalles.

Si tiene una Biblia a la mano, ábrala en 2 Tesalonicenses 3:11-18. Esta es la última sección de la segunda epístola de Pablo a los Tesalonicenses. En esta sección encontramos tres exhortaciones y la despedida de la carta. Consideremos pues, la primera exhortación. 2 Tesalonicenses 3 11-12 dice: Porque oímos que algunos de entre vosotros andan desordenadamente, no trabajando en nada, sino entremetiéndose en lo ajeno.

2Th 3:12  A los tales mandamos y exhortamos por nuestro Señor Jesucristo, que trabajando sosegadamente, coman su propio pan.
Note que Pablo está hablando de algunos creyentes de la iglesia en Tesalónica que estaban andando desordenadamente. Esto se refiere a aquellos que con el pretexto de que el Señor Jesús estaba por venir por segunda vez muy pronto, dejaron de trabajar y se volvieron parásitos, esto es, a vivir a expensas de otros creyentes. Hablando de estos creyentes desordenados, Pablo dice que no trabajaban en nada. Se dedicaron al ocio. Esto es muy peligroso, no sólo para los niños o los jóvenes, sino también para los adultos y hasta para los ancianos, me refiero a ancianos de edad. Cuando alguien no se dedica a algo productivo, su mente permanece desocupada. Tener la mente desocupada es algo muy peligroso, amable oyente. Como alguien muy bien ha dicho: Mente desocupada es perfecto taller para Satanás. David, el rey, se encontraba desocupado cuando desde la terraza de su palacio vio a aquella hermosa mujer que se estaba bañando. Usted sabe el desenlace de la historia. En el caso de los creyentes de Tesalónica, el ocio, el no trabajar en nada, les condujo a entremeterse en lo ajeno. La frase: Entremeterse en lo ajeno es un solo verbo en el idioma en que se escribió el Nuevo Testamento, y literalmente significa estar muy ocupados pero en cosas que no les incumbe, en cosas que no tienen nada que ver con ellos. ¿Conoce creyentes así? Estoy seguro que muchos. A personas así, Pablo les exhorta con firmeza. Con la autoridad dada por el Señor Jesucristo, Pablo les manda y exhorta que trabajando sosegadamente coman su propio pan. Esto significa que tranquilamente se pongan a trabajar para ganarse la vida. Este mandato fue importante en el primer siglo y sigue siendo importante en el siglo 21. Ningún creyente debería pensar que no hay problema con vivir a expensas de los demás. Inclusive los adultos jóvenes que todavía viven en la casa de sus padres, deberían tomar muy en cuenta este mandato de Pablo. Si no trabajan que tampoco coman. Ningún creyente debería vivir de balde. Yo sé que esto no va a caer nada bien a creyentes adultos jóvenes que todavía viven en la casa de sus padres, pero esto es lo que enseña la palabra de Dios. Tal vez por esto en algunas culturas, los jóvenes salen de su casa a ganarse su propio pan tan pronto llegan a la mayoría de edad. Ahora pasemos a la segunda exhortación de Pablo. Se encuentra en 2 Tesalonicenses 3:13. La Biblia dice:  Y vosotros, hermanos, no os canséis de hacer bien.
Es un hecho conocido que la mala conducta de unos pocos creyentes afecta de una manera poderosa a toda la iglesia local. Fíjese lo que estaba pasando en la iglesia en Tesalónica, la mala conducta de aquellos ociosos que no trabajaban en nada y se entremetían en lo ajeno, estaba causando gran desánimo dentro de la iglesia, al punto que muchos se sentían tentados a seguir el mal ejemplo de los ociosos y dejar de trabajar para engrosar el número de los que vivían a expensas de los demás. Pablo por tanto anima a los creyentes que trabajaban para ganarse su propio pan diciéndoles: Vosotros hermanos, no os canséis de hacer bien. Hacer bien puede llegar a cansar. Satanás está muy interesado en que los creyentes se cansen de hacer bien y por tanto dejen de hacer bien. Pero Dios por medio de su palabra nos exhorta diciendo: No os canséis de hacer bien. En muchas ocasiones, la gente que recibe el beneficio de algo que hemos hecho por ellos no lo reconoce y esto nos incita a dejar de hacer bien, pero no debemos ceder a este impulso, sino seguir haciendo bien, porque aunque la gente no lo reconozca, Dios lo reconoce y esto es lo que cuenta. En otras ocasiones, la gente que recibe el beneficio de algo que hemos hecho por ellos lo toma a mal pensando que tenemos algún interés oculto al ayudarles y esto nos incita a dejar de hacer bien, pero no debemos ceder a este impulso sino seguir haciendo bien. No os canséis de hacer bien, dice Dios en su palabra. La tercera y última exhortación aparece en 2 Tesalonicenses 3:14-15. La Biblia dice: Si alguno no obedece a lo que decimos por medio de esta carta, a ése señaladlo, y no os juntéis con él, para que se avergüence.
2Th 3:15  Mas no lo tengáis por enemigo, sino amonestadle como a hermano.
Esto es interesante. En su primera carta, el apóstol Pablo mandó que se exhorte a los ociosos. 1 Tesalonicenses 5:14 dice: También os rogamos, hermanos, que amonestéis a los ociosos, que alentéis a los de poco ánimo, que sostengáis a los débiles, que seáis pacientes para con todos.
Es de suponerse que este mandato de Pablo fue obedecido, de modo que los ociosos de la iglesia de Tesalónica fueron exhortados. Lamentablemente, los ociosos eran hueso duro de roer y persistían en su ociosidad. Por eso Pablo les exhortó nuevamente cuando en 2 Tesalonicenses 3:12 les dijo que sosegadamente coman su propio pan, es decir, que dejen de vivir de balde. Son dos fuertes llamado de atención a los ociosos. Estoy seguro que muchos de los ociosos habrán dado atención al mandato de Pablo y se habrá dedicado a trabajar, pero Pablo sabía que habría algunos que a pesar de los reiterados llamados de atención, no iban a dar su brazo a torcer e iban a persistir en su ociosidad. ¿Qué hacer con un creyente así? Pablo dice: A este señaladlo. Esto significa que se lo debe identificar. No puede pasar desapercibido. Una vez que ha sido señalado, es necesario que la iglesia toda decida no juntarse con él. Esto significa que el creyente que persiste en su ociosidad, a pesar de ser reiteradamente exhortado a trabajar, debe ser expulsado de la comunión de la iglesia. El propósito de esta severa medida de disciplina no es para destruir al creyente ocioso, sino para que se avergüence y sea restaurado a la comunión, una vez que deje de ser ocioso y se ponga a trabajar sosegadamente, por supuesto. Por eso Pablo dice: Mas no lo tengáis por enemigo, sino amonestadle como a hermano. La iglesia local no debe tolerar creyente ociosos amable oyente. Lamentablemente muchos creyentes ociosos tienen buenas excusas para su ociosidad. La mejor excusa es: Es que no hay trabajo. Es una excusa, porque trabajo siempre hay. Yo conocí a un creyente altamente calificado, con estudios superiores, pero fue despedido de su trabajo. Mientras encontraba un trabajo acorde con sus conocimientos, no se quedó cruzado de brazos viviendo a expensas de otros. Aunque no era pintor, se dedicó a pintar casas. No ganaba mucho por supuesto, pero lo suficiente para que él y su familia tenga lo mínimo indispensable para subsistir. Dios honró esta actitud de este creyente y le dio un trabajo bien remunerado, mucho mejor que el trabajo que antes tenía. Pablo termina su carta con una sentida despedida. 2 Tesalonicenses 3:16-18 dice: Y el mismo Señor de paz os dé siempre paz en toda manera. El Señor sea con todos vosotros.
2Th 3:17  La salutación es de mi propia mano, de Pablo, que es el signo en toda carta mía; así escribo.
2Th 3:18  La gracia de nuestro Señor Jesucristo sea con todos vosotros. Amén.
La iglesia en Tesalónica estaba atravesando por un tiempo de mucha agitación. Realmente estaban en apuros a causa de los errores doctrinales que Pablo confrontó en su carta. En estas condiciones, lo que más necesitaban era tranquilidad, la paz de espíritu que solamente Dios puede dar. Por eso en su despedida Pablo les dice: Y el mismo Señor de paz os dé paz en toda manera. Pero Pablo menciona algo mucho más precioso. Les dice: El Señor sea con todos vosotros. Esto debió haber sido como un vaso de agua fresca en medio del ardiente desierto para esos atribulados creyentes. Si el Señor está con nosotros, ¿Qué más podemos esperar? Nada. Con Él a nuestro lado somos más que vencedores. Normalmente Pablo dictaba sus cartas a un secretario, pero se reservaba una que otra frase para escribirla de su propia mano. En esta carta, Pablo tomó la pluma y escribió lo siguiente: La salutación es de mi propia mano, de Pablo, que es el signo en toda carta mía; así escribo. La gente que leía la carta podía saber que la carta era auténtica. Pablo termina su carta deseando que la gracia de nuestro Señor Jesucristo sea con todos los creyentes de Tesalónica. Finalmente aparece esa palabra tan hermosa y querida: Amén. Así sea. Que Dios bendiga ricamente su preciosa palabra.