Saludos cordiales amigo oyente. Es un gozo compartir con Ud. un nuevo estudio bíblico en la epístola de Pablo a los Filipenses. En esta epístola, el autor nos comunica el gozo que había en su corazón aun cuando las circunstancias que le rodeaban no eran nada sencillas. Recuerde que mientras el apóstol escribía esta carta estaba encadenado en una lúgubre celda romana, pero vez tras vez repite frases como: Me gozo y regocijo o gozaos y regocijaos conmigo o en esto me gozo y me gozaré aun. En el estudio bíblico de hoy el hermano David Logacho compartirá con nosotros una de las razones por las cuales Pablo pudo experimentar gozo en medio del sufrimiento.

El gozo en medio del sufrimiento depende en buena parte del estado de la relación espiritual con Dios por medio de Cristo. Si Ud. es un creyente flojo en su relación con Dios, será difícil que pueda experimentar gozo en medio del sufrimiento. Pero si Ud. tiene una relación muy estrecha y significativa con Dios a través de Cristo. Ud. podrá, perfectamente experimentar gozo en medio del sufrimiento.

Pablo era una persona así. Hemos visto ya que por amor de Cristo consideró todos sus logros humanos como perdida a fin de conocer a Cristo, a fin de experimentar el poder de su resurrección, a fin de experimentar los padecimientos de Cristo y si fuera necesario, a fin de resucitar de entre los muertos.

No hay la menor duda en cuanto a que Pablo tenía una relación muy estrecha y significativa con Dios por medio de Cristo y esto explica en gran parte él por qué podía experimentar gozo en medio del sufrimiento.

Hemos hablado de una relación estrecha y significativa con Dios por medio de Cristo. ¿Cómo lograrlo? Bueno, esta relación comienza cuando la persona recibe a Cristo como Salvador, pero eso es solo el comienzo. Luego viene una etapa de desarrollo y crecimiento. Es en esta etapa, que requiere tiempo y esfuerzo, donde muchos creyentes, fracasan y no se produce el crecimiento espiritual que conduce a tener una relación estrecha y significativa con Dios.

Existen cantidad de creyentes que nacieron espiritualmente, pero su crecimiento espiritual es mínimo. Tiene años de existir como creyentes pero son todavía bebes espiritualmente hablando. En estas condiciones no tienen una relación estrecha y dinámica con Dios y por eso, cuando les vienen pruebas o circunstancias difíciles se tornan amargados, tristes, frustrados, desanimados. El gozo está ausente.

Sí Ud. quiere experimentar gozo en medio del sufrimiento debe tratar de lograr una relación estrecha y significativa con Dios.

Pablo nos da tres ideas para lograrlo. Las tenemos en Filipenses 3:12 a 14.

La primera idea es disconformidad. Filipenses 3:12 y la primera parte del versículo 13 dice: “No que lo haya alcanzado ya, ni que ya sea perfecto; sino que prosigo, por ver si logro asir aquello para lo cual fui también asido por Cristo Jesús. Hermanos, yo mismo no pretendo haberlo ya alcanzado”

Este es el lamento de un hombre que expresa disconformidad con cualquier cosa que haya, logrado espiritualmente. Pablo dice: No que lo haya alcanzado ya. No que ya sea perfecto. No pretendo haberlo ya alcanzado.

Como resultado de esta disconformidad, Pablo proseguía a la meta. ¿Cuál era esa meta? ¿Qué es lo que Pablo todavía no había alcanzado? El texto dice: asir aquello para lo cual fui también asido por Cristo Jesús. ¿Qué significa esto? Simplemente significa para cumplir con todas las expectativas que tiene Cristo sobre mí.

¿Qué es lo esperaba Cristo de Pablo? Bueno, que sea un apóstol a los gentiles, que sufra por la causa de Cristo, que Cristo sea formado en él. ¿Esto es bastante no le parece? Por eso Pablo dice: Me falta mucho para llegar a la meta, prosigo en carrera.

La disconformidad de Pablo con respecto a sus logros espirituales se transformó en un fuerte motivador para que él prosiga en la carrera hacia la meta. Igual tiene que ser con nosotros amigo oyente. Nosotros no hemos sido asidos por Cristo para ser apóstoles, pero si hemos ido asidos por Cristo para ser sus discípulos, para que Cristo se forme en nosotros, para que la gente de este mundo vea en nosotros a Cristo.

¿Es una meta elevada, no le parece? ¿Ha llegado Ud. a la meta? Seguramente me dirá: No, me falta mucho todavía. Ojalá que esta disconformidad le impulse a proseguir para lograr aquello para lo cual Ud. ha sido asido por Cristo. Quiera Dios que Ud. no sea un creyente conformista, amigo oyente. Un creyente que piensa que ya ha llegado a la meta como creyente, que ya no hay más batallas que pelear, que ya no hay más muros que derribar. A todos nos falta mucho para llegar a lo que Dios quiere de nosotros, no importa cuánto hayamos avanzado ya en nuestra carrera hacia ello. Esto nos debe motivar a proseguir a la meta.

¿Cómo tener una relación estrecha y significativa con Dios?

Primero, con disconformidad con lo que ya hemos logrado espiritualmente.

Segundo, con dedicación a lo que esperamos lograr espiritualmente. Allí a la mitad de Filipenses 3:13 dice: “Pero una cosa hago”

Esto se llama dedicación. Pablo no tenía muchos proyectos para hacer. Tenía una sola cosa en su mente. Cumplir con lo que Cristo esperaba de él. Estaba dedicado a ello por entero. Cuanto nos hace falta aprender este principio en nuestras vidas, porque muchos de nosotros invertimos tiempo y esfuerzo en muchas cosas, mas no en una solo cosa, como Pablo, conozco a creyentes que dedican todo su tiempo, todo su dinero, todos sus talentos a levantar un imperio en la tierra.

Las cosas del Señor pasan entonces a un segundo o tercer plano, y eso sí tienen algún lugar en sus vidas. Pablo no hizo eso. El dijo una cosa hago. Subraye esas palabras: Una cosa. Lo más importante para Pablo, para Ud. y para mí es esa cosa: Que Cristo sea formado en nosotros. Hacia eso deberíamos canalizar todo esfuerzo.

Para ello necesitamos invertir tiempo diariamente para leer y estudiar la Biblia, para orar, y para servir a otros. ¿Cómo tener una relación estrecha y dinámica con Dios? Pues teniendo disconformidad con los logros espirituales obtenidos, porque hay espacio para más y teniendo dedicación a una sola cosa, el ser semejantes a Cristo en todo.

En tercer lugar, teniendo una dirección definida hacía lo que queremos lograr. Filipenses 3:13 en su última parte y 14 dice: “olvidando ciertamente lo que queda atrás, extendiéndome a lo que está delante, prosigo a la meta, al premio del supremo llamamiento de Dios en Cristo Jesús”

Seguramente Ud. habrá visto a los atletas que compiten en los 100 metros planos. Durante toda la carrera, mantienen su mirada fija en la meta, su cuerpo extendido hacia adelante, y sus piernas moviéndose en asombrosa coordinación con sus brazos para devorar la distancia lo más rápido posible.

Durante unas olimpiadas mundiales, un atleta se adelantó tanto de los demás que de pronto se vio él solo. Esto le motivó a regresar a ver a sus contrincantes. Solo fue necesaria una fracción de segundo de quitar la mirada de la meta para tropezar y caer aparatosamente sobre la pista de carreras perdiendo una segura medalla.

Algo así parece que estaba en la mente de Pablo cuando escribió estas palabras. Olvidando lo que queda atrás y extendiéndome a lo que está delante, prosigo a la meta. Pablo no miraba su pasado en el judaísmo ni sus logros en el cristianismo como para depender de ello para llegar a la meta. Su mirada estaba en la meta y con cada fibra de su ser se impulsaba hacia adelante para llegar a ella. Esto garantizaba una dirección correcta en su carrera.

Recuerde que la meta de Pablo era cumplir con el propósito para el cual Cristo Jesús le había llamado. Llegar a ese punto significaba para él alcanzar el premio del supremo llamamiento de Dios en Cristo Jesús. El premio era cumplir con lo que Dios esperaba de él.

¿Cómo lograr una relación estrecha y significativa con Dios que garantice que podamos experimentar gozo aun en medio del sufrimiento?

Pues, primeramente teniendo insatisfacción con nuestro presente nivel espiritual, lo cual nos motivará a crecer y madurar espiritualmente. Luego teniendo una dedicación a alcanzar lo que Dios espera de nosotros, esto es, evitando ocuparnos en muchas cosas que no contribuyen en nada para lograr alcanzar aquello para lo cual fuimos asidos por Cristo y finalmente teniendo una dirección definida hacia lograr aquello para lo cual Cristo nos ha escogido. Que el Señor nos guíe a vivirlo en la práctica.