Saludos cordiales amigo oyente. Bienvenido al estudio bíblico de hoy. Estamos estudiando el fascinante tema del Espíritu Santo y dentro de ello los elementos que se usan como símbolos del Espíritu Santo en la Biblia. Ya hemos visto que el Espíritu Santo es simbolizado por el vestido, por la paloma, y por las arras. En el estudio bíblico de hoy, David Logacho nos mostrará algunos otros símbolos del Espíritu Santo. Adelante David.

La enseñanza de principios bíblicos por medio de símbolos nos permite ampliar nuestro entendimiento de esos principios bíblicos. Ese es justamente el caso de los símbolos del Espíritu Santo. Por medio de los símbolos podemos ampliar nuestro entendimiento de algunas características del Espíritu Santo que de otra manera quedarían ocultas. El Espíritu Santo es simbolizado con el vestido, denotando su poder y su protección. El Espíritu Santo es simbolizado por medio de la paloma, denotando su pureza, su origen celestial y su ministerio de paz. El Espíritu Santo es simbolizado por las arras, denotando la garantía de que todo lo que nos ha prometido el Señor se va a cumplir en su oportunidad. Todo esto señalamos en nuestro estudio bíblico anterior. Adicionalmente, el Espíritu Santo es simbolizado por el fuego. Cuando los que estaban reunidos en el aposento alto el día de Pentecostés fueron llenos del Espíritu Santo, Hechos 2:3 dice que se les aparecieron lenguas repartidas, como de fuego, asentándose sobre cada uno de ellos. El fuego denota varias cosas, primero, la presencia del Señor. Cuando el Señor se le apareció a Moisés en el Monte Orbe. Éxodo 3:2 nos relata lo siguiente: “Y se le apareció el Ángel de Jehová en una llama de fuego en medio de una zarza; y él miró, y vio que la zarza ardía en fuego, y la zarza no se consumía”. Segundo, la aprobación del Señor. Cuando se inauguró el ministerio sacerdotal del Antiguo Testamento, Moisés y Aarón entraron al tabernáculo de reunión y al salir de allí, la gloria de Jehová se apareció a todo el pueblo. Observe lo que aconteció después. Levítico 9:24 dice: “Y salió fuego de delante de Jehová, y consumió el holocausto con las grosuras sobre el altar; y viéndolo todo el pueblo, alabaron, y se postraron sobre sus rostros” Por medio del fuego, Jehová estaba aprobando todo lo que Moisés y Aarón habían hecho. Tercero, la protección del Señor. Cuando Jehová sacó a su pueblo de la esclavitud de Egipto, en su caminata por el desierto durante la noche, tenían una columna de fuego que además de alumbrar el camino era una garantía de seguridad para el pueblo. El pueblo sabia que Jehová iba delante de ellos. Se sentían totalmente protegidos. Cuarto, el poder del Señor para juzgar, santificar y purificar. Nadab y Abiu, hijos de Aarón ofrecieron fuego extraño delante de Jehová. ¿Cuál fue el resultado? Inmediatamente fueron juzgados por el Señor. Note la forma del juicio. Levítico 10:2 dice: “Y salió fuego delante de Jehová y los quemó, y murieron delante de Jehová” El fuego como símbolo del Espíritu Santo nos habla de la presencia de Dios, de la aprobación de Dios, de la protección de Dios y del poder de Dios para juzgar y purificar. Si Ud. es creyente, amigo oyente, Ud. tiene al Espíritu Santo morando en su vida, eso significa que Ud. tiene la presencia del Señor en su vida, significa que Ud. es aprobado por Dios, significa que Ud. está protegido por Dios y significa que Ud. está siendo constantemente purificado por Dios. Muy bien. Otro símbolo del Espíritu Santo es el aceite. El aceite, al igual que el fuego, denota varias cosas. Primero, dedicación de cosas para Dios. Jehová ordenó a Moisés que tomara el aceite de la unción y ungiera el tabernáculo, y todo lo que está en él. Moisés también tuvo que ungir el altar del holocausto, y todos sus utensilios, la fuente y su base. De esta forma, todos estos objetos quedaron dedicados totalmente a Jehová. Segundo, dedicación de personas para Dios. Jehová también pidió a Moisés que hiciera vestir a Aarón, Sumo Sacerdote y a sus hijos con sus ropas sacerdotales y que los ungiera con el aceite de la unción. De esta manera, el Sumo Sacerdote y sus hijos quedaron dedicados al servicio a Dios. Tercero, iluminación. Dentro del tabernáculo existía un candelero de oro puro en el cual se ponía aceite puro de olivas machacadas para que arda y alumbre el tabernáculo. El aceite como símbolo del Espíritu Santo denota que lo que todo aquello donde mora el Espíritu Santo está dedicado a Dios. El creyente es la morada del Espíritu Santo y por tanto el creyente está dedicado a Dios. El apóstol Juan en su primera carta dice que los creyentes tenemos la unción del Santo. El Espíritu Santo es visto como el aceite con el cual el creyente ha sido ungido. Si Ud. es creyente, Ud. tiene al Espíritu Santo y por tanto su vida ha sido dedicada a Dios. ¿Está viviendo de tal forma que sus pensamientos y sus acciones sean agradables a Dios? Además, recuerde que como símbolo del Espíritu Santo, el aceite denota iluminación. Es el Espíritu Santo quien ilumina la vida del creyente para que pueda entender la palabra de Dios y pueda tener luz para saber lo malo que hay en su vida. Pasemos a otro símbolo. El sello. Lo tenemos en varios textos. De entre ellos tomemos Efesios 1:13 donde dice: “En él también vosotros, habiendo oído la palabra de verdad, el evangelio de vuestra salvación, y habiendo creído en él, fuisteis sellados con el Espíritu Santo de la promesa.” El Espíritu Santo es visto en este texto como un sello. Quien sella es Dios mismo. El sello como símbolo del Espíritu Santo denota varias cosas. Primero, pertenencia. Especialmente en la antigüedad, se ponía un sello sobre lo que a uno le pertenece. Aun hoy en día, los ganaderos ponen su sello sobre el ganado que les pertenece. Segundo, el sello denota autenticidad. Los documentos importantes deben llevar un sello, para indicara que son auténticos. Un documento sin sello de garantía podría no ser auténtico. Tercero, el sello denota autoridad. Los reyes del pasado ponían su sello personal sobre sus edictos. El sello indicaba que aquel que emitió el edicto tiene todo el poder y la autoridad para ello. El Espíritu Santo cumple con todas estas características y por tanto el sello es un símbolo muy adecuado para él. El Espíritu Santo en nuestras vidas como sello puesto por Dios significa que pertenecernos a Dios. Si Ud. es creyente, Ud. no es dueño de Ud. mismo, amigo oyente Ud. pertenece a Dios y por tanto Ud. no puede hacer lo que Ud. quiera con su vida. Ud. debe vivir sometido a su dueño, a Dios porque Ud. es propiedad de él. También el Espíritu Santo morando en nuestras vidas significa que somos auténticos hijos de Dios. Llevamos un sello que solamente Dios lo puede poner y lo hermoso de la palabra de Dios es que nadie puede remover ese sello que hemos recibido. No debe haber por tanto ninguna sombra de duda sobre nuestra autenticidad como hijos de Dios. El sello que llevamos habla de nuestra estirpe divina. En el mundo automotriz es muy importante esto de los sellos. Un famoso fabricante de autos se asegura de poner el sello de fábrica en todos y cada uno de lo componentes de sus autos. De esta forma espera que sus clientes tengan la seguridad total de que han adquirido algo auténtico, no una imitación. Los que somos creyentes también tenemos el sello de autenticidad que significa que no somos una imitación, sino auténticos hijos de Dios. Finalmente, el Espíritu Santo morando en nuestra vida significa que Dios, quien nos puso el sello tiene autoridad de hacer lo que a él le plazca con nosotros. Muchas veces no lo miramos así. Pensamos que Dios tendría que consultar con nosotros antes de hacer algo con nosotros. Pensamos que tenemos mayor autoridad que él. Pero no hay tal amigo oyente. Por cuanto llevamos su sello en nosotros Dios tiene plena autoridad sobre nosotros para hacer lo que él ha determinado dentro de su plan soberano. Este hecho, lejos de ser negativo o fatalista es grandioso para el creyente, porque la Biblia dice en Romanos 8:28: “Y sabemos que a los que aman a Dios todas las cosas les ayudan a bien, esto es, a los que conforme a su propósito son llamados”. Todo lo que en su derecho hace el Señor con los que somos suyos es algo que ayuda a bien, aunque quizá nosotros con nuestra visión limitada de las cosas no lo veamos así. Sabiendo que el fuego, el aceite y el sello son símbolos del Espíritu Santo, que podamos amar y comprender mejor la persona y obra del Espíritu Santo.

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