Reciba cordiales saludos amable oyente. La Biblia Dice… da la bienvenida al estudio bíblico de hoy en el libro de Colosenses. Este estudio bíblico es parte de la serie titulada: La supremacía de Cristo. En nuestro último estudio bíblico vimos que la sangre de Jesucristo derramada en la cruz del Calvario hizo posible la reconciliación de todas las cosas, así las que están en la tierra como las que están en los cielos, haciendo la paz. Con su pecado, el hombre declaró la guerra al Ser más poderoso del universo, la persona de Dios y como consecuencia vive en constante guerra con él. Este estado de guerra resulta en la falta de paz. El hombre sin Cristo vive sin paz. No tiene paz la paz con Dios ni la paz de Dios. Pero Dios tomó la iniciativa y envió a su amado Hijo, el Señor Jesucristo, quien tomó forma humana y así revestido, fue a la cruenta cruz donde derramó su sangre en perfecto sacrificio por el pecado de la humanidad. Este sacrificio satisfizo las justas demandas de Dios por el pecado, de tal manera que todo aquel que quiere que sus pecados sean perdonados puede confiar en lo que Cristo hizo y así por medio de él satisfacer a Dios. Como resultado de recibir a Cristo como Salvador, el hombre queda reconciliado con Dios, es decir, de un enemigo se torna en un amigo de Dios, en realidad, más que amigo, se torna en un hijo de Dios. En el estudio bíblico de hoy veremos algunos otros aspectos de la reconciliación.

Le invito a abrir su Biblia en el libro de Colosenses, capítulo 1, versículos 21 a 23. En este pasaje bíblico, tenemos el poder de la reconciliación, el precio de la reconciliación, el producto de la reconciliación, el patrón de la reconciliación y la predicación de la reconciliación. Antes de proseguir, recordemos que reconciliación significa cambiar completamente. Por la muerte de Cristo, el creyente logra un cambio completo hacia Dios, es decir, un giro completo de la enemistad y la aversión al amor y la confianza. Las Escrituras nunca hablan de que Dios es reconciliado. Sólo el hombre pecador puede ser reconciliado, porque el enemigo es el hombre, no Dios. El que se alejó fue el hombre, no Dios. Es el hombre entonces quien necesita reconciliarse con Dios. Muy bien. Con esta idea en mente, consideremos primeramente el poder de la reconciliación. Colosenses 1:21 dice: Y a vosotros también,  que erais en otro tiempo extraños y enemigos en vuestra mente,  haciendo malas obras,  ahora os ha reconciliado
Para contemplar el poder de la reconciliación tenemos que ver la condición del hombre en su verdadera dimensión. En este versículo notamos tres características de lo que era el hombre antes de ser reconciliado. Primero era extraño a Dios. Esto significa que el hombre en su estado pecaminoso no tiene nada en común con Dios quien es santo. Recordemos que el pecado separa de Dios. Cuando Adán y Eva pecaron en el huerto del Edén se separaron de Dios o se volvieron extraños a Dios y a partir de ese momento fatídico, todo ser humano llega a este mundo separado de Dios, siendo un extraño para Dios. El hombre en su estado natural no puede siquiera entender las cosas de Dios. 1 Corintios 2:14 dice: Pero el hombre natural no percibe las cosas que son del Espíritu de Dios,  porque para él son locura,  y no las puede entender,  porque se han de discernir espiritualmente.
Los pensamientos de Dios, aún las mismas palabras de Dios son una locura para el hombre sin Cristo. Es como si Dios estuviera hablando en un idioma extranjero. Además de ser un extraño, antes de reconciliarse, el hombre es enemigo de Dios en su mente. Esto significa que maquina pensamientos y acciones contra Dios. Hoy en día, en el mundo existe una fuerte tendencia a quitar a Dios del lugar de privilegio que le corresponde. La filosofía evolucionista, que tiene explicación para todo sin tomar en cuenta a Dios es una muestra de la enemistad del hombre contra Dios. La filosofía humanista que eleva al hombre a la posición de Dios es también una muestra de la enemistad del hombre con Dios. Además de ser extraño y enemigo de Dios en su mente, antes de reconciliarse, el hombre hace malas obras. Esto es el producto de la enemistad del hombre contra Dios en su mente. Se ha pasado del pensamiento a la acción. Toda obra del hombre sin Cristo, es una mala obra a los ojos de Dios. Aún las buenas obras a los ojos de los hombres, llegan a ser malas obras a los ojos de Dios cuando proceden de una mente alejada de Dios. Este es el estado del hombre antes de reconciliarse con Dios. Es un estado verdaderamente deplorable. Parecería que no hubiera esperanza para el hombre pecador. Pero aquí está el poder de la reconciliación. Toma a un hombre extraño, enemigo de Dios en su mente, y habituado a hacer malas obras y lo acerca a Dios, le da una nueva mente para conocer a Dios y le permite hacer obras agradables a Dios. Qué bendición. En segundo lugar consideremos el precio de la reconciliación. Colosenses 1: 21 en su última parte y la primera parte del versículo 22 dice: ahora os ha reconciliado
Col 1:22  en su cuerpo de carne,  por medio de la muerte,
Para que haya reconciliación tiene que eliminarse el motivo que causó la enemistad. Lo que produjo la separación del hombre con Dios fue el pecado del hombre. Para hablar de reconciliación se necesita quitar de en medio el pecado. Quitar el pecado no es un asunto fácil, porque Dios ha dicho que la paga del pecado es muerte. Si Dios iba a quitar el pecado, alguien sin pecado tenía que morir. Ese alguien sin pecado es Cristo, porque él es Dios y murió en la cruz a favor de pecadores perdidos, enemigos de Dios, como usted y yo. El sacrificio de Cristo satisfizo las justas demandas de Dios y por tanto se hizo posible que se quite el pecado de todos aquellos que confiamos en el sacrificio de Cristo por nuestro pecado. La reconciliación tuvo poder suficiente para transformar a un enemigo de Dios en un hijo de Dios pero el precio que se pagó fue sumamente elevado, costó la vida del mismo Hijo de Dios. En tercer lugar consideremos el producto de la reconciliación. En Colosenses 1:20 ya vimos que al ser reconciliados estamos en paz con Dios, pero hay otras cosas adicionales como producto de la reconciliación. Colosenses 1:22 continúa diciendo: para presentaros santos y sin mancha e irreprensibles delante de él;
Los que hemos sido reconciliados estamos ya en la presencia de Dios con tres cualidades. Primero, santos. Esto quiere decir apartados para él. Antes de ser reconciliados éramos extraños y enemigos de Dios. Hoy somos escogidos y apartados para él. Segundo: Sin mancha. Para estar delante de Dios tenemos que estar libres del pecado. La sangre de Cristo, por quien tenemos reconciliación, nos lavó de todos nuestros pecados y estamos sin mancha delante de Dios. Tercero, irreprensibles. Esto quiere decir que no hay nada en nosotros por lo cual podemos ser acusados. Satanás, el acusador de los hermanos está afanosamente buscando algo para acusarnos ante el Padre, pero por el sacrificio de Cristo, estamos libres de todas la culpa por el pecado, por tanto somos irreprensibles delante de Dios. Cómo no pronunciar un sonoro ¡Amén! Al saber cual es el producto de la reconciliación. En cuarto lugar, tenemos el patrón de la reconciliación. ¿Cómo llega a ser reconciliado un pecador extraño y enemigo de Dios? Colosenses 1:23 en su primera parte dice: si en verdad permanecéis fundados y firmes en la fe,  y sin moveros de la esperanza del evangelio que habéis oído,
Este texto no está diciendo que para seguir siendo reconciliados tenemos que permanecer firmes en la fe. Recordemos que Colosenses 1:21 dice que ya hemos sido reconciliados. La reconciliación ocurre instantáneamente el momento que creímos en Cristo. Lo que este texto está diciendo es que siendo que en verdad permanecemos fundados y firmes en la fe, creyendo lo que el evangelio anuncia, somos reconciliados con Dios. El texto no está hablando de la posibilidad de dejar de ser reconciliados sino declarando que los que hemos confiado en el evangelio ya somos reconciliados. El patrón para la reconciliación siempre ha sido y será la fe sola en Cristo como Salvador. El que cree en el Hijo tiene vida eterna, dice Juan 3:36. En quinto y último lugar, consideremos el predicador de la reconciliación. Colosenses 1:23 en su última parte dice: el cual se predica en toda la creación que está debajo del cielo;  del cual yo Pablo fui hecho ministro.
El evangelio significa buenas noticias. Las buenas noticias tienen que ver con ser reconciliados con Dios. Este mensaje debe ser predicado en toda la creación debajo del cielo. Para ser proclamado se necesita de personas. Pablo fue un ministro o un siervo del evangelio. Hemos estado hablando de reconciliación con Dios. ¿Se ha reconciliado ya con Dios? Si no lo ha hecho aún, hoy mismo invite a Jesucristo a que sea su Salvador. Como resultado quedará reconciliado con Dios.