Cordiales saludos amable oyente. Soy David Araya dándole la bienvenida al estudio bíblico de hoy. Estamos estudiando el Evangelio según Mateo, en la serie que lleva por título: Jesucristo, Rey de reyes y Señor de señores. Según el Evangelio de Mateo, Jesús manifestó muchas credenciales que le acreditaban como el Cristo, o el Mesías de Israel. En el estudio bíblico de hoy, David Logacho continuará compartiendo con nosotros acerca de algunas otras credenciales que Jesús manifestó para demostrar que era el Cristo, o el Mesías de Israel.

Qué bendición es para mí, compartir este tiempo junto a Usted amable oyente. Mi oración es que Dios en su gracia, por medio de su Espíritu nos permita admirar cada vez mucho más a nuestro precioso Salvador el Señor Jesucristo. Hemos visto como Jesús ha estado manifestando sus credenciales que le acreditan como el Cristo o el Mesías de Israel. Ha mostrado que tiene poder sobre la enfermedad, sobre los demonios, sobre los elementos de la naturaleza, poder para perdonar pecados y poder sobre la muerte. Hoy vamos a ver el poder de Jesús sobre la ceguera, sobre la mudez y en general sobre toda dolencia humana. Si tiene una Biblia a la mano, ábrala en Mateo 9:27-35. Lo que primero notaremos allí es el poder de Jesús para devolver la vista a dos personas ciegas. Veamos como lo relata Mateo. Permítame leer Mateo 9:27-31. La Biblia dice: Pasando Jesús de allí, le siguieron dos ciegos, dando voces y diciendo: ¡Ten misericordia de nosotros, Hijo de David! Y llegado a la casa, vinieron a él los ciegos; y Jesús les dijo: ¿Creéis que puedo hacer esto? Ellos dijeron: Sí, Señor. Entonces les tocó los ojos, diciendo: Conforme a vuestra fe os sea hecho. Y los ojos de ellos fueron abiertos. Y Jesús les encargó rigurosamente, diciendo: Mirad que nadie lo sepa. Pero salidos ellos, divulgaron la fama de él por toda aquella tierra.
Jesús había acabado de manifestar su poder sobre la muerte al devolver la vida a la hija de Jairo, principal de la sinagoga de Capernaúm. Inmediatamente después, Jesús y sus discípulos deben haber salido de la casa de Jairo, y mientras caminaban escucharon que tras ellos dos hombres clamaban a gran voz diciendo: ¡Ten misericordia de nosotros, Hijo de David! Se trataba de dos hombres ciegos que sobrecogidos de una profunda fe, estaban convencidos que Jesús era su única esperanza para cambiar su triste situación. Interesante que los ciegos no están demandando u ordenando a Jesús que les devuelva la vista, al puro estilo de muchos hoy en día que se consideran a ellos mismos como superiores a Dios al punto para ordenarle, o simplemente declarar que Dios haga lo que ellos quieren. Pero los ciegos de nuestra historia no actuaron así. Los ciegos simplemente clamaban constantemente por misericordia. Misericordia significa no dar lo que se merece. Los ciegos de ninguna manera se creían merecedores del favor que estaban solicitando a Jesús. Si algo iba a pasar, sería por la pura misericordia de Jesús. Pero más interesante es el nombre que los ciegos utilizan para dirigirse a Jesús. Le dicen: Hijo de David. Esto significa que reconocían que Jesús es el Cristo, el Mesías de Israel, el tan anhelado Rey de los judíos. Siendo así, los ciegos tenían absoluta certeza en cuanto a que Jesús tenía poder más que suficiente para devolverles la vista. Los ciegos conocían pasajes de la Escritura como Isaías 42:6-7 en el cual se habla de que el Cristo abrirá los ojos de los ciegos. Note lo que dice allí: Yo Jehová te he llamado en justicia, y te sostendré por la mano; te guardaré y te pondré por pacto al pueblo, por luz de las naciones, para que abras los ojos de los ciegos, para que saques de la cárcel a los presos, y de casas de prisión a los que moran en tinieblas.
La fe de los ciegos, no era una fe ciega. Era una fe que se sustentaba en algo que Dios había dicho en su palabra. Cuando la fe se fundamenta en lo que Dios ha dicho en su palabra, hay seguridad de que lo que se pide será concedido. Será una oración en la voluntad de Dios. Por el relato de Mateo, parece que los ciegos clamaban constantemente por misericordia hasta que Jesús entró en una casa. A los ciegos no les importó las críticas y tal vez hasta los insultos de la gente. Su fe les movía a perseverar en su pedido por misericordia. Así actúa una persona que tiene fe en algo que Dios ha dicho en su palabra. Una vez en la casa, Jesús se dirigió a los ciegos y les dijo: ¿Creéis que puedo hacer esto? Interesante la pregunta de Jesús. Por supuesto que Jesús tiene todo el poder para devolver la vista no sólo a esos dos ciegos sino a todos los ciegos que puedan existir, pero lo que Jesús estaba buscando es que los ciegos hagan pública su fe en él. Por eso es que la respuesta de los ciegos fue: Sí, Señor. Con esto, los ciegos están diciendo: Estamos absolutamente convencidos que tú puedes devolvernos la vista, porque tú eres el Señor, o el Amo y ni aún las tinieblas en las que nos encontramos pueden mantenerse firmes ante una orden tuya para que se retiren. Así de grande era la fe en Jesús de estos dos ciegos. Es natural entonces lo que sucedió después. Jesús simplemente tocó los ojos de los ciegos y pronunció estas palabras: Conforme a vuestra fe os sea hecho. Este fue el premio a la fe de estos dos hombres. En esta ocasión, Jesús hizo el milagro en respuesta a la fe de los que recibían el beneficio del milagro, hubo otras ocasiones cuando Jesús hizo milagros sin que intervenga en absoluto la fe de la persona que recibe el milagro. Dios es soberano en esto. Dice el relato que al instante, los ojos de los ciegos fueron abiertos. Mientras disfrutaban de su capacidad de ver, estos ex ciegos escucharon a Jesús pidiéndoles con rigurosidad que no digan a nadie lo que había pasado. ¿Cuál es la razón para este mandato un tanto extraño? Jesús simplemente no quería fama, Jesús consideraba que ese no era el momento para que la gente le siga por mera curiosidad y así se dificulte su ministerio. Pero al salir de aquel lugar, estos hombres divulgaron la fama de Jesús por toda aquella tierra. La desobediencia de estos hombres es muy comprensible, pero de ninguna manera justificable. Jesús no vino al mundo a buscar fama sino a morir por el pecador. Gran lección para todos aquellos que con tal de ganar fama y notoriedad son capaces de cualquier cosa, inclusive de mentir sobre sus supuestas obras sobrenaturales. A continuación, Jesús manifiesta otra de sus credenciales. Me refiero al poder sobre la mudez. Permítame leer el texto que se encuentra en Mateo 9:32-34. La Biblia dice: Mientras salían ellos, he aquí, le trajeron un mudo, endemoniado. Y echado fuera el demonio, el mudo habló; y la gente se maravillaba, y decía: Nunca se ha visto cosa semejante en Israel. Pero los fariseos decían: Por el príncipe de los demonios echa fuera los demonios.
Jesús salió también de la casa donde había sanado a los ciegos y mientras estaba en la calle le trajeron a un hombre mudo y endemoniado. Los demonios que moraban en este hombre le habían ocasionado la pérdida del habla. Cuando los demonios poseen a una persona producen desórdenes espirituales, emocionales, mentales y físicos, como es el caso de este endemoniado mudo. Mateo no abunda en detalles en este caso, simplemente menciona que Jesús echó fuera al demonio y automáticamente el mudo habló. De esto se desprende que la incapacidad para hablar de este hombre se debía a la presencia del demonio en su vida. Una vez libre de la presencia del demonio en su vida, este hombre habló con soltura. Jamás debemos minimizar el poder de los espíritus malignos, pero lo grandioso es que Jesús es más poderoso que ellos y Jesús está de nuestro lado. La gente que fue testigo de la liberación del hombre mudo y vio como este mudo habló, quedó maravillada. Su conclusión fue: Nunca se ha visto cosa semejante en Israel. Qué triste. Se maravillaron por el milagro, pero ignoraron al hacedor del milagro. Fallaron en reconocer a Jesús como el Cristo o el Mesías de Israel. Pero algo muchísimo más grave, fue la actitud de los famosos fariseos, quienes confundiéndose entre la multitud llegaron a su propia y absurda conclusión. Ciegos en su pecado de incredulidad dijeron: Por el príncipe de los demonios echa fuera demonios. ¡Qué trágico y triste! Los fariseos básicamente están acusando a Jesús que está confabulado con Satanás, el príncipe de los demonios, y que por eso echa fuera a los demonios. Esto es lo que se conoce como la blasfemia contra el Espíritu Santo y Jesús lo confrontará con firmeza más adelante, según Mateo 12:24-37, lo cual será tema de nuestro estudio a su debido tiempo. Se dice que no hay peor ciego que el que no quiere ver, y los fariseos cayeron en este error en un sentido espiritual. A pesar de ver con sus propios ojos lo que Jesús hacía, y sabiendo que todo eso correspondía a lo que el Antiguo Testamento decía que haría el Cristo o el Mesías de Israel, se pusieron la venda en los ojos y rechazaron a Jesús de una manera tan vil y maligna afirmando que lo que Jesús estaba haciendo era la manifestación de un poder satánico. Con justa razón Jesús fue drástico en el trato con los fariseos. Terminando esta sección de su evangelio, en la cual Jesús manifestó sus credenciales como el Cristo o el Mesías de Israel, Mateo nos presenta un breve resumen. Permítame leer Mateo 9:35. La Biblia dice: Recorría Jesús todas las ciudades y aldeas, enseñando en las sinagogas de ellos, y predicando el evangelio del reino, y sanando toda enfermedad y toda dolencia en el pueblo.
Jesús visitó todas las ciudades y aldeas de Galilea. En cada lugar donde se detenía, enseñaba en la sinagoga donde se reunían los judíos, seguramente mostrando lo que las Escrituras decían de él, y predicaba el evangelio del reino. Esto se refiere al anuncio de que estaba cerca el establecimiento del reino de Dios en la tierra. Él como Rey ya estaba presente y faltaba solamente que la gente se arrepienta de su pecado, y reconozca al Cristo o el Mesías de Israel en la persona de Jesús. Sus milagros, como esto de sanar toda enfermedad y aliviar toda dolencia era todo lo que la gente necesitaba ver en él para reconocerlo como el Rey de Israel.