En Mateo 6:6 se exhorta a orar en secreto, pero en 1ª Timoteo se exhorta a orar en público. ¿No le parece contradictorio?

No, no me parece en absoluto contradictorio. Más bien es complementario. Se debe orar en secreto, pero también se debe orar en público. Ambos tipos de oración son perfectamente válidos. Veámoslo en mayor detalle.

Para eso leamos Mateo 6:5-6 donde dice: “Y cuando ores, no seas como los hipócritas; porque ellos aman el orar en pie en las sinagogas y en las esquinas de las calles, para ser vistos de los hombres; de cierto os digo que ya tienen su recompensa. Mas tú, cuando ores, entra en tu aposento, y cerrada la puerta, ora a tu Padre que está en secreto; y tu Padre que ve en lo secreto te recompensará en público.”

En este pasaje bíblico, Jesús no está condenando la oración en público, lo cual era válido y perfectamente legal. Lo que Jesús está condenando es la hipocresía que resulta de orar en pie en las sinagogas y en las esquinas de las calles, no para ser oídos por Dios, sino para ser vistos y admirados por los hombres.

Los que así lo hacen ya tienen su recompensa, la cual es la alabanza barata de hombres corruptos como ellos, pero jamás obtendrán recompensa de parte de Dios. La prueba de la sinceridad de la oración, está dada por la disposición voluntaria y gozosa de estar en un lugar donde no haya absolutamente nadie, para abrir el corazón delante de Dios únicamente. Esta es la oración que será recompensada por Dios pero no por los hombres.

Ahora leamos 1ª Timoteo 2:8 donde dice: “Quiero, pues, que los hombres oren en todo lugar, levantando manos santas, sin ira ni contienda”

Esta es la ratificación de que es perfectamente válido orar en público, cuidando siempre la actitud del corazón, no sea que caigamos en la hipocresía de orar solamente para ser vistos por los hombres, lo cual condenó Jesús en Mateo 6:5.

Pero si no existe la intención de atraer la atención hacia uno mismo, es bueno orar en público. En todo caso, si Usted no tiene la costumbre de orar a Dios en secreto, es mejor que no ore a Dios en público, para que nadie le tilde de hipócrita.