Reciba muchos saludos amable oyente. Soy David Logacho dándole la bienvenida al estudio bíblico de hoy en el evangelio según Juan. En esta oportunidad vamos a estudiar la primera parte del capítulo 17.

Le invito a abrir su Biblia en Juan capítulo 17. En la primera parte del versículo 1 leemos lo siguiente: Estas cosas habló Jesús, y levantando los ojos al cielo, dijo. Estamos entonces ante una oración que hace el Señor Jesús a su Padre celestial. A esta oración se la conoce como la oración sumo sacerdotal del Señor Jesús. En la oración el Señor Jesús se enfoca sobre sí mismo, en los versículos 1 a 5, sobre los once apóstoles en los versículos 6 a 19 y sobre la iglesia, en los versículos 20 a 26. De modo que veamos que es lo que el Señor Jesús dijo a su Padre celestial en oración respecto de sí mismo. La palabra clave en esta parte de la oración del Señor Jesús, es el verbo glorificar. Aparece por cuatro veces en estos cinco versículos. Glorificar significa rendir honor o majestad a una cosa o persona. Con esto en mente miremos más de cerca lo que dijo el Señor Jesús a su Padre. Juan 17, desde la segunda parte del versículo 1 hasta el versículo 5 dice: Padre, la hora ha llegado; glorifica a tu Hijo, para que también tu Hijo te glorifique a ti;
Joh 17:2  como le has dado potestad sobre toda carne, para que dé vida eterna a todos los que le diste.
Joh 17:3  Y esta es la vida eterna: que te conozcan a ti, el único Dios verdadero, y a Jesucristo, a quien has enviado.
Joh 17:4  Yo te he glorificado en la tierra; he acabado la obra que me diste que hiciese.
Joh 17:5  Ahora pues, Padre, glorifícame tú al lado tuyo, con aquella gloria que tuve contigo antes que el mundo fuese.
En algunas ocasiones, varias personas intentaron matar al Señor Jesús, pero no lo pudieron hacer porque todavía no había llegado su hora, pero la hora llegó aquella noche, cuando el Señor Jesús iba a ser entregado para ser crucificado. Glorifica a tu Hijo fue el pedido del Señor Jesús. Esto apunta más allá de su muerte en la cruz. Si quedaba en el sepulcro, hubiera sido prueba que no era ni más ni menos que cualquier ser humano, pero si el Padre le glorificaba levantándole de los muertos sería prueba de que era el Cristo, el Hijo de Dios, el Mesías, el Salvador del mundo. El Padre respondió a este pedido levantándolo de los muertos y más tarde recibiéndolo en su gloria en donde está sentado a su diestra. El propósito para que el Señor Jesús pida ser glorificado a su Padre no fue para engrandecerse a sí mismo, sino para glorificar a su Padre, en la misma medida que el Padre le ha dado potestad sobre toda carne, o sobre todo ser humano, para que dé vida eterna a todos los que el Padre le dio. Los que creemos en el Señor Jesús y lo hemos recibido como Salvador, hemos sido dados por el Padre al Hijo. Esto no significa que Dios destina de antemano a algunos para condenación. La oportunidad de salvación se ofrece a todos, pero no todos la aceptan. Los que la aceptan han sido dados por el Padre al Hijo y el Hijo les da vida eterna. La vida eterna, no tiene que ver solamente con morar en el cielo por la eternidad. En su oración, el Señor Jesús hace una maravillosa descripción de lo que es la vida eterna. Esta es la vida eterna: que un pecador condenado por su pecado, conozca al Padre, el único Dios verdadero, y a Jesucristo, a quien el Padre ha enviado al mundo. El verbo conocer significa tener una relación íntima. La única manera de tener esta relación íntima con Dios es por gracia, nadie puede merecerlo, y se lo recibe por la fe en la persona y obra del Señor Jesús, quien fue enviado por el Padre para recibir el castigo que el pecador merece, de modo que el Padre pueda otorgar perdón al culpable. Vida eterna en esencia tiene que ver con el Padre y con el Hijo en una relación íntima con el pecador que recibe a Cristo como Salvador. En otros textos se hace evidente que también el Espíritu Santo tiene una relación íntima con el creyente. La trinidad completa en una relación íntima con una persona. Esto es vida eterna. El Señor Jesús glorificó a su Padre en la tierra por medio de acabar la obra que su Padre le dio para que hiciese, obra indispensable para que el pecador sea perdonado de su pecado y conozca a Dios y a Jesucristo, o en otras palabras, tenga vida eterna. Con justificada razón, el Señor Jesús entonces pide a su Padre que le glorifique a su lado, con la misma gloria que tuvo desde la eternidad, antes que el mundo fuese. Cuando el Señor Jesús tomó forma humana, voluntariamente cubrió su gloria bajo el manto de perfecta humanidad. Una vez terminada su obra de redención, llegó el momento para volver a la gloria de su Padre. A partir del versículo 6, el Señor quita su mirada de sí mismo y la pone sobre sus once apóstoles. Es la oración intercesora por sus apóstoles. Esta parte de la oración tiene tres partes. En la primera el Señor Jesús comparte con su Padre la obra que hizo con los once. Juan 17:6-8 dice: He manifestado tu nombre a los hombres que del mundo me diste; tuyos eran, y me los diste, y han guardado tu palabra.
Joh 17:7  Ahora han conocido que todas las cosas que me has dado, proceden de ti;
Joh 17:8  porque las palabras que me diste, les he dado; y ellos las recibieron, y han conocido verdaderamente que salí de ti, y han creído que tú me enviaste.
A través de su enseñanza y sus obras sobrenaturales, el Señor Jesús manifestó el nombre de Dios a sus apóstoles. El nombre encierra todo lo que una persona es, su carácter, sus atributos. Todo esto manifestó el Señor Jesús a sus apóstoles. Los apóstoles eran del mundo pero fueron dados por el Padre al Señor Jesús. Esta es la obra del Padre, pero los apóstoles también hicieron su obra. Esta obra fue guardar o someterse a la palabra de Dios. Esto hizo posible que sus apóstoles conozcan o tengan absoluta certeza en cuanto a que todas las cosas que le han sido dadas al Señor Jesús, proceden del Padre. El Señor Jesús enseñó a sus apóstoles y ellos las recibieron como la palabra de Dios y conocieron verdaderamente que el Señor Jesús salió del Padre, de modo que creyeron sin lugar a duda alguna, que el Señor Jesús fue enviado del Padre. En la segunda parte de su oración intercesora por sus apóstoles, el Señor Jesús ruega a su Padre por protección para sus apóstoles. Juan 17:9-13 dice: Yo ruego por ellos; no ruego por el mundo, sino por los que me diste; porque tuyos son,
Joh 17:10  y todo lo mío es tuyo, y lo tuyo mío; y he sido glorificado en ellos.
Joh 17:11  Y ya no estoy en el mundo; mas éstos están en el mundo, y yo voy a ti. Padre santo, a los que me has dado, guárdalos en tu nombre, para que sean uno, así como nosotros.
Joh 17:12  Cuando estaba con ellos en el mundo, yo los guardaba en tu nombre; a los que me diste, yo los guardé, y ninguno de ellos se perdió, sino el hijo de perdición, para que la Escritura se cumpliese.(A)
Joh 17:13  Pero ahora voy a ti; y hablo esto en el mundo, para que tengan mi gozo cumplido en sí mismos.
El Señor Jesús ruega a su Padre por sus apóstoles. Los apóstoles fueron dados al Señor Jesús por el Padre, porque pertenecen al Padre. El Señor Jesús fue fiel hacia aquellos que fueron dados por su Padre. Lo hizo porque todo lo que es del Hijo es también del Padre y todo lo que es del Padre es también del Hijo. En consecuencia, el Hijo, el Señor Jesús, fue glorificado en sus apóstoles. Pero había llegado el momento cuando el Señor Jesús tenía que salir del mundo para ir a la gloria de su Padre. Esto implica que sus apóstoles tenían que quedarse en el mundo. El pedido del Señor Jesús a su Padre es que los apóstoles que fueron dados por el Padre, sean guardados en el nombre del Padre, de modo que sean uno, así como el Señor Jesús y el Padre son uno. Cuando el Señor Jesús estuvo en la tierra con sus apóstoles, él los guardaba en el nombre de Dios. La obra del Señor Jesús guardando a sus apóstoles fue efectiva porque ninguno se perdió, sino el hijo de perdición, refiriéndose a Judas Iscariote, y esto para que se cumplan las Escrituras. La traición de Judas Iscariote no fue por algo que el Señor Jesús falló en hacer, sino para que se cumplan las Escrituras, en cuanto a que uno de su confianza le iba a traicionar. Saber que el Señor Jesús oró a su Padre para que sus discípulos sean guardados en el mundo, de modo que sean uno, tenía el propósito que los apóstoles experimenten el gozo del Señor Jesús. El Señor Jesús dijo por tanto que habló estas cosas en el mundo para que los apóstoles tengan el gozo de él cumplido o completo en ellos mismos. En la tercera parte de la oración intercesora por sus discípulos, el Señor Jesús manifiesta el motivo para pedir a su Padre que guarde a sus apóstoles. Juan 17: 14-19 dice: Yo les he dado tu palabra; y el mundo los aborreció, porque no son del mundo, como tampoco yo soy del mundo.
Joh 17:15  No ruego que los quites del mundo, sino que los guardes del mal.
Joh 17:16  No son del mundo, como tampoco yo soy del mundo.
Joh 17:17  Santifícalos en tu verdad; tu palabra es verdad.
Joh 17:18  Como tú me enviaste al mundo, así yo los he enviado al mundo.
Joh 17:19  Y por ellos yo me santifico a mí mismo, para que también ellos sean santificados en la verdad.
El Señor Jesús dio la palabra del Padre a sus apóstoles y ellos lo recibieron como palabra de Dios. De esta manera se identificaron con el Señor Jesús. Esto provocó que el mundo aborrezca a sus apóstoles, porque no son del mundo, así como el Señor Jesús tampoco es del mundo. El Señor Jesús no está pidiendo al Padre que saque a los apóstoles de mundo, porque los apóstoles tenían una obra majestuosa para hacer. Lo que el Señor Jesús está pidiendo al Padre es que el Padre guarde del mal a los apóstoles. Cuando el Señor Jesús habló del mal, con toda probabilidad se refirió al maligno, a Satanás, el príncipe de este mundo. Los apóstoles no son del mundo, así como el Señor Jesús tampoco es del mundo, y por eso el mundo gobernado por Satanás el maligno, aborrece tanto a los apóstoles como al Señor Jesús. El pedido de oración del Señor Jesús es que el Padre santifique a los apóstoles en su verdad. El verbo santificar significa, poner aparte para un propósito especial. El Señor Jesús pide a su Padre que los apóstoles sean puestos aparte del mundo para el propósito de proclamar la verdad en el mundo. Esta oración fue respondida por el Padre y los apóstoles fueron aquellos que esparcieron la verdad de Dios a todo el mundo conocido de su época. Por eso el Señor Jesús dijo a su Padre: Así como tú me enviaste a este mundo para dar testimonio de la verdad, yo también envío a mis apóstoles al mundo para que den testimonio de la verdad. El Señor Jesús se puso aparte para hacer la obra del Padre, cuando vino a este mundo, de la misma manera, los apóstoles deben ponerse aparte para hacer la obra de dar testimonio de la verdad en este mundo. Maravillosa oración del Hijo, el Señor Jesús a su Padre celestial. Esta oración fue respondida por su Padre y el resultado fue el establecimiento de la iglesia de Cristo en el mundo, obra en la cual los apóstoles del Señor Jesús pusieron el fun