Cordiales saludos amigo oyente. Bienvenido al estudio bíblico de hoy sobre el Espíritu Santo. Estamos considerando la obra del Espíritu Santo. En nuestro último estudio bíblico, vimos la obra del Espíritu Santo en el incrédulo. En esta ocasión, David Logacho nos va a hablar de una de las obras del Espíritu Santo en el creyente.

En cierta ocasión preguntaron a un anciano creyente, cuándo había nacido. El anciano respondió nací el 23 de Abril de 1912 pero volví a nacer el 15 de febrero de 1945. Esta respuesta dejó aturdido al que hizo la pregunta y pidió más información. Ah, dijo Ud. estuvo a punto de morir el 15 de febrero de 1945 y como que volvió a nacer ese día. No, respondió el anciano. El 15 de febrero de 1945 nací espiritualmente, cuando recibí a Cristo como mi Salvador. Así es amigo oyente. Los que hemos recibido a Cristo como nuestro Salvador hemos nacido dos veces. El primer nacimiento significó el entrar a este mundo en el cual habitamos por ahora y el segundo nacimiento significó entrar al reino de Dios, en el cuál estaremos por la eternidad, por ahora vivimos aquí en este mundo, como peregrinos y extranjeros pero en algún momento viviremos en el cielo por la eternidad. De este segundo nacimiento es que vamos a hablar en esta ocasión. En este segundo nacimiento se lo conoce también como el nuevo nacimiento o si quiere un término teológico, la regeneración. La regeneración o el nuevo nacimiento es el acto de Dios por lo cuál imparte vida eterna a una persona que estaba muerta espiritualmente. Sin esta obra sobrenatural de Dios es imposible entrar al reino de Dios. Es te fue justamente el mensaje de Jesús a un Fariseo llamado Nicodemo, y cuyo relato lo tenemos en el tercer capítulo del Evangelio según San Juan. Nicodemo era el candidato ideal para entrar al reino de Dios, si la entrada al reino de Dios dependiera de cuan buena es una persona. Pero Jesús dijo al buen Nicodemo, según Juan 3:5: “De cierto, de cierto, te digo que el que no naciere de agua y del Espíritu, no puede entrar en el reino de Dios”. Nacer del agua y del Espíritu es lo mismo que nacer de nuevo o lo que hemos llamado la regeneración. De esto nos habla también Tito 3:5 cuando dice: “no salvo, no por obras de justicia que nosotros hubiéramos hecho, si no por su misericordia, por el lavamiento de la regeneración y por la renovación en el Espíritu Santo”. Note que la salvación es un resultado de la regeneración. Todos los regenerados son salvos y todos los salvos son regenerados. Note también que tanto en la cita de Juan 3:5 como en la cita de Tito 3:5, el Espíritu Santo tiene un rol preponderante en la regeneración por eso es que podemos afirmar que la persona de la deidad que tiene participación directa en la regeneración es el Espíritu Santo. Muy bien, con todo esto como en antecedente, que tal si hacemos algunas puntualizaciones relativas a la regeneración. En primer lugar, la regeneración es instantánea. Así como el nacimiento de una persona, es un acto instantáneo, que sucede en algún momento y nunca vuelve a suceder, la regeneración también es un acto instantáneo, que sucede en algún momento, por el cual la persona regenerada nace espiritualmente y nunca más vuelve a suceder. En un instante, la persona no regenerada pasa a ser regenerada y ese estado jamás cambiará. De esto debemos estar muy agradecidos los creyentes porque nos trae seguridad. Los nacidos de nuevo nunca dejamos de serlo. En otras palabras la salvación en un genuino creyente, jamás se la puede perder. Pero examinemos un poco más de cerca lo que antecede a la regeneración y lo que sigue a la regeneración. En cuanto a lo que antecede a la regeneración, podemos ver un proceso. Como señalamos en el estudio bíblico anterior, el Espíritu Santo convence al hombre de pecado, de justicia y de juicio. De pecado, cuando muestra al hombre que es un pecador. De justicia, cuando muestra al hombre que Cristo es justo y el único que puede salvar a una persona y de juicio, cuando muestra al hombre que si rechaza a Cristo como Salvador le espera el juicio de Dios. Esta es la obra del Espíritu Santo en el hombre no regenerado. Esta obra puede tomar bastante tiempo, pero en algún momento el hombre no regenerado entiende todo esto y admite que es así y por fe recibe a Cristo como Salvador. Ese instante, el hombre no regenerado pasa a ser un hombre regenerado. ¿Qué es lo que sigue? Bueno, también es un proceso. El hombre regenerado, como una criatura recién nacida buscará crecer y alcanzar la madurez. Así que, la regeneración o el nuevo nacimiento es un acto instantáneo. En segundo lugar, la regeneración o el nuevo nacimiento es un acto imperceptible por nuestros sentidos. En otras palabras, no es algo que se puede ver o se puede oler, o se puede palpar, o se puede saborear. Existe cantidad de personas que dudan sobre su nuevo nacimiento, porque no saben precisar cuándo ocurrió, porque nunca oyeron voces o vieron visiones, o experimentaron sensaciones sobrenaturales. Pero no hay motivo para dudar del nuevo nacimiento por el solo hecho que no se lo percibió con los sentidos, porque la regeneración o el nuevo nacimiento es algo imperceptible por los sentidos. Se puede percibir con los sentidos el resultado de la regeneración, las buenas obras que acompañan a toda persona regenerada, pero la regeneración en si mismo no puede ser percibida por los sentidos. Es algo que se lo da por sentado por fe, simplemente porque Dios lo ha dicho en su Palabra. En tercer lugar, la regeneración o el nuevo nacimiento produce una nueva naturaleza en el regenerado. 2ª Corintios 5:17 dice: “De modo que si alguno está en Cristo, nueva criatura es; las cosas viejas pasaron; he aquí todas son hechas nuevas” El hombre regenerado es una nueva criatura. Tiene por tanto una nueva naturaleza. Cuando hablamos de naturaleza estamos hablando de capacidad. El hombre no regenerado tiene una sola naturaleza, la vieja naturaleza o la capacidad para servir al pecado, en cambio el hombre regenerado tiene dos naturalezas, la vieja, o la capacidad de servir al pecado y la nueva o la capacidad de servir a la justicia. La regeneración o el nuevo nacimiento no elimina la vieja naturaleza, simplemente otorga una nueva naturaleza con la cual el hombre regenerado puede servir a la justicia. Esto amigo oyente significa que el hombre regenerado no se transforma en perfecto de la noche a la mañana, sino que recibe una nueva naturaleza o la capacidad para hacer lo que es agradable a Dios. Finalmente, en cuarto lugar, la regeneración produce una nueva vida. Esto es en realidad una consecuencia lógica de esa nueva naturaleza que produce la regeneración, 1ª Juan 3:29 dice “Si sabéis que él es justo, sabed también que todo el que hace justicia es nacido de él” Una vida de hacer justicia es el fruto de la regeneración. El apóstol Juan es categórico y dogmático cuando dice que la ausencia de un nuevo estilo de vida, gobernado por el Señor, es prueba de que no ha habido regeneración o nueva nacimiento, 1ª Juan 5:18 dice: “Sabemos que todo aquel que ha nacido de Dios, no practica el pecado, pues Aquel que fue engendrado por Dios le guarda, y el maligno no le toca” Así de sencillo amigo oyente. El que ha nacido de Dios o el regenerado, no practica el pecado. Por contraste, el que practica el pecado, no ha nacido de Dios o no ha nacido de nuevo o no ha sido regenerado. Hoy en día existen muchos que afirman haber recibido a Cristo como Salvador, pero si uno se detiene a mirar sus vidas, no ve ninguna diferencia entre su manera de vivir y la manera de vivir de cualquier incrédulo. Todavía andan en sus mentiras, en su orgullo, en su inmoralidad, en sus vicios, en su amor por lo material, etc. Esta falta de una nueva vida es evidencia de que en personas así no ha existido el nuevo nacimiento o la regeneración. Terminando ya, amigo oyente; el nuevo nacimiento o la regeneración es la obra sobrenatural del Espíritu Santo en conjunto con la palabra de Dios por la cual se imparte vida eterna a alguien que estaba muerto espiritualmente. Esta obra es instantánea, es imperceptible para los sentidos, produce una nueva naturaleza en el regenerado y resulta en vida nueva en el regenerado. Tennyson dijo lo siguiente: Si Ud. nace una vez, Ud. nace a la familia del diablo; si Ud. nace dos veces, Ud. nace a la familia de Dios. Si Ud. no ha nacido por segunda vez, hoy mismo mírese como un pecador perdido, mire a Cristo como su único y suficiente Salvador y en un acto de fe, reciba a Cristo como su Salvador. Si Ud. lo hace, Ud. nacerá por segunda vez y esto será el comienzo de una existencia con significado.