Nos da mucho gozo el saber que Usted nos está escuchando. Sea bienvenida o bienvenido al estudio bíblico de hoy dentro de la serie que lleva por título: La Vida Auténticamente Cristiana. En instantes más estará junto a nosotros David Logacho para hablarnos acerca de no ofender a los demás por medio de nuestra conducta.

Aunque muchas veces nos gustaría que no fuera así, estamos rodeados de personas y nuestra conducta les afecta de una u otra manera.

Lo deseable es que nuestra conducta afecte positivamente a los que nos rodean.

Lamentablemente, no siempre es así.

Otra de las características de la vida auténticamente cristiana es no ofender a otros con nuestra conducta.

La palabra de Dios es clara al mostrar que estando en Cristo, o siendo creyentes, tenemos libertad para hacer muchas cosas. Esta libertad puede ser mal entendida en el sentido de que el creyente puede hacer todo lo que quiera, pese a quien le pese, siempre y cuando esté convencido de que lo que está haciendo no es pecado.

Esta aberración de la libertad que tenemos en Cristo es confrontada por la palabra de Dios en el libro de Romanos capítulo 14 del 13 al 23 donde dice: “Así que, ya no nos juzguemos más los unos a los otros, sino más bien decidid no poner tropiezo u ocasión de caer al hermano. Yo sé, y confío en el Señor Jesús, que nada es inmundo en sí mismo; mas para el que piensa que algo es inmundo, para él lo es. Pero si por causa de la comida tu hermano es contristado, ya no andas conforme al amor. No hagas que por la comida tuya se pierda aquel por quien Cristo murió. No sea, pues, vituperado vuestro bien; porque el reino de Dios no es comida ni bebida, sino justicia, paz y gozo en el Espíritu Santo. Porque el que en esto sirve a Cristo, agrada a Dios, y es aprobado por los hombres. Así que, sigamos lo que contribuye a la paz y a la mutua edificación. No destruyas la obra de Dios por causa de la comida. Todas las cosas a la verdad son limpias; pero es malo que el hombre haga tropezar a otros con lo que come. Bueno es no comer carne, ni beber vino, ni nada en que tu hermano tropiece, o se ofenda, o se debilite. ¿Tienes tú fe? Tenla para contigo delante de Dios. Bienaventurado el que no se condena a sí mismo en lo que aprueba. Pero el que duda sobre lo que come, es condenado, porque no lo hace con fe; y todo lo que no proviene, es pecado.”

Este pasaje bíblico tiene que ver con un mandato.

Lo primero que notamos es la introducción al mandato. Pablo había estado hablando de lo impropio de juzgarnos los unos a los otros en las cosas que no están específicamente legisladas en la Biblia.

Algunos creyentes piensan que se debe comer de todo. Otros creyentes piensan que se debe comer solo legumbres. Los que comen de todo no deben menospreciar a los que comen sólo legumbres y los que comen sólo legumbres no deben juzgar a los que comen de todo.

Cada creyente es responsable ante el Señor y el Señor guiará a cada uno de sus hijos en aquellas cosas que Él permite que hagan.

El derecho de juzgar es exclusivo del Señor y él lo hará en su debido tiempo y con total rectitud.

Este principio importante de la vida cristiana puede prestarse a malas interpretaciones cuando alguien podría pensar que puede hacer todo lo que no esté específicamente prohibido en la palabra, siempre y cuando crea que no está haciendo nada de malo.

Para evitar esta desviación es que Pablo enuncia un mandato. Dice textualmente en la segunda parte del versículo 13: “sino más bien decidid no poner tropiezo u ocasión de caer al hermano.”

Pablo está hablando con lenguaje de ley. Lo sabemos porque está usando verbos en modo imperativo: Decidid no poner tropiezo u ocasión de caer al hermano. Note que se trata de un asunto entre hermanos en la fe. Este texto no está hablando de un creyente siendo piedra de tropiezo a un incrédulo. De lo que está hablando es que determinada acción de un creyente, puede convertirse en tropiezo u ocasión para caer a otro hermano en la fe.

¿Cuál puede ser esta acción? Pues no se trata de algo expresamente prohibido en la Biblia, como robar, matar, mentir, adulterar, etc. Se trata de algo que se puede hacer en la libertad que tenemos en Cristo, pero que afecta negativamente a un hermano. Más adelante veremos de qué manera puede afectar.

Luego de expresar el mandato, Pablo procede a explicar el mandato. Dice que nada es inmundo en sí mismo. Esto nos hace pensar en que para explicar el mandato, Pablo está pensando en la ley de Moisés, según la cual determinados alimentos eran inmundos y determinados alimentos eran limpios.

El creyente está libre de la ley. Pero no todos los creyentes disfrutan de esta libertad, por cuanto existen algunos creyentes que persisten en pensar que ciertos alimentos son inmundos y que por tanto no deberían participar de ellos. Es a este tipo de creyentes a quienes se refiere Pablo cuando dice: Mas para el que piensa que algo es inmundo, para él lo es.

¿Cómo tratar a un hermano que piensa así? Lo que no debemos hacer es decir algo como: ¿Qué me importa a mí lo que piense este hermano? Allá él, lo que es yo, voy a comer de todo lo que me pongan en la mesa. Pensar y actuar de esta manera, dice Pablo, hará contristar al hermano.

El verbo griego que se ha traducido como “contristar” está relacionado con causar dolor o aflicción. Por eso Pablo dice que al pensar así ya no estaríamos andando conforme al amor que debemos tener hacia los hermanos.

El apóstol prosigue haciendo reflexionar a los lectores diciendo: No hagas que por la comida tuya se pierda aquel por quien Cristo murió. No sea, pues, vituperado vuestro bien. Lo que se come es algo tan secundario, que jamás debería ser el motivo para hacer sentir mal a un creyente al punto de poner en entredicho su buen testimonio. Más importante que la comida y la bebida es el reino de Dios, el cual en esencia es justicia, paz y gozo en el Espíritu Santo.

Tomar en cuenta a los que nos rodean para no ofenderlos con nuestras acciones, es una forma de servir a Cristo, lo cual es agradable a Dios y es aceptado por los hombres. Evitar ofender a los hermanos con nuestras acciones es equivalente a fomentar la paz y la mutua edificación.

Dios está interesado en edificar o llevar a la madurez a todo creyente, pero nuestra falta de discernimiento al ofender a los hermanos es equivalente a destruir la obra de Dios. No destruyas la obra de Dios a causa de la comida dice Pablo. De modo que, en realidad, todos los alimentos son limpios, lo malo es comer algo que haga tropezar a otro creyente.

Tropezar en el sentido de afectar negativamente a un hermano. De una forma muy clara Pablo expresa el sentir del mandato cuando dice: Bueno es no comer carne, ni beber vino, ni nada en que tu hermano tropiece, o se ofenda, o se debilite. Los creyentes tenemos plena libertad de comer carne o beber vino, pero vale la pena ceder este derecho por amor a algún creyente que piensa que no se debería comer carne o beber vino.

Cediendo este derecho estaremos evitando que algún creyente tropiece o se ofenda o se debilite. Note que nuestra conducta puede afectar negativamente a un creyente, de estas tres maneras.

Primero, un hermano tropieza cuando moldea su vida basándose en la libertad de otro creyente y no tiene fe para aceptar el hecho que Dios le da libertad para hacer lo que el hermano hace. Cuando un hermano actúa así, peca, porque todo lo que no proviene de fe, es pecado. El apóstol dice que es bueno que un creyente se abstenga de ejercitar su libertad, si ello ha de causar que un hermano que modela su vida de acuerdo con nuestra conducta caiga en aquello que es pecado para él.

Segundo, un hermano se ofende cuando permitimos que nos vea ejercitar nuestra libertad, libertad que él no tiene, de manera que nuestro testimonio sea perjudicado delante del hermano. La diferencia entre tropezar y ofender puede describirse así: Si ejercemos nuestra libertad, un hermano hará lo que nosotros hacemos, pero sin tener la fe de que esta conducta es aceptable para él, entonces tropezará en pecado. Sin embargo, si el hermano nos ve hacer algo y se abstiene porque no se siente libre para hacerlo y empieza a dudar de nuestro testimonio por lo que hemos hecho, entonces hemos ofendido al hermano. Como se notará, en este caso no se le hizo pecar, porque no hizo lo que nosotros tenemos libertad para hacer, pero porque hemos hecho que dude de nuestra vida cristiana o de nuestro testimonio hemos ofendido a este hermano.

Tercero, un hermano se debilita cuando al ver lo que hace otro hermano en legítimo uso de la libertad, duda de su propia fe y hasta llega a pensar que no vale la pena haber abierto su corazón a Cristo. Debemos tener mucho cuidado con la forma de conducirnos para evitar, a veces inconscientemente, el afectar negativamente a otro creyente.

Es otra característica de la vida auténticamente cristiana.

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