Saludos cordiales amigo oyente. Bienvenido al estudio bíblico de hoy en la epístola de Pablo a los Filipenses. Como humanos somos muy propensos a imitar las actitudes y acciones de otros. Esto se nota mayormente en los jóvenes. Si un actor de cine aparece en una película con un cabello que le cae hasta la espalda, es inevitable que miles de jóvenes se dejen crecer también el cabello hasta la espalda. Si un cantante de música rock aparece en el escenario con pantalones rotos en la rodilla y aro en la oreja, casi inmediatamente miles de jóvenes empiezan a vestirse con pantalones rotos en las rodillas y a usar aros en sus orejas. Imitar no es malo, si los modelos a imitar son buenos, pero lamentablemente, los modelos que se están tomando para imitar exaltan la inmoralidad, los vicios de diversa índole, el preocuparse solamente por lo externo sin importar lo interno, el culto al placer, la diversión y el materialismo. Con modelos así, no es extraño que vivamos en una sociedad que bien ha sido calificada como violenta y voluptuosa. Si Ud. no quiere errar en el modelo a imitar, ¿qué modelo escogería? En el estudio bíblico de hoy, el hermano David Logacho nos va a hablar de un modelo que es digno de ser imitado por todo creyente.

Si tiene una Biblia, ábrala en Filipenses 3 versículos 17 a 19.

Este pasaje nos habla de un modelo a imitar y un modelo a evitar.

En cuanto al modelo a imitar, Filipenses 3:17 dice: “Hermanos, sed imitadores de mí, y mirad a los que así se conducen según el ejemplo que tenéis en nosotros”

Pablo se dirige a los creyentes de Filipos y en general a todos los creyentes y les llama: hermanos. Esta palabra, hermanos, es la más expresiva de la hermosa realidad existente entre todos los que somos hijos de Dios.

Muy bien. ¿Qué debían hacer los hermanos? Pues imitar. Sed imitadores de mí, dice Pablo. Note que estamos hablando de una orden, porque el verbo ser está en modo imperativo. Pablo no está rogando, ni sugiriendo. Está ordenando que los creyentes le imiten.

Imitar significa ejecutar una cosa a ejemplo o semejanza de otra. Para imitar se necesita un modelo. El modelo es en primer lugar el propio apóstol Pablo.

Quizá parece un tanto jactancioso que Pablo mismo se ponga como ejemplo para ser imitado, pero no hay tal, porque Pablo en sí mismo era un imitador. 1ª Corintios 11:1 dice: “Sed imitadores de mí, así como yo de Cristo”

Pablo estaba imitando a Cristo y de esa manera podía ordenar a otros que le imitaran. Al imitar a Pablo, los creyentes estarían en realidad imitando a Cristo. Quizá, más de uno podría argumentar diciendo: ¿Por qué, Pablo no dijo sed imitadores de Cristo? ¿Sabe por qué? Porque Cristo no estaba en persona como para poder verlo, como para poder mirar la manera que reaccionaba ante las diferentes circunstancias de la vida.

Pero había un hombre que estaba imitando a Cristo y podía ser visto por todos. Él era el modelo a imitar por parte de los creyentes. Cuán importante es mostrar a Cristo en nuestras vidas para que otros puedan imitarnos.

¿Cómo esta su vida, amigo oyente? ¿Está Ud. imitando a Cristo para que otros estén imitando a Ud.? El mundo amigo oyente, no puede ver a Cristo, porque él no está físicamente en el mundo, pero Ud. y yo que somos creyentes podemos mostrar al mundo como es Cristo por medio de imitar su carácter y su conducta.

Además de sí mismo. Pablo dice que el modelo a ser imitado por los creyentes son todos aquellos que se conducen según el ejemplo que tienen de Pablo y sus acompañantes. Según esto, Pablo no es el único digno de servir como modelo para que otros sigan. Había también otros que estaban imitando a Cristo y a sus discípulos y ellos también eran dignos de ser imitados.

A lo largo de la historia de la iglesia. Dios ha levantado siervos que son dignos de ser imitados, porque ellos estaban imitando a Cristo.

Uno de esos hombres que fueron levantados por Dios se llamó Jim Elliot. Estando en la flor de su juventud, con un futuro brillante por delante, y con una familia hermosa, este hombre decidió dar todo con tal de poder compartir las buenas nuevas de salvación con la tribu de los aucas en la selva ecuatoriana. Junto a otros cuatro misioneros tuvo un encuentro con ellos. Fue lo último que hizo, porque los aucas atravesaron con sus lanzas a los cinco. En su diario personal, Jim Elliot había escrito: Dios, quema esta leña inútil que es mi vida… Quiero arder para ti. No quiero una vida larga y sin fruto. Quiero una vida corta como la de mi Señor, pero con mucho fruto. Su deseo se cumplió. Su vida ardió en el altar del sacrificio y Ud. no se imagina el fruto que produjo para la gloria de Dios. Es un modelo digno de ser imitado. Hemos considerado el modelo a imitar.

Ahora consideremos el modelo a evitar. Siempre habrá a nuestro alrededor malos ejemplos que debemos evitar. Filipenses 3:18-19 dice: “Porque por ahí andan muchos, de los cuales os dije muchas veces, y aun ahora lo digo llorando, que son enemigos de la cruz de Cristo; el fin de los cuales será perdición, cuyo dios es el vientre, y cuya gloria es su vergüenza; que solo piensan en lo terrenal”

Como creyentes debemos imitar a los que están imitando a Cristo, como Pablo y otros y debemos evitar seguir el ejemplo de muchos que andan por ahí. No se sabe exactamente a quienes se refiere Pablo, pero todo parece indicar que pueden ser los judaizantes, estos falsos maestros que estaban enseñando que para ser salvos es necesario recibir a Cristo como Salvador, pero también cumplir con al menos una parte de la ley de Moisés, especialmente con la circuncisión.

En algún momento en el pasado, Pablo había advertido a los filipenses varias veces sobre el peligro de imitar a estos falsos maestros, pero parece que su advertencia no fue bien recibida por algunos creyentes, por eso, en esta ocasión, con lágrimas en los ojos, vuelve a decir que estos falsos maestros son enemigos de la cruz de Cristo y por tanto no deben ser imitados.

Interesante es pensar que en una carta que destila gozo, tenemos a Pablo llorando. No lloraba por su situación, tampoco lloraba por la incertidumbre sobre su futuro, lloraba por la presencia de malos elementos que estaban lastimando a la iglesia.

Estos malos elementos han sido calificados como enemigos de la cruz de Cristo. El calificativo se debe a que cuando estos falsos maestros añadían obras a la fe en Cristo para la salvación de una persona, estaban en otras palabras afirmando que, lo que hizo Cristo en la cruz no fue suficiente para lograr la salvación de una persona.

Esto era una grave ofensa a la obra perfecta de Cristo en la cruz y por eso esos falsos maestros se constituyeron en enemigos de la cruz de Cristo. Si cualquier persona piensa que para ser salvo se necesita cualquier otra cosa más que la sola fe en Cristo, entonces se constituye en un enemigo de la cruz de Cristo.

Quizá Ud. estará pensando que Pablo ha sido demasiado, severo al decir que estos falsos maestros son enemigos de la cruz de Cristo. Pero Pablo tenía buenas razones para ello. ¿Por qué? Pues porque estos falsos maestros eran corruptos en esencia. Eran tan corruptos que su fin es la perdición.

Al hablar de perdición Pablo no está hablando de aniquilación sino de condenación eterna en el infierno. Además su dios era el vientre. Esto significa que todo lo que hacían, aun su obra religiosa, era para satisfacer su apetito. Con tal de tener sus estómagos llenos todo el tiempo no se preocupaban de arrastrar a otros al error.

También su gloria era su vergüenza. Esto significa que se jactaban de su mal comportamiento. A titulo de libertad en Cristo dieron rienda suelta a sus bajas pasiones y llegaron a pensar que estaban haciendo bien con ello.

Finalmente, solo pensaban en lo terrenal. Era como si lo espiritual o lo interno no existiera. Se preocupaban solamente de llenar sus bolsillos de dinero, de adquirir posesiones a granel, de tener amigos, de gozar de la vida, de lograr fama. Es decir, se entregaron a conseguir cosas que con la muerte se terminan, olvidando totalmente los valores espirituales. Por eso, tienen bien merecido el calificativo de enemigos de la cruz de Cristo. El ejemplo de estas personas debemos evitar seguir.

Pablo nos ha hablado de un modelo a imitar. Ese modelo es Pablo y todos los que como el imitan a Cristo. También nos ha hablado de un modelo a evitar. Ese modelo es todo aquel que es enemigo de la cruz de Cristo, gente cuyo fin es perdición, cuyo dios es el vientre, cuya gloria es su vergüenza y que solo piensan en lo terrenal. ¿Qué modelo va a seguir Ud.?