Reciba saludos de su amigo y servidor, David Araya. Es un placer darle la bienvenida al estudio bíblico de hoy. En la continuación de nuestro estudio del Evangelio según Mateo, en la serie titulada: Jesucristo, Rey de reyes y Señor de señores, nos corresponde estudiar acerca de un milagro realizado por Jesús para otorgar la vista a dos ciegos. En instantes más estará con nosotros David Logacho para hablarnos sobre este asunto.

Qué bendición es para mí, estar nuevamente junto a usted, amable oyente. Asumiendo que le funciona el sentido de la vista, ¿ha intentado averiguar cuánto tiempo puede pasar con los ojos vendados? Estoy seguro que llegará un punto cuando le entre una desesperación por quitarse la venda de los ojos y ver normalmente. Esta experiencia podría ayudarle a comprender un poco lo que tienen que vivir permanentemente los que sufren de ceguera. Pues nuestro estudio bíblico de hoy gira justamente alrededor de dos personas ciegas a quienes Jesús devolvió milagrosamente la vista. Si tiene una Biblia a la mano, ábrala en Mateo 20:29-34. En el primer versículo tenemos el antecedente del milagro. Permítame leer Mateo 20:29. La Biblia dice: Al salir ellos de Jericó, le seguía una gran multitud.
Jesús y sus discípulos estaban subiendo a Jerusalén, desde la región de Perea al Este del río Jordán. Mateo da cuenta que Jesús y sus discípulos estaban saliendo de Jericó. Jericó queda ya en la región de Judea. Esto significa que para entonces, Jesús y sus discípulos habían cruzado ya el Río Jordán. Jericó es una ciudad en un oasis en el desierto de Judea, cercana al Jordán y el Mar Muerto, está a 250 metros bajo el nivel del mar y a 7 kilómetros al Oeste de Río Jordán. Es muy probable que Jericó haya sido la ciudad más antigua del mundo. Jericó fue la primera ciudad tomada por Israel durante el tiempo de la conquista. Mateo registra que una gran multitud seguía a Jesús. Luego Mateo relata la acción que realizaron dos ciegos. Leo Mateo 20:30. La Biblia dice: Y dos ciegos que estaban sentados junto al camino, cuando oyeron que Jesús pasaba, clamaron, diciendo: ¡Señor, Hijo de David, ten misericordia de nosotros!
Los dos ciegos sentados junto al camino no podían ver, pero tenían un excelente sentido del oído. Por eso supieron perfectamente que Jesús estaba pasando cerca de ellos. Sobrecogidos por una fe inquebrantable, comenzaron a gritar a voz en cuello: ¡Señor, Hijo de David, ten misericordia de nosotros! En su clamor, los ciegos muestran que reconocían que Jesús es el Señor, esto significa que Jesús es Dios, el Amo, el Dueño de todo. Además, cuando los ciegos utilizan el título Hijo de David para referirse a Jesús, están reconociendo que Jesús es el Cristo, el Mesías de Israel, el Rey de Israel. Pero algo muy notable era que los ciegos reconocían su propio estado espiritual, emocional y físico. En ese estado no merecían nada de Jesús. Por eso se limitan a implorar por misericordia. Misericordia significa no dar lo que uno merece. Antes de proseguir es necesario aclarar una aparente contradicción. Si usted examina el relato paralelo en Marcos y Lucas encontrará que no habla de dos ciegos sino sólo de un ciego, inclusive Marcos dice que este ciego se llamaba Bartimeo. Lucas por otro lado dice que el evento aconteció a la entrada de Jericó, no a la salida de Jericó como afirma Mateo. ¿Cuál es la explicación? Pues una posible explicación es que actualmente eran dos los ciegos, pero Bartimeo, más impulsivo, tomó la función de vocero de los dos y por eso se le menciona sólo a él en Marcos y Lucas. Además, los ciegos imploraron la ayuda de Jesús cuando éste entraba en Jericó, pero no fueron sanados hasta que Jesús estaba saliendo de Jericó. También es posible que la restauración de los ciegos se llevó a cabo después que Jesús salió de la vieja Jericó y estaba cerca de la nueva Jericó. Hecha esta aclaración, debemos notar que la ceguera es un cuadro muy adecuado de la condición espiritual del pecador. En un sentido espiritual el pecador sin Cristo está ciego a su propia situación espiritual, está ciego a lo que Dios ha hecho por él y eso tiene repercusiones eternas. Marcos dice que el ciego estaba mendigando. Así es el pecador en un sentido espiritual. Mendiga gozo, satisfacción, seguridad, paz y tantas otras cosas más. Se conforma con la felicidad pasajera que da el alcohol, el placer, la fama, se conforma con la pasajera seguridad y satisfacción que da la riqueza, el poder, pero no se da cuenta que en el fondo es un mendigo espiritualmente hablando. Volviendo a la historia de los ciegos, veamos lo que aconteció después. Leo en Mateo 20:31. La Biblia dice: Y la gente les reprendió para que callasen; pero ellos clamaban más, diciendo: ¡Señor, Hijo de David, ten misericordia de nosotros!
La gente nunca va a comprender a los que están en profunda angustia y necesidad. Carentes de la más elemental compasión, la multitud demandaba que los ciegos se callen. Pero admiro mucho la fe de estos ciegos. No les importó la disconformidad de la gente y antes de bajar la voz, más bien la levantaron, Mateo dice que clamaban más, diciendo lo mismo que decían antes: ¡Señor, Hijo de David, ten misericordia de nosotros! Si usted amable oyente no conoce todavía a Dios de una forma personal porque jamás ha recibido a Cristo como Salvador pero tiene inquietudes espirituales y está enfrentando la oposición y hasta la burla de sus amigos o sus familiares, no les haga caso, siga en su búsqueda, porque la promesa de Dios es que en algún momento Dios le va a encontrar. ¿Qué hizo Jesús a todo esto? Mateo 20:32 dice: Y deteniéndose Jesús, los llamó, y les dijo: ¿Qué queréis que os haga?
Que maravilla. Cuando alguien busca a Jesús de corazón, Jesús se detiene y presta atención. ¿No le parece grandioso? Los ciegos llamaban a Jesús. Ahora Jesús llama a los ciegos. Una vez que llegan a su presencia, Jesús les dice: ¿Qué queréis que os haga? Recuerde que los ciegos únicamente clamaban por misericordia, por eso Jesús les pregunta: ¿Qué obra de misericordia quieren que yo haga? Este es el instante más esperado por esos ciegos. Imagine amable oyente. Cristo en persona, el Mesías de Israel, está preguntando qué es lo que quieren, con la seguridad de que lo hará. Ahora bien, los ciegos deben haber tenido muchas necesidades, de hecho estaban sentados junto al camino mendigando, pero había una necesidad más importante que todas las demás. Veamos como respondieron los ciegos. Se encuentra en Mateo 20:33. La Biblia dice: Ellos le dijeron: Señor, que sean abiertos nuestros ojos.
En humildad y reverencia, los ciegos se dirigen a Jesús como a Dios. Señor es un título divino. Él es el Amo, Él es el dueño, como tal tiene poder para hacer todo lo que esté conforme a su carácter. Lo que más querían los ciegos es que sean abiertos sus ojos. Lo mismo sucede en el plano espiritual amable oyente. Lo que más necesita una persona que está ciega en su pecado, es que le sean abiertos sus ojos. Con sus ojos abiertos podrá distinguir con claridad que es un pecador separado de Dios. Podrá distinguir con claridad que está en un serio peligro de recibir condenación eterna. Podrá distinguir con claridad que Dios le ama y que por ese amor, Dios envió a su Hijo, el Señor Jesucristo para que muera en la cruz en lugar del pecador, de modo que el pecador pueda ser perdonado por su pecado. Podrá ver con claridad que lo único que necesita para ser perdonado de su pecado es recibir por la fe a Cristo como Salvador. ¿Ve usted todas estas cosas, amable oyente? Si no las puede ver, es porque usted está todavía ciego espiritualmente y lo más que necesita, es que sus ojos espirituales sean abiertos. Volviendo a los ciegos de nuestra historia, veamos cuál fue el desenlace final. Se encuentra en Mateo 20:34. La Biblia dice: Entonces Jesús, compadecido, les tocó los ojos, y en seguida recibieron la vista; y le siguieron.
Qué grandioso que es Jesús. Acaba de manifestar una vez más que él es el Cristo, el Mesías de Israel, el Rey de Israel. El Antiguo Testamento profetizó que cuando venga el Cristo tendría poder de devolver la vista a los ciegos. Lleno de compasión, Jesús tocó los ojos de los ciegos, y al instante los ciegos recibieron la vista. No existen palabras para describir lo que esos ciegos habrán sentido cuando por primera vez en su vida pudieron mirar todo lo que había alrededor. Miraban a tanta gente, miraban el piso, miraban las casas, miraban los campos, miraban los montes, miraban el cielo, pero lo que más les debió haber impactado es mirar a Jesús, su Salvador su Sanador. Esto lo sabemos, porque Mateo es muy cuidadoso cuando concluye su relato afirmando que los ciegos decidieron seguir a Jesús. La mirada de Jesús les debe haber cautivado tanto que no podían hacer otra cosa sino seguir a Jesús. Era como un poderoso imán que los arrastraba. Si Dios ha quitado la venda de sus ojos espirituales para que usted vea su estado espiritual y reciba a Cristo como su Salvador, ¿está admirando a la persona de Jesucristo con los ojos de la fe? Si lo está haciendo, estoy seguro que se sentirá cautivado por él y esto le motivará a seguirle obedeciendo su palabra y viviendo para él.

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