Es muy grato saludarle amable oyente. Soy David Logacho dándole la bienvenida al estudio bíblico de hoy en el evangelio según Juan. En esta oportunidad vamos a estudiar el milagro de la multiplicación de los panes y los peces, milagro realizado por el Señor Jesús.

Abramos nuestras Biblias en Juan capítulo seis. La primera parte de este capítulo tiene que ver con el milagro de la multiplicación. Lo primero que vamos a notar son las circunstancias del milagro. Juan 6:1-4 dice: Después de esto, Jesús fue al otro lado del mar de Galilea, el de Tiberias.
Joh 6:2  Y le seguía gran multitud, porque veían las señales que hacía en los enfermos.
Joh 6:3  Entonces subió Jesús a un monte, y se sentó allí con sus discípulos.
Joh 6:4  Y estaba cerca la pascua, la fiesta de los judíos.
Cuando Juan escribe las palabras “Después de esto” no significa que este milagro ocurrió inmediatamente después del evento relatado en el capítulo 5. No olvide amable oyente que Juan no hace un recuento cronológico de los hechos del Señor Jesús mientras estuvo en este mundo, sino que selecciona algunos eventos cuidadosamente escogidos para cumplir con su propósito de que los lectores del evangelio crean que Jesús es el Cristo, el Hijo de Dios, y para que creyendo en él, tengan vida en su nombre. Juan dice que cuando ocurrió el milagro de la multiplicación estaba cerca la pascua, la fiesta de los judíos. Si la fiesta a la que hace referencia Juan en el versículo 1 del capítulo 5 es la fiesta de los tabernáculos, entonces el milagro de la multiplicación ocurrió unos seis meses después. Si la fiesta a la que hace referencia Juan en el versículo 1 del capítulo 5 es la fiesta de la pascua, entonces el milagro de la multiplicación ocurrió un año después. Para entonces, el Señor Jesús con sus discípulos, estaba al norte de Israel, al otro lado del mar de Galilea, conocido también como el mar de Tiberias. Esta zona es muy pintoresca, con suaves elevaciones cubiertas de hierba natural. Todo judío estaba obligado a hacer una peregrinación a Jerusalén con ocasión de la fiesta de la pascua. Esto explica la razón para que haya una gran multitud alrededor del Señor Jesús y sus discípulos. Todos estaban viajando hacia Jerusalén. Sin embargo, Juan deja en claro que la multitud que acompañaba al Señor Jesús y sus discípulos no estaba necesariamente interesada en la persona del Señor Jesús, sino en las señales que hacía en los enfermos. Como sucedió en otras ocasiones, y como sucede también hoy en día, la gente estaba más interesada en el regalo, que en el dador del regalo. El Señor Jesús aprovechaba toda ocasión para enseñar, por tanto, subió a un monte y se sentó allí con sus discípulos. En segundo lugar tenemos la razón para el milagro de la multiplicación. Juan 6:5-7 dice: Cuando alzó Jesús los ojos, y vio que había venido a él gran multitud, dijo a Felipe: ¿De dónde compraremos pan para que coman éstos?
Joh 6:6  Pero esto decía para probarle; porque él sabía lo que había de hacer.
Joh 6:7  Felipe le respondió: Doscientos denarios de pan no bastarían para que cada uno de ellos tomase un poco.
Según el relato de este mismo milagro en los evangelios sinópticos, lo que Juan relata sucedió poco antes de caer la noche. El Señor Jesús alzó sus ojos y vio la gran multitud que le rodeaba. Pero además de ver personas, el Señor Jesús vio sus necesidades, no sólo espirituales, sino también físicas. Era una multitud hambrienta de comida. Esto le condujo a probar a uno de sus discípulos, a Felipe. ¿Por qué a Felipe? Pues porque Felipe era originario de esa zona. Mirándolo le preguntó: ¿De dónde compraremos pan para que coman éstos? Obviamente, el Señor Jesús sabía lo que había de hacer, pero quiso probar a Felipe. Felipe era muy práctico. Al oír la pregunta, inmediatamente hizo cálculos y respondió: Doscientos denarios de pan, no alcanzaría ni para un poquito de pan para cada uno. Más adelante, Juan menciona que solamente los varones eran como cinco mil. Contando con mujeres y niños, el número se duplica o triplica, y todos estaban con hambre. Diez a quince mil bocas para alimentar en medio del campo es cosa seria amable oyente. Doscientos denarios equivale a lo que ganaría un trabajador durante doscientos días de trabajo. Los discípulos no tenían ese dinero. La respuesta de Felipe ilustra lo absurdo de hacer la obra de Dios dependiendo de nuestras propias fuerzas. Es simplemente imposible. Pero el Señor Jesús es experto en imposibles. Esto nos lleva a la tercera parte del relato. La ejecución del milagro de la multiplicación. Juan 6:8-13 dice: Uno de sus discípulos, Andrés, hermano de Simón Pedro, le dijo:
Joh 6:9  Aquí está un muchacho, que tiene cinco panes de cebada y dos pececillos; mas ¿qué es esto para tantos?
Joh 6:10  Entonces Jesús dijo: Haced recostar la gente. Y había mucha hierba en aquel lugar; y se recostaron como en número de cinco mil varones.
Joh 6:11  Y tomó Jesús aquellos panes, y habiendo dado gracias, los repartió entre los discípulos, y los discípulos entre los que estaban recostados; asimismo de los peces, cuanto querían.
Joh 6:12  Y cuando se hubieron saciado, dijo a sus discípulos: Recoged los pedazos que sobraron, para que no se pierda nada.
Joh 6:13  Recogieron, pues, y llenaron doce cestas de pedazos, que de los cinco panes de cebada sobraron a los que habían comido.
Los discípulos del Señor Jesús deben haber reconocido que es imposible hacer lo que Felipe acabó de decir. Entre los discípulos estaba Andrés, quien de alguna manera sabía que entre la multitud había un muchacho que tenía cinco panes de cebada y dos pececillos. Esto era la comida de una persona pobre. Como era su costumbre, una vez más, como lo había hecho tiempo atrás con su hermano Simón Pedro, Andrés llevó a este muchacho a la presencia del Señor Jesús, y mostrando la comida del muchacho al Señor Jesús le dijo: ¿Qué es esto para tanto? Humanamente hablando, es nada, pero divinamente hablando, eso es todo lo que el Señor Jesús necesitaba para hacer el milagro de la multiplicación. Que privilegio de Andrés. Fue él quien llevó al muchacho a la presencia del Señor. Qué privilegio del muchacho, que estuvo dispuesto a dar todo lo que tenía. Los dos hicieron su parte, lo que podían, y el Señor Jesús estuvo dispuesto a hacer su parte, el milagro de la multiplicación. En esto vemos un hermoso principio de la manera como Dios opera. Trabajamos con él en equipo. Si nosotros hacemos lo que podemos hacer, Dios está listo para hacer lo que nosotros no podemos hacer. Andrés y el muchacho hicieron lo que podían hacer, el Señor Jesús hizo lo que Andrés y el muchacho no podían hacer. Así de maravilloso es nuestro Dios. El Señor Jesús entonces ordenó a sus discípulos que hagan recostar a la gente. La gente se recostó sobre la hierba que era mucha. Debe haber sido un espectáculo mirar a una multitud de diez a quince mil personas todas recostadas sobre la hierba. Entonces el Señor Jesús tomó los cinco panes de cebada que había traído el muchacho y habiendo dado gracias, los repartió entre los discípulos, y los discípulos entre los que estaban recostados; igual hicieron con los peces. ¡Qué milagro tan grandioso! Absolutamente todos comieron no un poquito, sino cuanto querían. La comida fue tan abundante que cuando todos ya estaban saciados, todavía sobraba comida. Al ver esto el Señor Jesús dijo a sus discípulos: Recoged los pedazos que sobraron, para que no se desperdicie nada. La gracia de Dios no se debe desperdiciar amable oyente. Los discípulos obedecieron y recogieron doce cestas llenas de pedazos, que de los cinco panes de cebada sobraron a los que habían comido. ¡Admirable! Por último tenemos la reacción ante el milagro de la multiplicación. Juan 6:14 dice: Aquellos hombres entonces, viendo la señal que Jesús había hecho, dijeron: Este verdaderamente es el profeta que había de venir al mundo.
Cuando la multitud vio el milagro de la multiplicación realizado por el Señor Jesús, llegó a una conclusión: Este verdaderamente es el profeta que había de venir al mundo. Con estas palabras estaban identificando al Señor Jesús como el profeta de quien habló Moisés en Deuteronomio 18:15 donde dice: Profeta de en medio de ti, de tus hermanos, como yo, te levantará Jehová tu Dios; a él oiréis;
Sin embargo, estas personas estaban todavía lejos de reconocer lo que realmente es el Señor Jesús. Lo único que veían en él es a alguien que podía satisfacer sus necesidades físicas. Por eso quisieron hacerle rey, como veremos en nuestro próximo estudio bíblico. El Señor Jesús hizo el milagro de la multiplicación. Para esto fue necesario que alguien, en este caso el muchacho, ponga todo lo que tenían en las manos del Señor Jesús. Tal vez también usted esté pensando que no tiene mucho para ofrecer al Señor para hacer Su obra. No se aflija. Ponga todo lo que es, no importa si piensa que es poco, en las manos del Señor Jesús, y Él se encargará de hacer nuevamente el milagro de la multiplicación, para tomar lo poco que usted piensa que es, y multiplicarlo de tal manera que haga cosas maravillosas para la gloria de Dios. Dios no está buscando estrellas para que hagan su obra. Dios está buscando personas comunes y corrientes como usted y yo, para hacer el milagro de la multiplicación, y así cumplir con su voluntad en su obra. De esta manera toda la honra y toda la gloria es para el Señor Jesucristo.

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