¿A qué se refiere Mateo 5:3 cuando habla de los pobres en espíritu?. 

Mateo 5:3 dice: “Bienaventurados los pobres en espíritu, porque de ellos es el reino de los cielos”. Debemos reconocer que los capítulos 5 a 7 de Mateo, constituyen lo que se conoce como el Sermón del Monte. No es un accidente que el Sermón del Monte esté ubicado muy cerca del comienzo del Nuevo Testamento. Su posición señala su importancia. En el Sermón del Monte, el Rey sintetiza el carácter y conducta de los súbditos de su reino. El Sermón del Monte no es la presentación del plan de salvación y su enseñanza no está orientada a los incrédulos. El Señor Jesucristo dirigió este sermón a sus discípulos y tenía como propósito el delinear la constitución o el sistema de leyes, y principios que gobiernan a los súbditos de su reino. Este sermón es válido para todos aquellos que reconocen a Jesucristo como Rey. Cuando Jesucristo estuvo sobre la tierra lo aplicó a sus seguidores. Ahora que Jesucristo está en el cielo, se aplica a todos los que le hemos coronado como nuestro Rey en nuestros corazones. El Sermón del Monte también es el código de comportamiento de los seguidores de Cristo durante la tribulación y durante el reinado de Cristo en la tierra en lo que se llama el Milenio. El Sermón del Monte comienza con lo que se denomina las bienaventuranzas. La primera bienaventuranza es para los pobres en espíritu. Ser pobre en espíritu, para comenzar, no tiene ninguna relación con la pobreza material. Existen pobres materialmente hablando pero sin embargo son muy ricos espiritualmente hablando, y existen ricos materialmente hablando, pero que son muy pobres espiritualmente hablando. Ser pobre en espíritu no es algo innato en el ser humano, sino que es algo que deliberadamente el ser humano tiene que elegir. Los pobres en espíritu son aquellos que reconocen su propia incapacidad y descansan única y exclusivamente en la capacidad de Dios. Los pobres en espíritu son los que están conscientes de su necesidad espiritual y reconocen que el único que puede satisfacerles es Dios. Los pobres en espíritu son bienaventurados porque de ellos es el reino de los cielos. Interesante es notar que el reino de los cielos no es para los autosuficientes, ni para los que se auto promocionan, ni para los que se creen justos, el reino de los cielos es para los humildes, para los que voluntariamente deciden abandonar todo esfuerzo proveniente de ellos mismos para entrar al cielo y se acogen por completo a lo que Dios en Cristo puede hacer por ellos. Es evidente aquí, que lo que el mundo considera como una debilidad, esto de ser pobre en espíritu, para Dios en cambio es una virtud y por eso Dios dice que es bienaventurado o dichoso o súper feliz todo pobre en espíritu.