Mateo 11:2-6 dice: «Y al oír Juan, en la cárcel, los hechos de Cristo, le envió dos de sus discípulos, para preguntarle: ¿Eres tú aquel que había de venir, o esperaremos a otro? Respondiendo Jesús, les dijo: Id, y haced saber a Juan las cosas que oís y veis. Los ciegos ven, los cojos andan, los leprosos son limpiados, los sordos oyen, los muertos son resucitados, y a los pobres es anunciado el evangelio; y bienaventurado es el que no halle tropiezo en mí». 

¿Por qué Juan el Bautista dudaba que Jesús era el Cristo si fue él mismo quien le reconoció como tal cuando le bautizó?

Jesús estaba en pleno desarrollo de su Aprendiendo con la Biblia. Había hecho cantidad de señales que testificaban que él era el Cristo, el Mesías de Israel. Juan el Bautista había sido encarcelado por Herodes a causa de su compromiso con la verdad. Estando en la cárcel, seguramente con una sentencia de muerte sobre su cabeza, Juan el bautista manda a dos de sus discípulos a preguntar a Jesús: ¿Eres tú aquel que había de venir, o esperaremos a otro?

Los discípulos de Juan ya tenían su respuesta. El Antiguo Testamento dice que el Cristo, o el Mesías de Israel, haría todas las cosas que justamente Jesús estaba haciendo. El era entonces el que había de venir, no había necesidad de esperar a otro.

Pero ¿por qué dudó Juan el Bautista estando en la cárcel? Bueno, porque Juan el Bautista era tan humano como Ud. y yo. Considere las circunstancias que vivió. Había reconocido al Mesías en la persona de Jesús de Nazareth, inclusive le había bautizado. Su corazón debió haber latido fuertemente al reconocer que el tan esperado Mesías ya había llegado. Muy pronto, el Aprendiendo con la Biblia de Jesús comenzó a crecer como espuma, mientras que el Aprendiendo con la Biblia de Juan el Bautista comenzó a decrecer rápidamente.

Esto tenía que ser así, porque el mismo Juan el Bautista dijo que era necesario que Cristo crezca y que él mengüe. En algún momento, los discípulos que eran de él se fueron tras Jesús y quedó con un minúsculo grupo. Luego vino una prueba difícil para él. Públicamente criticó la conducta moral de Herodes. En lugar de ver un cambio en Herodes, de pronto se vio en la cárcel a órdenes de Herodes. Allí en esa lúgubre cárcel, húmeda y fría se encontraba solitario. Muchas preguntas habrán venido a su mente. Si Jesús es el Cristo, ¿por qué no derroca al poder romano y a Herodes; y libera a todos los presos del régimen, incluido él? ¿Qué está esperando Jesús para coronarse rey de Israel conforme a lo profetizado sobre él? Juan el Bautista fue víctima de un temporal debilitamiento de su fe.

Por eso dudó sobre si Jesús era el Cristo. Pero cuando los discípulos trajeron la respuesta de Jesús, debió haber vuelto a confiar. Juan el Bautista nunca salió de la cárcel. Poco tiempo después Herodes ordenó que le decapitaran. Pero Juan el Bautista murió confiando en que Jesús es realmente el Cristo. De Juan el Bautista, Jesús dijo palabras que nunca jamás han sido dichas de ser humano alguno.

Mateo 11:11 dice: «De cierto os digo: Entre los que nacen de mujer no se ha levantado otro mayor que Juan el Bautista; pero el más pequeño en el reino de los cielos, mayor es que él»

No solo Juan el Bautista, sino también grandes hombres de Dios han pasado por épocas de duda. Nosotros también lo hemos hecho, solo que a lo mejor lo hemos ocultado muy bien. La falla no está necesariamente en dudar, sino en perseverar en la duda. Si dudamos pero buscamos una salida y la encontramos en la palabra de Dios bajo la iluminación del Espíritu Santo, no hay problema.

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