Qué bendición es estar junto a Usted para el estudio bíblico de hoy. Proseguimos con la serie: Gálatas: La Carta Magna de Emancipación de la Iglesia. En esta ocasión, David Logacho nos hablará de la necesidad de mantenerse firmes en la libertad que los creyentes tenemos en Cristo, caso contrario, se sufrirá severas consecuencias.

Una de los beneficios más maravillosos de vivir bajo la gracia de Dios es la libertad que tenemos en Cristo. Pero esta libertad, agita muchas pasiones en la mente de muchas personas. La reacción que más se percibe es un injustificado temor a la libertad. Por tanto tiempo, el hombre había estado en esclavitud, que le causa miedo encontrarse de pronto en libertad. Es como el preso que al terminar su larga condena se halla totalmente confundido una vez en libertad. Parece como si se sintieran más seguros en la cárcel que en la calle. Algo parecido sucede con algunos creyentes. Se sienten temerosos de la libertad que tienen en Cristo y consciente o inconscientemente buscan seguridad en algún sistema que les dicte normas de conducta cristiana. Usted sabe, la típica lista de lo que se debe hacer y de lo que no se debe hacer. Sin esa lista no saben como conducirse. Para creyentes así, los judaizantes tenían la solución ideal. Los judaizantes proponían que, para sentirse seguros, los creyentes se sometan a la ley de Moisés. Es sobre esto que trata el pasaje bíblico para nuestro estudio de hoy. Estamos llegando a la última división de la carta de Pablo a los Gálatas, los capítulos 5 y 6. En esta parte, el énfasis está en la práctica. Pablo puso los principios doctrinales en los capítulos 3 y 4, ahora, en los capítulos 5 y 6 está diciendo: Muy bien, ahora que saben la doctrina, déjenme mostrarles como se aplica esta doctrina a la práctica. Si tiene una Biblia a la mano, ábrala en Gálatas capítulo 5. Estudiaremos los primeros seis versículos. En este pasaje bíblico encontramos dos ideas importantes. El requerimiento a mantenernos firmes en la libertad con que Cristo nos hizo libres y el resultado de no mantenernos firmes en la libertad con que Cristo nos hizo libres. Vayamos a lo primero. El requerimiento a mantenernos firmes en la libertad con que Cristo nos hizo libres. Gálatas 5:1 dice: “Estad, pues, firmes en la libertad con que Cristo nos hizo libres, y no estéis otra vez sujetos al yugo de esclavitud.” Por haber recibido a Cristo como Salvador, los creyentes de Galacia llegaron a una posición de libertad en Cristo. Antes de ser creyentes, su posición era de esclavos de todo. Esclavos del pecado, esclavos de Satanás, esclavos del mundo, y esclavos de la ley. Sin importar si eran judíos o gentiles, eran esclavos por igual. Esa posición de libertad en Cristo se veía amenazada en la práctica, por la falsa enseñanza de los judaizantes quienes pretendían que los creyentes se sometan a la ley de Moisés. Seguramente los judaizantes pensaban que era peligroso que los creyentes Gálatas disfruten de la libertad en Cristo, porque podrían dejar que la vieja naturaleza les controle y  podrían convertir la libertad en libertinaje. Por eso pensaban que será mejor que los creyentes vivan de acuerdo a alguna norma, o a alguna regla. La mejor norma, pensaban los judaizantes, era la ley de Moisés. Esto es legalismo en toda su magnitud. Pensar que se puede dominar a la vieja naturaleza por medio de someterse a normas o reglas, es legalismo. Pablo dice: No den ni un paso atrás de aquella maravillosa libertad que llegaron a tener en Cristo. Ya fueron esclavos de la ley en el pasado, ahora son libres de la ley, ni se les ocurra volver a sujetarse al yugo de esclavitud. Es como si un prisionero de guerra fuera puesto en libertad y al día siguiente regresara a sus captores para decirles: Ya no quiero ser libre, por favor déjenme seguir en la prisión. Absurdo. Igualmente absurdo es que un creyente que está en la libertad con que Cristo nos hizo libres, quiera volver a estar sujeto al yugo de esclavitud. Ya hemos considerado el requerimiento de mantenernos firmes en la libertad con que Cristo nos hizo libres, ahora consideremos el resultado de no mantenernos firmes en la libertad con que Cristo nos hizo libres. Las consecuencias son graves. Primero, está desechando a la persona y obra de Cristo. Gálatas 5:3 dice: “He aquí, yo Pablo os digo que si os circuncidáis, de nada os aprovechará Cristo.” Pablo está haciendo una solemne advertencia. Si alguien se hace circuncidar con la intención de someterse a la ley de Moisés para hallar el favor de Dios, está automáticamente desechando la obra perfecta que Cristo hizo en la cruz del calvario para salvar al pecador. El hecho que un creyente pretenda volver a la ley de Moisés para buscar el favor de Dios, sería comparable a un neófito en el arte de pintar, intentando tomar los pinceles para mejorar alguna obra de arte de algún pintor famoso. Igual es con el creyente que pretende volver a someterse a la ley de Moisés para hallar el favor de Dios. Siendo un neófito, está intentado mejorar algo que ya es perfecto y que no admite mejora alguna. Segundo, está obligado a guardar toda la ley. Gálatas 5:3 dice: “Y otra vez testifico a todo hombre que se circuncida, que está obligado a guardar toda la ley.” Estar bajo la ley es comparable a un peso sujeto por una cadena de varios eslabones. No importa cuál eslabón se rompa, el resultado siempre será el mismo. El peso terminará en el suelo. La ley demanda absoluta perfección. Un solo desliz hace que el infractor quede convicto por la ley. Muchos piensan que esto de guardar la ley es como ir de compras a un supermercado, donde uno compra solamente lo que uno quiere, solamente lo que a uno le gusta. Me gusta esto de guardar el séptimo día como día de reposo, entonces me someto a esto, y me olvido de lo demás de la ley. O, me gusta esto de la circuncisión, entonces me someto a esto y me olvido de lo demás de la ley. Pero no hay tal. Si alguien quiere someterse a la ley debe estar dispuesto a guardar toda la ley. Como esto es imposible para el ser humano, todo ser humano que dependa de la ley para salvarse, está condenado al fracaso. Tercero, está desligado de Cristo. Gálatas 5:4 en su primera parte dice: “De Cristo os desligasteis, los que por la ley os justificáis” Desligarse significa separarse. Lo que Pablo está diciendo es que todo intento de ser declarado justo por Dios por medio de cumplir con la ley de Moisés, o por medio de cualquier sistema de obras, es equivalente a rechazar la salvación por la sola gracia que se recibe por la sola fe. Fue Cristo mediante su sacrificio en la cruz quien hizo posible que el pecador que cree llegue a ser salvo. Por tanto, rechazar la salvación por la sola gracia que se recibe por la sola fe, es equivalente a rechazar a Cristo o a desligarse de Cristo. Cuarto, ha caído de la gracia. La segunda parte de Gálatas 5:4 dice textualmente: “de la gracia habéis caído” Esto de caer de la gracia, y también esto de estar desligado de Cristo, puede prestarse a alguna confusión, cuando al leer superficialmente, se podría llegar a la errada conclusión de que existe la posibilidad de perder la salvación. No olvide que los creyentes Gálatas cayeron en el error de añadir las obras de la ley a la gracia que se recibe por la sola fe para ser salvos. Sin embargo, Pablo jamás les ha tratado como si fueran incrédulos. Un creyente jamás puede volver a ser un incrédulo. Por nueve ocasiones, Pablo trata a los Gálatas como hermanos en una clara confirmación de que se trata de verdaderos creyentes. Al caer en ese lamentable error, los creyentes Gálatas no estaban en peligro de perder su salvación, sino en peligro de perder su libertad con la cual Cristo les hizo libres. Estaban en peligro de regresar por su propia voluntad a la prisión, como en el ejemplo que pusimos antes. Debe ser muy triste que alguien, siendo libre quiera vivir encarcelado. Caer de la gracia no significa perder la salvación sino dejar de vivir bajo la gracia de Dios. No se puede mezclar la gracia con la ley. Quien decide vivir bajo la ley no puede vivir bajo la gracia. Esta es la tragedia del legalismo. Es hacerse daño a uno mismo. Es la absurda decisión que uno mismo toma de privarse de todas las buenas cosas que Cristo quiere darnos. No ceda jamás a la presión de los legalistas. Finalmente, se pierde la bendición de vivir por la fe que obra por el amor. Gálatas 5:5-6 dice: “Pues nosotros por el Espíritu aguardamos por fe la esperanza de la justicia; porque en Cristo Jesús ni la circuncisión vale algo, ni la incircuncisión, sino la fe que obra por el amor.” Cuando un creyente recibe a Cristo como Salvador, llega a ser justo delante de Dios. Esa es su posición y nada ni nadie lo puede cambiar. Pero además llega a tener la esperanza de la justicia. Esto significa todo aquello que aguarda al creyente una vez que salga de este mundo. El guardar la ley no garantiza a nadie una esperanza de la justicia. La esperanza de la justicia que tiene un creyente es el resultado de la fe, no de las obras de la ley. Para los que estamos en Cristo, no tiene ningún valor la circuncisión o la incircunsición, porque no dependemos de eso para vivir. La vida en Cristo es una vida de fe, una vida de confianza plena en la palabra de Dios. Esta es la fe que obra por el amor. El legalismo dice haga esto o haga aquello para hallar el favor de Dios. La gracia dice: Cristo ya hizo todo para que Usted tenga el favor de Dios. Confíe en eso y recíbalo por fe. Por eso siguen retumbando las palabras de Pablo cuando dijo: Estad pues firmes en la libertad con que Cristo nos hizo libres. Cuidado mi amiga, mi amigo con permitir que los asesinos de la gracia le vuelvan a poner nuevamente bajo el yugo de esclavitud.