Qué gozo es estar nuevamente junto a usted amable oyente. Bienvenida, bienvenido al estudio bíblico de hoy. Estamos estudiando el libro de Colosenses en la serie titulada: La supremacía de Cristo. La manera de vivir de una persona confirma o desmiente las creencias de esa persona. Un refrán dice: Tus hechos hablan tan alto que no permiten escuchar tus palabras. Para el creyente es vital, por tanto vivir de acuerdo a lo que cree. Uno de los que más enfatiza este principio es el apóstol Pablo. En muchos de sus escritos podemos notar que primero explica de una manera clara lo que es el creyente ante Dios y luego simplemente dice: Vivan de acuerdo con lo que son. En el libro de Efesios, por ejemplo, el apóstol Pablo toma tres de los seis capítulos para comunicar lo que es el creyente en Cristo. Luego, en Efesios 4:1 dice: Yo pues,  preso en el Señor,  os ruego que andéis como es digno de la vocación con que fuisteis llamados,
En el libro de Romanos, Pablo toma once de los dieciséis capítulos para explicar lo que el creyente es ante Dios y luego en Romanos 12:1 dice: Así que,  hermanos,  os ruego por las misericordias de Dios,  que presentéis vuestros cuerpos en sacrificio vivo,  santo,  agradable a Dios,  que es vuestro culto racional.
Está bien conocer y creer lo que somos delante de Dios, pero si en verdad estamos convencidos de ello debemos manifestarlo en nuestro diario vivir. Este será justamente el tema de nuestro estudio bíblico de hoy.

Le invito a abrir su Biblia en la carta del apóstol Pablo a los Colosenses, capítulo 1 versículo 10. La Biblia dice: para que andéis como es digno del Señor,  agradándole en todo,  llevando fruto en toda buena obra,  y creciendo en el conocimiento de Dios;
Recordemos que el apóstol Pablo está orando a favor de los Colosenses. En nuestro estudio bíblico último vimos que en su oración Pablo incluyó un solo pedido. No pidió por algo material sino por algo espiritual. Pidió que los Colosenses sean llenos del conocimiento de la voluntad de Dios en toda sabiduría e inteligencia espiritual. Lo que más necesita un creyente no es una casa o un auto o un mejor trabajo. Nada de esto. Lo que más necesita es conocer la voluntad de Dios y ser controlado por esa voluntad. Para conocer la voluntad de Dios se necesita de toda sabiduría e inteligencia espiritual. Esta sabiduría e inteligencia espiritual es una obra del Espíritu Santo. Cuando el creyente se somete al Espíritu Santo y con diligencia busca conocer la voluntad de Dios en su palabra, el Espíritu Santo otorgará la sabiduría e inteligencia espiritual necesaria para conocer con plenitud la voluntad de Dios. Muchos creyentes darían cualquier cosa por conocer la voluntad de Dios para sus vidas, pero son negligentes en el estudio minucioso de la palabra de Dios. Con una actitud así, jamás llegarán a conocer la voluntad de Dios, peor ser llenos o controlados por la voluntad de Dios. Para muchos, la manera ideal de conocer la voluntad de Dios debería ser por medio de sueños o visiones o profecías. Por eso es que los creyentes abarrotan las iglesias donde supuestamente se dan estas cosas. ¿Qué es más fácil? ¿Tener una visión y saber instantáneamente la voluntad de Dios, o pasar horas y horas estudiando la Biblia, orando y meditando en la palabra de Dios para encontrar la voluntad de Dios? La carne siempre busca hacer el menor esfuerzo posible, por eso muchos creyentes se pasan esperando tener una visión o un sueño o recibir una profecía y como no reciben nada de esto se pierden el privilegio de conocer la voluntad de Dios por medio del único medio idóneo, la palabra de Dios y la guía del Espíritu Santo. La pregunta que surge es entonces: ¿Para qué debe un creyente ser lleno de la voluntad de Dios? El texto que leímos en Colosenses 1:10 responde diciendo: Para que andéis como es digno del Señor. Los gnósticos afirmaban tener un conocimiento profundo de Dios, pero su andar o su estilo de vida era un completo desastre. Pablo dice: No sean como ellos. Sean llenos del conocimiento de la voluntad de Dios y anden o tengan un estilo de vida que sea digno del Señor. ¿Cómo es una vida digna del Señor? El texto nos da tres características de un andar digno. Primero: Tiene que ver con agradarle en todo. El creyente ha sido salvado por el Señor con un propósito. Este propósito es agradar al Señor, no agradar a los hombres, peor agradarse a sí mismo. Conocí a un creyente que en las reuniones sociales se tomaba una copa de licor porque no quería ofender a los que le habían invitado. Lamentablemente, después de la primera copa, se tomaba las siguientes sin pensarlo mucho. Con esta actitud estaba agradando a los hombres y no agradando al Señor. El creyente que anda como es digno del Señor se juega por la causa del Señor. No importa el precio que tenga que pagar. Notemos también que el texto dice: Agradándole en todo. Muchos creyentes tienen una buena disposición para agradar al Señor sólo en ciertas áreas de su vida, en su vida de iglesia por ejemplo. Cuando están en la reunión de la iglesia parecen todo unos angelitos. Cantan a voz en cuello, leen la Biblia, oran, toman nota de los mensajes. Pero cuando salen de la reunión, actúan de una manera totalmente contraria al carácter cristiano. En sus negocios son deshonestos, sus amistades tienen mal testimonio, sus pensamientos no son nada dignos. Está bien agradar al Señor en las reuniones de la iglesia, pero la Biblia dice que debemos agradar al Señor en todo. Un andar digno del Señor tiene que ver con agradar al Señor en todo. Pero no sólo con eso. También tiene que ver con las buenas obras. Colosenses 1:10 continúa diciendo: Llevando fruto en toda buena obra. Por el énfasis que la Biblia pone en que la salvación no es por obras, muchos creyentes han llegado a pensar que las buenas obras no son necesarias en la vida de los creyentes. Pero note lo que dice Efesios 2:10 Porque somos hechura suya,  creados en Cristo Jesús para buenas obras,  las cuales Dios preparó de antemano para que anduviésemos en ellas.
El creyente no es salvo por buenas obras pero es salvo para buenas obras. Las buenas obras son el resultado de una vida salvada por la obra de Cristo en la cruz. Santiago 2:17 dice: Así también la fe,  si no tiene obras,  es muerta en sí misma.
Una persona puede decir que tiene fe y que es salva, pero si esa fe no tiene fruto de buenas obras, Santiago dice que es una fe muerta. D. L. Moody solía decir: La fe sola es la que salva, pero la fe que salva nunca viene sola, siempre viene acompañada de buenas obras. El mismo apóstol Pablo, escribiendo a Tito le dijo lo siguiente en Tito 3:8 Palabra fiel es esta,  y en estas cosas quiero que insistas con firmeza,  para que los que creen en Dios procuren ocuparse en buenas obras.  Estas cosas son buenas y útiles a los hombres.
Así que, andar como es digno del Señor tiene que ver con agradarle en todo y con llevar fruto en toda buena obra. Finalmente, andar como es digno del Señor tiene que ver con crecer en el conocimiento de Dios. Dios es tan grande que sin importar cuanto conozcamos de él, siempre habrá más lugar para conocerle. La manera de conocer a Dios no es por medio de experiencias emocionales o por medio de entrar en un estado de éxtasis, como pensaban los gnósticos, sino por medio de la Palabra de Dios y el ministerio del Espíritu Santo. La palabra de Dios nos ha sido dada para que conozcamos a Dios tanto como queramos. Nuestro diario contacto con ella, estudiándola y meditándola en oración nos llevará a niveles cada vez más altos de conocimiento de Dios. Pero además de un conocimiento intelectual, el crecer en el conocimiento de Dios tiene que ver con un incremento de nuestra experiencia personal con él. Cuando conocemos por primera vez a una persona no tenemos mayor confianza con ella, pero cuando pasa el tiempo y aumenta nuestro conocimiento de esa persona, aumenta también nuestra confianza en ella. Así debe ser con Dios. Con el pasar del tiempo debemos conocerle más y ese conocimiento nos llevará a tener una mayor confianza con él. Notemos que en el creyente debe haber crecimiento en conocimiento tanto intelectual como experimental. Que triste es ver que en algunos creyentes en lugar de existir un crecimiento en este sentido, existe más bien un constante decrecimiento. Un joven me confesó una vez: Hoy no disfruto tanto de mi comunión con Dios como lo disfrutaba antes. Había decrecido en su conocimiento de Dios, al menos en la parte experimental. Más tarde supe que este joven había tolerado el pecado en su vida. El pecado no confesado es como un virus mortal que ataca el organismo espiritual del creyente e impide su crecimiento en el conocimiento de Dios. Pablo oró porque los Colosenses sean llenos del conocimiento de la voluntad de Dios. De esta manera podrían andar como es digno del Señor, agradándole en todo, llevando fruto de buenas obras y creciendo en el conocimiento de Dios. ¿Está usted andando como es digno del Señor? Gracias a Dios por los que lo están haciendo, pero si ese no es el caso con usted, amable oyente,  entonces hoy mismo reconcíliese con el Señor y comience a agradarle en todo, empiece a producir fruto de buenas obras y comience a crecer en el conocimiento de Dios.