Reciba cordiales saludos amable oyente. Bienvenida, bienvenido al estudio bíblico de hoy en el libro de Efesios. Este estudio bíblico es parte de la serie titulada: Las Maravillas de la Gracia de Dios. En nuestro último estudio bíblico tratamos el asunto de la sumisión de la esposa al esposo. El apóstol Pablo enfatiza este principio en Colosenses 3:18 donde dice: Casadas,  estad sujetas a vuestros maridos,  como conviene en el Señor.
Pero también observamos que la sumisión no es solamente para las esposas sino también para los esposos y para todos los creyentes en general. Efesios 5:21 dice: Someteos unos a otros en el temor de Dios. En esta oportunidad vamos a ver la manera como el esposo se somete a la esposa.

Si tiene una Biblia a la mano, por favor ábrala en Efesios 5 versículo 25 a 33. En este pasaje bíblico tenemos la manera como el esposo se somete a la esposa. Es amándola. La palabra que Pablo usa aquí cuando habla de amar es el término más fuerte, más íntimo y más amplio para hablar de amor. Notemos que Pablo no dice: Maridos gobiernen a sus esposas, ni maridos, ordenen a sus esposas. No. Pablo dice: Maridos, amen a sus esposas. La orden de amar implica que amar es algo que parte de la voluntad, no de las emociones o los sentimientos. El esposo es quien decide amar o dejar de amar. El amor del cual hablamos aquí no es una emoción que nace al interior de la persona. No. Es un acto que nace de la voluntad. Muchos maridos piensan que deben divorciarse porque según ellos ya no les nace amar a sus esposas. Pero esto es un concepto alejado de la verdad. En realidad lo que un marido así está diciendo es: He decidido no amar a mi esposa. Pero lo que dice la palabra de Dios es que los maridos deben amar a sus esposas. Si usted no está amando a su esposa, no es porque no puede amarla sino porque no quiere amarla. Hay muchos esposos que no saben como amar a sus esposas y por eso Pablo nos da cuatro características del amor que un esposo debe tener hacia su esposa. La primera característica está en Efesios 5:25. La Biblia dice: Maridos,  amad a vuestras mujeres,  así como Cristo amó a la iglesia,  y se entregó a sí mismo por ella,
El amor del esposo a la esposa es sacrificial, así como el amor de Cristo por la iglesia fue sacrificial porque Cristo se sacrificó a sí mismo para que ella pueda salvarse. Jesucristo amó tanto a la iglesia desde la eternidad pasada que estuvo dispuesto a dejar el cielo para venir a la tierra tomando forma humana, y sufrir como nadie jamás ha sufrido, soportando el rechazo, siendo escupido y objeto de la burla, siendo coronado con una corona de espinas para luego ser clavado en una cruz y ser traspasado por una lanza. Jesucristo amó tanto a la iglesia como para morir por ella. Este amor sacrificial es la pauta o el modelo para el amor de un esposo por su esposa. No olvide amable oyente que nosotros no merecíamos ser amados por Cristo, porque éramos pecadores, enemigos de Dios. Romanos 5:8 dice: Mas Dios muestra su amor para con nosotros,  en que siendo aún pecadores,  Cristo murió por nosotros.
Pero aun siendo pecadores Cristo murió por nosotros, sin que nosotros lo merezcamos. El mundo trata de vendernos la idea que debemos tratar a las personas como las personas nos tratan a nosotros. Si me amas entonces te amo, si no me amas, pues sencillamente no te amo. Pero la Biblia dice: Maridos amen a sus esposas con amor sacrificial. El amor de un esposo a su esposa es sin condiciones. Cristo nos amó sin que nosotros lo merezcamos, de la misma manera, ame a su esposa aunque ella no le corresponda como usted piensa que debería hacerlo. Este es el concepto del amor sacrificial. Esto ciertamente destruye el concepto tan arraigado en muchos esposos, en cuanto a que el esposo es el macho, el que ordena y la esposa está en obligación de cumplir sus caprichos. La segunda característica del amor que un esposo debe tener a su esposa está en Efesios 5:26-27. La Biblia dice: para santificarla,  habiéndola purificado en el lavamiento del agua por la palabra,
Eph 5:27  a fin de presentársela a sí mismo,  una iglesia gloriosa,  que no tuviese mancha ni arruga ni cosa semejante,  sino que fuese santa y sin mancha.
Este amor es un amor santificador. Cuando una persona ama a alguien, la pureza de la persona amada es su interés supremo. Nadie ama y desea envilecer a quien ama. Cristo nos amó al punto de morir por nosotros y su sacrificio nos limpió de nuestro pecado. El matrimonio también implica purificación. El esposo apartó a su esposa del mundo para sí. El matrimonio junta a un hombre y a una mujer y los aparta el uno para el otro y en ese sentido los purifica. Si un esposo de veras ama a su esposa, hará todo lo que esté a su alcance para mantener a su esposa en santidad, en virtud y en pureza. Nunca hará nada que lleve a su esposa a pecar. ¿Cómo purificarla? Con la palabra de Dios. Es la palabra de Dios lo que les mantiene puros. El esposo tiene que enseñar a su esposa la palabra de Dios. La tercera característica del amor de un esposo a la esposas está en Efesios 5:28-30. La Biblia dice: Así también los maridos deben amar a sus mujeres como a sus mismos cuerpos.  El que ama a su mujer,  a sí mismo se ama.
Eph 5:29  Porque nadie aborreció jamás a su propia carne,  sino que la sustenta y la cuida,  como también Cristo a la iglesia,
Eph 5:30  porque somos miembros de su cuerpo,  de su carne y de sus huesos.
Este es un amor solícito. Empleamos mucho de nuestro tiempo cuidando nuestros cuerpos, ejercitándolo, alimentándolo, vistiéndolo y está bien, porque nuestros cuerpos son templo del Espíritu Santo. Pablo dice: Maridos, así como cuidan sus cuerpos cuiden también de sus esposas. Vemos otra vez que el amor no es una emoción. Cuando nuestros cuerpos tienen necesidades las satisfacemos. Nuestras esposas también tienen necesidades y nosotros los esposos somos los instrumentos de Dios para satisfacer esas necesidades. Cristo es nuevamente el ejemplo. Cristo sustenta y cuida a la iglesia. Los esposos deben sustentar y cuidar a sus esposas. La palabra “sustenta” significa alimentar o dar de comer con especial referencia a alimentar a un bebé para que pueda madurar. El esposo es el llamado a alimentar a su esposa para llevarla a la madurez espiritual. Cuidar da la idea de una ave sentada sobre su nido dando calor y seguridad a sus polluelos. Los esposos somos los llamados a proveer seguridad, un lugar confortable y sustento a la esposa. ¿Por qué? Porque somos miembros de su cuerpo, de su carne y de sus huesos. En otras palabras, somos lo que ella es. Somos uno con nuestras esposas y si no satisfacemos sus necesidades estamos cometiendo una especie de suicidio, un atentado contra nosotros mismos. Por último, la cuarta característica del amor que un esposo debe tener a su esposa está en Efesios 5:31-33. La Biblia dice: Por esto dejará el hombre a su padre y a su madre,  y se unirá a su mujer,  y los dos serán una sola carne.
Eph 5:32  Grande es este misterio;  mas yo digo esto respecto de Cristo y de la iglesia.
Eph 5:33  Por lo demás,  cada uno de vosotros ame también a su mujer como a sí mismo;  y la mujer respete a su marido.
Esto es un amor sempiterno. El matrimonio es una unión inquebrantable e indivisible. Pablo está diciendo que así como el cuerpo de Cristo es indivisible y no puede ser separado, el matrimonio también es una unidad indivisible, inseparable, porque el amor es sempiterno. Al terminar Pablo dice: Ya que el esposo y la esposa son uno, entonces el esposo ame a su esposa como si se estuviera amando a sí mismo. Cuando se da este tipo de amor, la esposa no se va a someter a su esposo por obligación, sino que lo hará con gusto, honrando a su esposo. Hemos visto las características del amor de un esposo a su esposa. Es un amor sacrificial, es un amor santificador, es un amor solícito y es un amor sempiterno. ¿Está amando de esta manera a su esposa? Mi oración es que así sea.

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