Saludos cordiales amable oyente. Es un gozo para mí compartir este tiempo con usted. Estamos estudiando el libro de Colosenses en la serie titulada: La supremacía de Cristo. Qué triste es ver a personas que no actúan conforme a lo que son. Hace algún tiempo atrás, un funcionario público de alto rango fue sorprendido con unos cuantos kilos de cocaína en su equipaje. La policía antidrogas lo detuvo y la noticia recorrió el mundo. El funcionario público llegó a ser motivo de vergüenza para su país. Este hombre no actuó conforme a la dignidad que ostentaba. En el plano espiritual también existen muchos que no están actuando conforme a la dignidad que ostentan delante de Dios. Todos los creyentes somos embajadores de un reino celestial. Se espera por tanto que actuemos conforme a la dignidad que ostentamos. En los primeros dos capítulos de Colosenses, el apóstol Pablo dejó bien en claro lo que es el creyente delante de Dios. En los capítulos 3 y 4 el apóstol Pablo va a hablar de lo que el creyente hace, es decir la manera como el creyente debe comportarse en razón de lo que es en Cristo. Veamos pues como de qué se trata.

Le invito a abrir su Biblia en el Libro de Colosenses, capítulo 3, versículos del 1 al 4. En este pasaje bíblico tenemos cinco realidades de nuestra unión con Cristo y dos responsabilidades de nuestra unión con Cristo. La primera realidad de nuestra unión con Cristo es que hemos muerto con Cristo. Colosenses 3:3 en su primera parte dice: “Porque habéis muerto…” La explicación completa de esta realidad la tenemos en Romanos 6 a 8. Cristo no sólo murió por nosotros, como nuestro sustituto, sino que también nosotros morimos con él, por nuestra identificación con él. Cristo no sólo murió por el pecado, soportando el castigo del mismo, sino que también murió al pecado privándolo de su poder. Todos y cada uno de los creyentes estamos en Cristo por la obra del Espíritu Santo y compartimos con él una unión vital e indisoluble. Todo esto significa que los creyentes tenemos el poder para vencer a nuestra vieja naturaleza que trata constantemente de controlarnos. La segunda realidad de nuestra unión con Cristo es que vivimos en Cristo. Colosenses 3:4 en su primera parte dice: “Cuando Cristo, vuestra vida…” Cristo es en realidad nuestra vida. La vida eterna no es solamente una esperanza de vida por la eternidad. La vida eterna es Jesucristo mismo morando en nosotros. 1 Juan 5:20 dice: Pero sabemos que el Hijo de Dios ha venido,  y nos ha dado entendimiento para conocer al que es verdadero;  y estamos en el verdadero,  en su Hijo Jesucristo.  Este es el verdadero Dios,  y la vida eterna.
Alguien con mucha razón ha dicho: La vida es aquello a lo cual respondemos. Pablo escribió en Filipenses 1:21: Porque para mí el vivir es Cristo,  y el morir es ganancia.
Cristo era la vida de Pablo y respondía con todo su ser a todo lo que tenga que ver con Cristo. Alguna vez oí esta corta historia. Se trataba de dos hermanas gemelas que se divertían a lo grande en fiestas y reuniones de no muy buena reputación. Un buen día, ambas escucharon el evangelio y recibieron a Cristo como su Salvador. Poco tiempo después de haber recibido a Cristo, recibieron una invitación por escrito para asistir a una de esas fiestas alocadas a las que solían asistir. En la comunicación de excusa, las jóvenes escribieron: Sentimos mucho informarles que no podemos asistir porque hace poco tiempo atrás, las dos morimos. Así es amigo oyente, los creyentes hemos muerto a todo el pecado que cometíamos antes de ser creyentes. La tercera realidad de nuestra unión con Cristo es que resucitamos con Cristo. Colosenses 3:1 en su primera parte dice: “Si, pues, habéis resucitado con Cristo…”
La resurrección con Cristo nos habla de un nuevo estilo de vida de los creyentes. Antes de morir con Cristo, respondíamos a todos los impulsos del mundo controlado por Satanás. Una vez que hemos muerto con Cristo, que hemos sido sepultados con Cristo, y que hemos resucitado con Cristo, ya no tenemos necesidad de seguir respondiendo a los impulsos del mundo. La cuarta realidad de nuestra unión con Cristo es que estamos escondidos en él. Colosenses 3:3 dice: “Porque habéis muerto, y vuestra vida está escondida con Cristo en Dios” El creyente no sólo no pertenece al mundo sino que está escondido en Cristo. Esto tiene algunas implicaciones. Estar escondido en Cristo significa seguridad y satisfacción. El gran comentarista bíblico Dr. A. T. Robertson dice al respecto: De manera que estamos en Cristo quien está en Dios, no hay ladrón, ni aun Satanás mismo que pueda separarnos del amor de Dios en Cristo Jesús. La vida cristiana es una vida escondida en lo que al mundo se refiere, porque el mundo no conoce a Cristo. Nuestra esfera de vida no es la tierra sino el cielo y todo lo que nos atrae y nos alienta debe provenir del cielo, no de la tierra. La quinta realidad de nuestra unión con Cristo es que somos glorificados con Cristo. Colosenses 3:4 dice: “Cuando Cristo, vuestra vida, se manifieste, entonces vosotros también seréis manifestados con él en gloria”
Cristo está por ahora sentado a la diestra del Padre, pero un día vendrá a llevar a su pueblo al hogar celestial. Cuando lo haga, entraremos a la gloria eterna con él. Cuando él sea revelado en su gloria, nosotros también seremos revelados en gloria. Según el apóstol Pablo, ya hemos sido glorificados. Lo que esperamos es simplemente que esta gloria sea manifestada. Cristo mismo nos ha dado ya su gloria. Juan 17:22 dice: La gloria que me diste,  yo les he dado,  para que sean uno,  así como nosotros somos uno.
Pero la plena revelación de esta gloria está aguardando la venida de nuestro Salvador. Estas son las realidades de nuestra unión con Cristo. ¿Qué tiene que ver esto con nuestra vida diaria aquí en este mundo? Pues, mucho. Veamos dos responsabilidades de todos los que estamos unidos con Cristo. La primera se encuentra en el versículo 1, en esa parte que dice: Buscad las cosas de arriba. Por medio de la muerte, sepultura, resurrección y ascensión de Cristo, nosotros hemos sido separados de la antigua manera de vivir en este mundo y hemos pasado a formar parte de una vida celestial, en las cosas de arriba. ¿Por qué entonces ponemos tanto empeño en las cosas de la tierra? Todo lo que edifiquemos en la tierra se extinguirá algún día, pero lo que edifiquemos en el cielo permanece para siempre. Mateo 6:19-21 dice: No os hagáis tesoros en la tierra,  donde la polilla y el orín corrompen,  y donde ladrones minan y hurtan;
Mat 6:20  sino haceos tesoros en el cielo,  donde ni la polilla ni el orín corrompen,  y donde ladrones no minan ni hurtan.
Mat 6:21  Porque donde esté vuestro tesoro,  allí estará también vuestro corazón.
¿Cómo lograr esto de buscar las cosas de arriba? Es aquí donde entra la segunda responsabilidad derivada de nuestra unión con Cristo. Colosenses 3:2 dice: Poned la mira en las cosas de arriba,  no en las de la tierra.
Esto significa que aunque nuestros pies estén en la tierra, nuestra mente debería estar en el cielo. Esto lleva a pensar que todos nuestros actos deben estar gobernados por los impulsos que provienen del cielo donde está Cristo sentado a la diestra de Dios. Significa también que debemos mirar todo lo que acontece a nuestro alrededor  desde el punto de vista del cielo. Al levantarnos en las mañanas deberíamos preguntarnos: ¿Qué voy a hacer hoy que tenga trascendencia eterna? Existen solamente dos cosas que podemos hacer en la tierra y que tienen trascendencia eterna. El conocimiento de la palabra de Dios y ganar almas para Cristo. Quizá usted dirá: Pero si me dedico solamente a estudiar la palabra de Dios y a testificar a los perdidos, ¿De qué voy a vivir? ¿De qué va a vivir mi familia? Bueno, poner la mira en las cosas de arriba significa que su trabajo no será un fin en sí mismo, sino solamente un medio para subsistir, porque el fin es conocer a Dios y guiar a los perdidos a Cristo. Un gran hombre de Dios era un exitoso dueño de una fábrica de zapatos. Un día, alguien le preguntó: ¿En qué trabaja? El dueño de la zapatería respondió: Trabajo sirviendo al Señor, y para ganarme la vida fabrico zapatos. Esto es lo que significa poner la mira en las cosas de arriba. Como hemos visto, tenemos una posición espiritual elevada delante de Dios. Actuemos de acuerdo a esa posición que tenemos. ¿Cómo? Pues buscando las cosas de arriba y poniendo nuestra mirada en las cosas de arriba. Que Dios nos ayude a todos a vivir esta verdad en la práctica.

Si te gustó comparte con tus amigos
Share on Facebook
Facebook
Tweet about this on Twitter
Twitter
Email this to someone
email