Que privilegio es para todos los que hacemos La Biblia Dice… Contar con su compañía en esta oportunidad. Si esta es la primera vez que nos sintoniza le contamos que estamos desarrollando un interesante estudio que se titula: “La obra de Jesucristo después de su ascensión, por medio del Espíritu Santo”. Quédese con nosotros y conozca que es lo que dios quiere que aprenda en esta oportunidad con respecto a este tema.

I. Introducción. Saludos y agradecimiento. Esta serie se llama: La obra de Jesucristo después de su ascenso, por medio del Espíritu Santo.
En nuestro último estudio bíblico, tratamos el ascenso del Señor Jesús a la gloria de su Padre y el anuncio que hicieron dos ángeles, en cuanto a la segunda venida del Señor Jesús. En esta oportunidad vamos a mirar qué es lo que pasó a continuación.
Si tiene una Biblia a la mano, ábrala en Hechos 1:12-14. Este pasaje bíblico tiene que ver con los preparativos para la venida del Espíritu Santo.

II. Lo primero que notamos es el retorno de los discípulos a Jerusalén. Hechos 1:12 dice: Entonces volvieron a Jerusalén desde el monte que se llama del Olivar, el cual está cerca de Jerusalén, camino de un día de reposo.
El Señor Jesús había ordenado a sus discípulos que no se fueran de Jerusalén, sino que esperasen la promesa del Padre, es decir el descenso del Espíritu Santo. En cumplimiento de esta orden los discípulos volvieron a Jerusalén desde el monte que se llama del Olivar. Era un corto trecho de unos 850 metros, lo cual era la distancia máxima que los rabinos permitían caminar en un día de reposo. Los discípulos estaban en Betania y a partir de ese lugar tenían que descender, cruzar el torrente de Cedrón y ascender la ladera hacia la ciudad de Jerusalén. ¿Cuál era la actitud de los discípulos del Señor Jesús, mientras caminaban hacia Jerusalén? Pues de eso nos habla Lucas 24:52, donde dice lo siguiente: Ellos, después de haberle adorado, volvieron a Jerusalén con gran gozo;
Lejos de sentirse tristes o apesadumbrados, los discípulos volvieron con gozo a Jerusalén. La expectativa de lo que iban a experimentar en cuestión de pocos días, les llenó de un gozo tan grande que mitigó la tristeza por la partida del Señor Jesús.

III. En segundo lugar, encontramos a los discípulos reunidos en Jerusalén. Observe lo que dice Hechos 1:13 Y entrados, subieron al aposento alto, donde moraban Pedro y Jacobo, Juan, Andrés, Felipe, Tomás, Bartolomé, Mateo, Jacobo hijo de Alfeo, Simón el Zelote y Judas hermano de Jacobo.
Los discípulos llegaron al aposento alto, tal vez el mismo aposento alto donde se celebró la última cena antes de que el Señor Jesús sea crucificado. El Espíritu Santo inspirando a Lucas, nos provee de los nombres de once de los doce apóstoles. Falta el nombre de Judas Iscariote, quien a raíz de su traición al Señor Jesús acabó con su vida suicidándose. Citar a los apóstoles por nombre, enfatiza el carácter único del apostolado. No cualquier creyente podía ser apóstol. Se trata de once y nadie más. Allí en el aposento alto había más de once discípulos, pero el número de los apóstoles se limitaba a once. Más tarde, fue necesario elegir un reemplazo para Judas Iscariote, sólo dos de los discípulos cumplían con los requisitos. Uno de ellos fue escogido y así se cerró el número de los 12 apóstoles. Más tarde, Pablo fue comisionado como apóstol directamente por el Señor Jesucristo y por tanto él también se incluye dentro de la lista privilegiada de apóstoles.

IV. En tercer lugar tenemos la actividad de los discípulos. Observe lo que dice Hechos 1:14. Todos éstos perseveraban unánimes en oración y ruego, con las mujeres, y con María la madre de Jesús, y con sus hermanos.
Los discípulos no desperdiciaban el tiempo mientras esperaban en Jerusalén. Lucas señala que absolutamente todos los discípulos perseveraban unánimes en oración y ruego. ¡Qué maravilloso! Esto fue la clave para los portentosos eventos que acontecieron a continuación. Cuando el pueblo de Dios persevera unánime en oración y ruego, Dios responde derramando bendiciones abundantes. Al orar entramos en contacto con el poder más asombroso que podamos imaginar. Alguien ha dicho muy bien que la oración es el músculo que hace mover el brazo de Dios. La oración es la palanca que permite quitar los obstáculos más formidables. La perseverancia en la oración y ruego fue el preludio de Pentecostés. La oración y la preocupación son mutuamente excluyentes. Por eso se afirma lo siguiente: Si vas a orar, ¿para qué preocuparte?, pero, si vas a preocuparte, ¿para qué orar?. Lucas es meticuloso para indicar que entre los discípulos se encontraban las mujeres, una referencia al grupo de mujeres que constantemente seguían a Jesús. Las mujeres jugaron un papel importante en el ministerio del Señor Jesús y en el ministerio de la iglesia. ¿Quién puede entonces afirmar que las mujeres no tienen lugar en la obra del Señor? Pero entre los presentes en el aposento alto estaban también algunas personas que pertenecían al círculo familiar del Señor Jesús. Lucas dice que también se encontraba María, la madre de Jesús. Permítame mencionar al menos algunas cosas a este respecto. Primero, esta es la última ocasión que a la madre de Jesús se la menciona por nombre en el Nuevo Testamento. Este silencio dice mucho en cuanto al papel que juega María dentro de la iglesia. Segundo, los discípulos en el aposento alto estaban orando con María la madre de Jesús, mas no orando a María, la madre de Jesús. Las oraciones jamás deben dirigirse a María, sino a Dios. María también estaba unánime en oración y ruego a Dios, esperando el cumplimiento de la promesa de la venida del Espíritu Santo. Tercero, a María se le llama la madre de Jesús, jamás la madre de Dios. Jesús es el nombre de nuestro Señor, en su humanidad. Como humano, Jesús nació de la virgen María y por tanto es de lo más legítimo que a ella se la llame: la madre de Jesús. Por supuesto que Jesucristo es totalmente Dios, pero es doctrinalmente incorrecto y hasta absurdo, pensar que Dios tiene una madre humana. Como Dios, él simplemente existe desde la eternidad. En cuanto a los hermanos de Jesús, se debe entender que se trata de los hijos que María la madre de Jesús tuvo con su esposo José, después de dar a luz a Jesús. Es decir que se trata de los medio hermanos de Jesús. Varios pasajes bíblicos refutan la idea sostenida por muchos en cuanto a que María, la madre de Jesús fue siempre virgen y que nunca tuvo más hijos además de Jesús. Note por ejemplo lo que dice Mateo 12:46 Mientras él aún hablaba a la gente, he aquí su madre y sus hermanos estaban afuera, y le
querían hablar.
El hecho que María la madre de Jesús haya tenido más hijos con su legítimo esposo José, de ninguna manera atenta contra la integridad de ella como mujer. De otra manera, tendríamos que pensar que es pecado que una mujer procree hijos legítimos con su esposo.

V. CONCLUSIÓN. La necesidad de perseverar unánimes en oración y ruego.