Con mucho gozo estamos nuevamente con Usted, amiga, amigo oyente. Bienvenida, bienvenido al estudio bíblico de hoy con David Logacho. Este será el último estudio bíblico dentro de esta serie titulada: La Vida Auténticamente Cristiana. Nos corresponde tratar el tema de los eventos futuros.

La vida cristiana es tan hermosa. Una de las muchas cosas hermosas es la seguridad en cuanto a quienes somos, de dónde venimos y hacia dónde vamos. El creyente genuino es el menos indicado para padecer una crisis de identidad.

Por ahora quisiera enfocar su atención hacia el futuro. El futuro es fuente de mucha incertidumbre y hasta temor para mucha gente. Más aún, cuando se lo mira a la luz de las cosas que están pasando en la actualidad.

La pobreza va en aumento constante, la corrupción va en aumento constante, la violencia va en aumento constante, las enfermedades por ahora incurables van afectando a más y más gente. La ciencia y la tecnología va en constante aumento, pero sus logros no están beneficiando a la gente. En muchos casos, los descubrimientos científicos se la están usando más bien para destruir a la gente. La inmoralidad ha llegado a niveles jamás soñados.

Al mirar todo esto, es inevitable la inquietud: ¿Qué nos deparará el futuro? ¿Cómo será el mundo que tengan que enfrentar nuestros hijos, o nuestros nietos? Más de uno pierde el sueño al pensar en estas cosas. Pero para los creyentes debería ser diferente. ¿Sabe por qué? Pues porque los creyentes podemos saber a ciencia cierta lo que sucederá en el futuro. Nuestro conocimiento anticipado de las cosas no llega al nivel de cuándo nos vamos a morir, o con quién nos vamos a casar, o qué país va a ganar la copa mundial de fútbol, porque eso es secundario en comparación de lo que espera al mundo en general.

La vida auténticamente cristiana se caracteriza por un conocimiento de lo que Dios ha determinado para la humanidad en general. Veamos pues de qué se trata. El evento más cercano es lo que se conoce como el arrebatamiento o el rapto. De esto nos habla 1ª Tesalonicenses 4:13-18 donde dice: “Tampoco queremos, hermanos, que ignoréis acerca de los que duermen, para que no os entristezcáis como los otros que no tienen esperanza. Porque si creemos que Jesús murió y resucitó, así también traerá Dios con Jesús a los que durmieron en él. Por lo cual os decimos esto en palabra del Señor: que nosotros que vivimos, que habremos quedado hasta la venida del Señor, no precederemos a los que durmieron. Porque el Señor mismo con voz de mando, con voz de arcángel, y con trompeta de Dios, descenderá del cielo; y los muertos en Cristo resucitarán primero. Luego nosotros los que vivimos, los que hayamos quedado, seremos arrebatados juntamente con ellos en las nubes para recibir al Señor en el aire, y así estaremos siempre con el Señor. Por tanto, alentaos los unos a los otros con estas palabras.”

En el arrebatamiento participarán todos los creyentes, tanto los que estén vivos cuando ello acontezca, como los que ya hayan muerto para cuando ello acontezca.

Los creyentes vivos serán transformados en un abrir y cerrar de ojos y los creyentes muertos serán resucitados y juntos serán levantados para encontrarse con el Señor en las nubes. A partir de ese momento, estarán para siempre con el Señor. Lo único que percibirá el mundo incrédulo es la súbita, y para ellos inexplicable, desaparición de millones de creyentes. La tierra quedará sin un solo creyente.

Entonces se iniciará en la tierra lo que se llama la Tribulación. Este es un tiempo de siete años de duración, en el cual Dios derramará su ira sobre el mundo, a través de los juicios de los sellos, las trompetas y las copas, con el propósito de purificar a su pueblo escogido, Israel, y rescatar un remanente y con el propósito de castigar a los incrédulos. Durante la tribulación, Dios levantará 144.000 judíos quienes proclamarán el mensaje del evangelio y un gran número de personas recibirán a Cristo como Salvador.

Estas personas sufrirán terrible persecución y muchos de ellos serán martirizados. Durante este tiempo se levantará también el Anticristo, un perverso ser, energizado por Satanás, quien se opondrá a Dios y a su pueblo escogido. Al mismo tiempo hará su aparición el Falso Profeta, quien impulsará adoración al Anticristo.

La tribulación llegará a su fin con lo que se conoce como la batalla de Armagedón, la máxima ofensiva militar liderada por el Anticristo en contra de Cristo. Esta batalla significará un duro revés para el Anticristo y sus ejércitos por cuanto Jesús en persona, se enfrentará con ellos en su segunda venida. Jesús glorificado destruirá el poder militar y el Anticristo y su aliado el Falso Profeta serán lanzados al lago de fuego.

Satanás por su lado será encadenado y encerrado en un abismo por mil años. Apocalipsis 20:1-3 dice: “Vi a un ángel que descendía del cielo, con la llave del abismo, y una gran cadena en la mano. Y prendió al dragón, la serpiente antigua, que es el diablo y Satanás, y lo ató por mil años; Y lo arrojó al abismo, y lo encerró, y puso su sello sobre él para que no engañase más a las naciones, hasta que fuesen cumplidos mil años; y después de esto debe ser desatado por un poco de tiempo.”

A raíz de la segunda venida de Cristo, tendrán lugar dos juicios importantes. El juicio a Israel y el juicio a las naciones.

El propósito de estos juicios es sacar del mundo a todos los incrédulos y dejar en el mundo a todos los creyentes, tanto de origen judío como de origen gentil. Es decir que al final de estos juicios en la tierra no quedará ni un solo incrédulo. Se habrán dado las condiciones para el establecimiento del reino milenial de Cristo.

Su reino será sobre la tierra y durará mil años. Jesucristo será el Rey de reyes y Señor de Señores. Tendrá su trono en Jerusalén, en donde será objeto de adoración por ser Dios.

La iglesia en su estado de glorificación reinará juntamente con Cristo durante el reino milenial. Los súbditos del reino serán todos aquellos que por haber depositado su fe en Cristo Jesús, no fueron sacados de la tierra al final de la tribulación, después de los juicios a Israel y a las naciones. Serán personas de carne y hueso.

Partiendo de estas personas comenzará a repoblarse la tierra, luego de haber sido diezmada durante la tribulación y los posteriores juicios. Los hijos de estos creyentes, vendrán al mundo en el estado de muerte espiritual, al igual que nosotros, de modo que para ser salvos tendrán necesidad de oír el mensaje del Evangelio y tendrán que depositar su fe en la obra perfecta de Cristo en la cruz del Calvario.

El reino milenial estará caracterizado por la abundancia, la santidad, la paz, el gozo, la ausencia de enfermedad, la muerte estará reservada solamente para aquellos que voluntariamente se rebelan contra el Señor. Será un reino idílico. No podría ser de otra manera porque Jesucristo estará gobernándolo.

Al final del reino milenial Satanás tendrá su última oportunidad para engañar a las naciones. Apocalipsis 20: 7-9 dice: “Cuando los mil años se cumplan, Satanás será suelto de su prisión, y saldrá a engañar a las naciones que están en los cuatro ángulos de la tierra, a Gog y a Magog, a fin de reunirlos para la batalla; el número de los cuales es como la arena del mar. Y subieron sobre la anchura de la tierra, y rodearon el campamento de los santos y la ciudad amada; y de Dios descendió fuego del cielo, y los consumió.”

Después de esto, Satanás no tendrá más ninguna oportunidad para engañar a las naciones. Apocalipsis 20:10 dice: “Y el diablo que los engañaba fue lanzado en el lago de fuego y azufre, donde estaba la bestia y el falso profeta; y serán atormentados día y noche por los siglos de los siglos.”

Así es como termina la carrera de este siniestro personaje. La tierra se habrá librado de todo vestigio de maldad. Acto seguido tendrá lugar lo que se llama el Juicio de Gran Trono Blanco. De esto nos habla Apocalipsis 20:11-15 donde dice: “Y vi un gran trono blanco y al que se estaba sentado en él, de delante del cual huyeron la tierra y el cielo, y ningún lugar se encontró para ellos. Y vi a los muertos, grandes y pequeños, de pie ante Dios; y los libros fueron abiertos, y otro libro fue abierto, el cual es el libro de la vida; y fueron juzgados los muertos por las cosas que estaban escritas en los libros, según sus obras. Y el mar entregó los muertos que había en él; y la muerte y el Hades entregaron los muertos que había en ellos; y fueron juzgados cada uno según sus obras. Y la muerte y el Hades fueron lanzados al lago de fuego. Esta es la muerte segunda. Y el que no se halló inscrito en el libro de la vida fue lanzado al lago de fuego.”

Lo único que resta entonces es la creación de un nuevo cielo y una nueva tierra. De esto nos habla Apocalipsis 21:1 donde dice: “Vi un cielo nuevo y una tierra nueva; porque el primer cielo y la primera tierra pasaron, y el mar ya no existía más”

El primer cielo y la primera tierra, serán quemados. 2ª Pedro 3:11-13 dice: “Puesto que todas estas cosas han de ser deshechas, ¡cómo no debéis vosotros andar en santa y piadosa manera de vivir, esperando y apresurándoos para la venida del día de Dios, en el cual los cielos, encendiéndose, serán deshechos, y los elementos siendo quemados, se fundirán! Pero nosotros esperamos, según sus promesas, cielos nuevos y tierra nueva, en los cuales mora la justicia.”

De esta manera se habrá consumado el plan de Dios para su creación. La vida auténticamente cristiana se caracteriza por una cabal comprensión de lo que Dios ha establecido para la humanidad. Saber y entender lo que Dios tiene planificado disipa las dudas y el temor y trae confianza al corazón.

Todo lo que está sucediendo hoy mismo, indica que lo que Dios ha anunciado está por cumplirse. Lejos de alarmarnos, los hijos de Dios, decimos como Juan el Apóstol: “Amén; sí, ven, Señor Jesús.”

 

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