Hola, mi amiga, mi amigo. Soy David Araya dándole la bienvenida al estudio bíblico de hoy. Seguimos estudiando el Evangelio según Mateo, en la serie que lleva por título: Jesucristo, Rey de reyes y Señor de señores. Una de las cosas más importantes que hizo Jesús fue comisionar a doce discípulos para que prediquen el evangelio a los judíos. Sobre esto nos hablará David Logacho en el estudio bíblico de hoy.

Qué bendición es estar nuevamente junto a usted amable oyente. Algo que llama poderosamente la atención en cuanto al ministerio de Jesús es su disposición de involucrar a personas en la obra. Jesús sabía que no iba a estar para siempre en forma física en el mundo y sabía que cuando él se vaya, va a ser necesario que personas continúen la obra que él había comenzado. Por esta razón llamó, capacitó y envió a sus discípulos a hacer la obra de anunciar el evangelio entre los judíos primeramente. Sobre esto trata el pasaje bíblico que tenemos para nuestro estudio de hoy. Se encuentra en Mateo 9:36 a Mateo 10:42. Es un pasaje bíblico bastante extenso que gira alrededor de la comisión. Allí encontramos la motivación para la comisión, la oración por la comisión, la autoridad de los comisionados, la lista de los comisionados y las instrucciones de los comisionados. En esta ocasión trataremos los cuatro primeros puntos. Vayamos pues al primero. La motivación para la comisión. Permítame leer el pasaje bíblico que se encuentra en Mateo 9:36. La Biblia dice: Y al ver las multitudes, tuvo compasión de ellas; porque estaban desamparadas y dispersas como ovejas que no tienen pastor.
De quien habla este texto es de Jesús. A pesar de sus instrucciones en el sentido que no se publicite sus obras milagrosas, la fama de Jesús había crecido como espuma. Grandes multitudes le seguían por dondequiera que iba. Lejos de sentirse con su ego inflado por la gente que le seguía y ciertamente lejos de mirar a las multitudes para aprovecharse de ellas, dice Mateo en su relato, que Jesús tuvo compasión de las multitudes. Esta es una reacción muy humana de Jesús. No debemos olvidar que Jesús es 100% hombre y a la vez 100% Dios. La compasión de Jesús tuvo sus raíces en el hecho que Jesús vio a las multitudes como ovejas que no tienen pastor. La figura de ovejas que no tienen pastor era muy conocida en el Antiguo Testamento y se utilizaba para describir un pueblo en profunda crisis en todo sentido, en lo espiritual, en lo social, en lo económico, en lo moral y en lo intelectual. El pecado y la indolencia de los que debían guiar al pueblo hacia la justicia y la santidad, se habían sumado para que todo el pueblo de Israel llegue a ser como ovejas que no tienen pastor. Este es un cuadro vívido del mundo en general en la actualidad. Está en una profunda crisis en todo sentido. La gran pregunta sería: ¿Tenemos nosotros una compasión semejante a la que experimentó Jesús cuando vio a las multitudes como ovejas que no tiene pastor? Si la respuesta es afirmativa, eso nos debería impulsar a la oración y a la acción, tal cual como lo hizo Jesús. Tenemos entonces la oración en la comisión. Voy a leer Mateo 9:37-38. La Biblia dice: Entonces dijo a sus discípulos: A la verdad la mies es mucha, mas los obreros pocos. Rogad, pues, al Señor de la mies, que envíe obreros a su mies.
Está bien experimentar emociones fuertes en cuanto a la obra del Señor, pero está mal quedarse solo allí. Jesús no lo hizo. Al ver a las multitudes como ovejas que no tienen pastor, Jesús tuvo compasión de las multitudes e inmediatamente después habló con sus discípulos y les dijo: A la verdad, la mies es mucha, mas los obreros pocos. La mies se refiere a la obra de cosechar almas para la salvación. Esta es una obra descomunal y la triste realidad es que pocos son los obreros que están listos para ocuparse en esta obra. Esta situación demanda ayuda divina. Por eso es que Jesús pide a sus discípulos que en oración rueguen al Señor de la mies, que envíe obreros a la mies. Algo digno de notarse es que los que estaban orando al Señor de la mies, que envíe obreros a la mies, eran los que casi inmediatamente después fueron enviados a la mies. No tiene sentido el orar al Señor de la mies que envíe obreros a la mies cuando nosotros mismos no estamos dispuestos a ir a la mies. La obra del Señor es tan delicada que no se la puede realizar sobre la base del puro esfuerzo, o la sabiduría humana. Por eso es indispensable la oración. Después de haber orado, Jesús, el Señor de la mies, llama y envía a sus doce discípulos. En tercer lugar, consideremos la autoridad de los comisionados. Permítame leer Mateo 10:1. La Biblia dice: Entonces llamando a sus doce discípulos, les dio autoridad sobre los espíritus inmundos, para que los echasen fuera, y para sanar toda enfermedad y toda dolencia.
Bien se afirma que la obra de Dios hecha a la manera de Dios y en el tiempo de Dios siempre contará con los recursos de Dios. Esto es lo que esencia encontramos en Mateo 10:1. Llamando Jesús a sus doce discípulos, les entrega los recursos o las herramientas para realizar la obra en la mies del Señor. Cuando este texto habla de discípulos se está refiriendo a personas que estaban en proceso de aprender a vivir como su maestro. Los recursos o las herramientas que Jesús dio a sus doce discípulos fue autoridad sobre los espíritus inmundos, o demonios, para que los echasen fuera y autoridad para sanar toda enfermedad y toda dolencia. Con esto, Jesús estaba ratificando que él es el Cristo o el Mesías de Israel. Su poder y autoridad sobre Satanás y sus demonios, y sobre toda enfermedad y toda dolencia, eran sus credenciales que le acreditaban como el Cristo, o como el Mesías, o como el Rey de Israel. La obra que estaban por hacer sus discípulos, en cuanto a manifestar las señales sobrenaturales de los apóstoles, era un anticipo de lo que iba a ser una característica permanente cuando se establezca el reino de los cielos en la tierra, teniendo a Jesús como Rey. Teniendo a Satanás y sus demonios fuera del panorama, y con la eliminación de toda enfermedad y toda dolencia, el mundo en el reino milenial será un paraíso en la tierra. La autoridad y poder que Jesús otorgó a sus doce discípulos era un mensaje sin palabras de que ellos eran auténticos mensajeros de aquel reino que los profetas del Antiguo Testamento anunciaron de antemano. Finalmente por hoy, consideremos la lista de los doce discípulos que fueron comisionados. Voy a leer el pasaje bíblico que se encuentra en Mateo 10:2-4. La Biblia dice: Los nombres de los doce apóstoles son estos: primero Simón, llamado Pedro, y Andrés su hermano; Jacobo hijo de Zebedeo, y Juan su hermano; Felipe, Bartolomé, Tomás, Mateo el publicano, Jacobo hijo de Alfeo, Lebeo, por sobrenombre Tadeo, Simón el cananista, y Judas Iscariote, el que también le entregó.
Estos doce nombres, siempre aparecen en este orden en los Evangelios de Marcos y Lucas y en el libro de los Hechos. Pedro siempre aparece en primer lugar. La lista contiene tres grupos de cuatro nombres. Los tres subgrupos aparecen siempre en el mismo orden y el primer nombre en cada subgrupo siempre es el mismo. Judas Iscariote siempre aparece al último. Pedro, Andrés, Jacobo y Juan, el primer subgrupo de cuatro, son los más conocidos. Estos dos pares de apóstoles eran originalmente pescadores y formaban el círculo íntimo de Jesús. Digno de notar es el cambio de nombre para los doce discípulos. Ya no son sólo discípulos sino apóstoles. Un apóstol es uno que ha sido enviado por otro con una comisión especial. Se dice también que un apóstol es alguien que ha sido enviado y va con la autoridad de quien le envía. En nuestro caso, Jesús es quien envía y sus doce discípulos una vez enviados y con la autoridad de quien les envía, son los apóstoles. El requisito fundamental para ser un apóstol de Jesucristo es haber sido testigo ocular de la resurrección de Jesucristo. Esto debería ser tomado en cuanta por los que en la actualidad se atribuyen para ellos mismos el título de apóstoles de Jesucristo. Veamos un poco más de cerca la lista de los apóstoles. El primero es Simón, también llamado Pedro. Era un hombre impetuoso, de corazón generoso, hombre apasionado. Tenía madera de líder. Andrés, hermano de Pedro, quien originalmente era un discípulo de Juan el Bautista, pero cuando conoció a Jesús, dejó a Juan el Bautista y siguió a Jesús. Posteriormente, Andrés invitó a Pedro para que conozca a Jesús. Andrés era la persona que siempre estaba trayendo gente a Jesús. En cuanto a Jacobo, era hijo de Zebedeo. Fue el primer mártir de los apóstoles. Murió martirizado en manos de Herodes. Juan era hermano de Jacobo, también hijo de Zebedeo. Es el discípulo a quien amaba Jesús. A Juan debemos el cuarto Evangelio, tres Epístolas y Apocalipsis. Felipe era natural de Betsaida. Fue él quien trajo a Natanael a Jesús. No se debe confundir a este Felipe con otro Felipe conocido como el Evangelista en el libro de Hechos. Bartolomé, algunos piensan que en realidad se trata de Natanael, el Israelita de quien Jesús dijo: He aquí un verdadero israelita, en quien no hay engaño. Tomás, también llamado Dídimo, nombre que significa: gemelo o mellizo. Fue él quien dudó que Jesús había resucitado, pero esta duda fue el origen de una majestuosa confesión de su parte cuando dijo a Jesús resucitado: ¡Señor mío, y Dios mío! Mateo era publicano, o recolector de impuestos, escritor del Evangelio que estamos estudiando. Jacobo, hijo de Alfeo. Muy poco se conoce sobre él. Lebeo que tenía por sobrenombre Tadeo. También se le conoce como Judas, hermano de Jacobo, según Lucas 6:16. Su única intervención aparece en Juan 14:22 cuando pregunta al Señor: ¿cómo es que te manifestarás a nosotros, y no al mundo? Luego, Simón el cananista, o cananeo en otras traducciones del Nuevo Testamento, a quien se le llamaba Zelote, según Lucas. Los Zelotes formaban un partido que estaba decidido a derrocar la dominación romana en Palestina. Por último Judas Iscariote, quien traicionó a Jesús. Hasta donde se puede indagar, estos apóstoles deben haber tenido alrededor de los veinte años. Todos ellos eran gente común y corriente, inclusive, menos que corriente, bajo los criterios de su época, pero cuando dejaron todo y siguieron a Jesús, sus vidas fueron transformadas poderosamente e hicieron cosas grandiosas para la gloria de Dios. La clave de su éxito no radicaba en lo que ellos eran sino en quien estaba con ellos, Jesucristo, el Rey de reyes y Señor de señores.