Gracias por estar nuevamente con nosotros, es un privilegio contar con su sintonía, hoy continuaremos con el interesante tema que está desarrollando nuestro hermano David Logacho, “La obra de Jesucristo después de su ascensión, por medio del Espíritu Santo”, tenga su Biblia a mano y acompáñenos a conocer que es lo que dios nos quiere decir acerca de esto.

I. Introducción. Saludos y bienvenida. Estudio de Hechos en la serie titulada: La obra de Jesucristo después de su ascensión, realizada por medio del Espíritu Santo. Mientras los creyentes que fueron dispersados saturaban Judea y Samaria con el evangelio de Cristo, según el relato en Hechos 8, Dios estaba preparando su instrumento para llevar el evangelio de Cristo hasta lo último de la tierra. Sobre esto trata justamente el capítulo 9 de Hechos. El instrumento escogido por Dios se llamó Saulo. En nuestro estudio bíblico de hoy vamos a estudiar los detalles de su conversión. Si tiene una Biblia a la mano, ábrala en Hechos 9 a partir del versículo 1.

II. Lo primero que se nos presenta es a Saulo desafiando al Señor. Hechos 9:1-2 dice: Saulo, respirando aún amenazas y muerte contra los discípulos del Señor, vino al sumo sacerdote, y le pidió cartas para las sinagogas de Damasco, a fin de que si hallase algunos hombres o mujeres de este Camino, los trajese presos a Jerusalén.
Saulo, es la forma griega del nombre hebreo Saúl, el nombre del primer rey de Israel. Saulo era de la tribu de Benjamín, igual que el rey Saúl, aunque Saulo también poseía la ciudadanía romana. Saulo nació por la misma época que nació Jesús, pero en Tarso, ciudad importante de la provincia romana de Cilicia, localizada en Asia menor, en lo que hoy es Turquía. Saulo pasó la mayor parte de su niñez y juventud en Jerusalén como discípulo distinguido de un famoso rabí llamado Gamaliel. Así como su padre, Saulo fue un connotado fariseo, un fariseo de fariseos según su propio testimonio. Dentro del judaísmo, Saulo se distinguió por su feroz persecución a la naciente iglesia cristiana en Jerusalén. Saulo jugó un papel importante en el martirio de Esteban, cuando consintió en su muerte y los testigos pusieron sus ropas a sus pies. Tal era su celo por el judaísmo, que Saulo asolaba a la iglesia y entrando casa por casa, arrastraba a hombres y a mujeres y los entregaba en la cárcel. Deben haber pasado entre tres a cuatro años desde que nació la iglesia de Cristo, hasta que Saulo, respirando aún amenazas y muerte contra los discípulos del Señor Jesucristo, solicitó audiencia con el sumo sacerdote y cuando le fue concedida pidió cartas, para presentarse en las sinagogas en Damasco y con la autorización del sumo sacerdote arrestar a hombres o mujeres que se hubieren adherido al cristianismo, para llevarlos presos a Jerusalén. Varias cosas para comentar en esta porción bíblica. Note como el sumo sacerdote, seguramente Caifás, a pesar de todas las oportunidades que tuvo para reconocer su error y arrepentirse, persistió en su rechazo a Jesús y a sus discípulos. Así de duro puede llegar a ser el corazón del hombre. Por otro lado, a esas alturas de la vida de la iglesia de Cristo, el mensaje del evangelio había llegado ya a Damasco, una antigua ciudad, la capital de Siria, localizada 100 Km. tierra adentro del mar Mediterráneo y a unos 250 Km. al nor este de Jerusalén. La iglesia cristiana no tenía sino de tres a cuatro años de existencia pero ya había llegado a lugares tan distantes como Damasco. Allí en Damasco había muchos judíos y por ende muchas sinagogas. Para ese entonces, los creyentes de Damasco se reunían en las sinagogas. Muchos de los creyentes judíos en Damasco deben haber sido los que huyeron de Jerusalén a raíz de la persecución. Otro dato por demás interesante es el término que se usa para hablar del cristianismo. Dice que es el Camino. Esta descripción del cristianismo se deriva de la descripción que el Señor Jesús hizo de sí mismo, cuando según Juan 14:6 dijo que Él era el camino, la verdad y la vida. Esta descripción para el cristianismo es muy apropiada por cuanto Cristo es el único camino al Padre, al cielo, a la vida eterna, es decir a todo lo que verdaderamente importa en la vida. Si Usted amigo oyente, ha recibido al Señor Jesucristo como Salvador, está en el Camino, pero si todavía no lo ha hecho, está fuera del Camino, y su fin es la condenación eterna. En segundo lugar tenemos a Saulo humillado por el Señor. Hechos 9:3-5 dice: Mas yendo por el camino, aconteció que al llegar cerca de Damasco, repentinamente le rodeó un resplandor de luz del cielo; y cayendo en tierra, oyó una voz que le decía: Saulo, Saulo, ¿por qué me persigues? El dijo: ¿Quién eres, Señor? Y le dijo: Yo soy Jesús, a quien tú persigues; dura cosa te es dar coces contra el aguijón.
Esta experiencia de Saulo lo marcó para siempre. Cada vez que tuvo que dar su testimonio a personas importantes, Saulo se refirió a este hecho. Sucede que mientras Saulo se acercaba a Damasco con la firme intención de apresar a los creyentes, de pronto, repentinamente le rodeó lo que según él era un resplandor de luz del cielo. Esto es una referencia a la nube de gloria que rodea a la persona de Dios, lo que en la tradición judía se conocía como la Shekina. No es extraño por tanto que en el instante siguiente, Saulo se encuentre yaciendo cuan largo es en tierra. Nadie que se ha atrevido a desafiar al Señor, se ha mantenido en pie por mucho tiempo. Tarde o temprano tendrá que caer a la tierra. Tal vez mientras Saulo trataba de hallar una explicación a lo sucedido, oyó una voz que le decía: Saulo, Saulo, ¿por qué me persigues? Saulo debe al menos haber intuido que se trataba del Señor, por eso, lo único que pudo decir es: ¿Quién eres Señor? Al usar la palabra Señor, Saulo está dando a entender que la única explicación posible a lo que le acaba de pasar tenía que ver con la intervención de Jehová, el Dios de Israel, el Señor. Pero más sorprendido aún debe haber quedado Saulo cuando oyó la respuesta a su pregunta. Yo soy Jesús, a quien tú persigues; dura cosa te es dar coces contra el aguijón. No olvide que Saulo tenía el peor de los conceptos en cuanto a Jesús. Al igual que los líderes de Israel, los principales sacerdotes, los ancianos y mucha gente común y corriente, Saulo estaba convencido que Jesús no era sino un mero impostor, uno que había engañado a mucha gente haciéndose pasar por el Mesías de Israel. Muchos de ellos inclusive estaban convencidos que Jesús fue hijo de una judía que quien fue violada por un soldado romano. Además, todas estas personas sabían a ciencia cierta que Jesús murió crucificado y que su cuerpo fue sepultado en una tumba bien resguardada por una guardia romana. Saulo estaba absolutamente convencido de todo esto y por eso es que con extrema crueldad perseguía a todos los que manifestaban adhesión a Jesús. Saulo debe haber estado sorprendido al menos por tres cosas. La primera y más importante, el Jesús que él consideraba muerto, estaba vivo, tal cual como afirmaban los seguidores de él. Qué golpe debe haber causado esto en la mente de Saulo. La segunda, el Jesús que tanto despreciaba Saulo, era nada más y nada menos que el Señor, el Jehová a quien tanto él veneraba. La shekina, o el resplandor de luz del cielo que rodeaba a Jesús, lo confirmaba. Saulo debe haber estado estupefacto. La tercera, Saulo había estado persiguiendo, sin saberlo, al mismo Señor, a Jehová, al Mesías de Israel. En esto podemos notar la unión indivisible que existe entre los que creemos en Jesús y Jesús. Somos uno en todo sentido, al punto que lo que experimenta un creyente, lo experimenta el mismo Jesús. Saulo asolaba la iglesia, a los creyentes, y al hacerlo, en el fondo estaba asolando a Jesús. Saulo persiguió a los creyentes, y al hacerlo, en el fondo estaba persiguiendo a Jesús. Cuidado amable oyente, con la manera como trata a un creyente. Recuerde que todo lo que hace al creyente es como si lo estuviera haciendo al mismo Señor Jesús. El Señor Jesús terminó su respuesta a Saulo con esas penetrantes palabras: Dura cosa te es dar coces contra el aguijón. Dar coces, literalmente significa el sacudimiento violento que hacen las bestias con alguna de sus patas o el golpe que dan con este movimiento. En un sentido figurado significa el golpe que da una persona moviendo el pie con violencia hacia atrás. La palabra griega que se ha traducido como aguijón, denota la vara que termina en una punta aguda y que se usa para arrear el ganado. Dar coces contra el aguijón, significa por tanto obstinarse en resistir a una potestad superior. Eso es justamente lo que estaba haciendo Saulo al asolar o perseguir a la iglesia. Sin saberlo, Saulo se estaba haciendo un terrible daño a sí mismo. En nuestro próximo estudio bíblico, vamos a ver lo que sucedió a continuación. Mientras tanto, si Usted está, tal vez por ignorancia, rechazando a Jesús, está como Saulo dando coces contra el aguijón. El único que sale perdiendo es Usted mismo. Recapacite, no siga dando coces contra el aguijón. Hoy mismo reciba a Cristo como su personal Salvador. No espere que tenga que caer a la tierra para hacerlo. Que el Señor le guíe a tomar esta decisión importante.